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| 9/11/2005 12:00:00 AM

Katrina "blues"

Aunque la ciudad que vio nacer el 'jazz' sigue sumergida, el espíritu de Nueva Orleans se mantiene en pie. Homenaje a los pioneros del 'blues', el 'jazz' y el 'rock' n roll'.

Katrina "blues" Katrina "blues"
El jazz está triste. Pero también están tristes el blues, el negro spiritual, el gospel, el rhythm n blues, el rock' n roll, el corazón mismo de la cultura de Estados Unidos, de la cultura universal del siglo XX. Bajo las aguas que aún consumen gran parte de la ciudad de Nueva Orleans está la memoria de la gran epopeya de la música negra. Porque fue allí donde tomó forma definitiva el largo proceso que transformó el sufrimiento y la pasión de los esclavos negros por el ritmo y la espiritualidad en el más importante movimiento cultural del siglo XX, que cobija a 'Duke' Ellington, Louis Armstrong, Miles Davis, John Coltrane, pero también el sonido de George Gershwin, del mambo, de la orquesta de Lucho Bermúdez, del ska y del reggae, de Stravinski, de Bartok...

Nueva Orleans no sólo fue el punto de encuentro de todo lo que se gestó en la zona del delta del Mississippi. También fue en Nueva Orleans donde toda esa amalgama que comenzaba a recibir el nombre de jazz zarpó río arriba por el Mississippi con destino a los estudios de grabación, los cabarets y las salas de concierto de St. Louis, Kansas City, Chicago, de la Costa Oeste, de Nueva York... y de allí al resto del mundo.

De África los negros trajeron su innato sentido del ritmo y lo volvieron canción de trabajo que los ayudaba a soportar mejor las condiciones inclementes de las plantaciones de algodón. Un líder entonaba una frase, el resto respondía en coro. Eran cantos improvisados, mitad protesta, mitad plegaria. Así nacieron las semillas del blues y el negro spiritual, cuya alma son voces desgarradoras y melodías conmovedoras. Al comienzo eran frases sencillas, pues poco o nada conocían ellos del idioma de sus amos. Pero poco a poco adquirió fuerza y vigor. Así nacieron las letras de los blues. Al credo cristiano le agregaron su milenaria pasión por la fiesta y la celebración. Así, a los himnos de origen luterano y calvinista muy pronto les agregaron acompañamientos con las palmas de las manos y movimientos de baile.

En 1865, el norte derrotó al sur y muchos de los antiguos esclavos, ahora libres, llegaron a Nueva Orleans. Allí encontraron la sofisticación de una ciudad culta y aristocrática que mantenía vigente su influencia caribeña, española y francesa. Los negros entraron en un ambiente cosmopolita y tolerante, pues allí se había dado un mestizaje poco común en el proceso de formación de Estados Unidos. Ellos, que habían cantado acompañados por baldes, huesos, calabazas y tablas para lavar ropa, entraron en contacto con nuevos instrumentos como el piano, los cobres y las percusiones de las bandas de guerra. A pesar de su total desconocimiento de la teoría musical, tras un paciente proceso de aprendizaje lograron convertir aquellos instrumentos en extensiones de su voz. Además, en Nueva Orleans también había espacio para la música llamada clásica de cámara, sinfónica y ópera. Además, por ser un puerto, recibía continuamente el influjo de canciones y danzas populares de Europa y el Caribe. Su espectro rítmico y armónico se ampliaba más y más.

En las largas procesiones de las ceremonias fúnebres se hicieron cada vez más frecuentes las bandas de música, que camino al cementerio interpretaban piezas lentas y tristes, en el espíritu del blues, y que al regreso del cementerio cambiaban su repertorio por ragtimes y piezas animadas. Dicho de otra manera, música improvisada, con mucho swing, que es el alma misma del jazz. De allí al nacimiento de las primeras bandas de jazz (que entonces no tenía aquel nombre), no hubo sino un paso. En 1899, el alcalde Joseph Story declaró que sólo se podría ejercer la prostitución en una zona determinada de la ciudad, que recibió el nombre de Storyville. Fue allí, en ese ambiente de bares, salas de baile y lupanares, donde se reunieron varios de los pioneros de lo que se conocería como jazz. Nombres de leyenda, como el del trompetista Charles 'Buddy' Bolden quien, al frente de su banda, fue uno de los primeros en darle vía libre a la improvisación. Pero también estaban en escena King Oliver (corneta), Johnny Dodds y Jimmie Noone (clarinetistas), el gran saxofonista Sydney Beckett, el pianista Joseph Ferdinand La Menthe, más conocido como 'Jelly Roll' Morton... y a la sombra de todos ellos, el gran trompetista Louis Armstrong, 'Satchmo', símbolo por excelencia de Nueva Orleans y del jazz.

El primer disco oficial de jazz lo grabó en 1917 una banda de músicos blancos de Nueva Orleans, la Original Dixieland Jass Band (la palabra no había adquirido aún su par de zetas), que grabó en Nueva York Livery stable blues, tema que ayudó a difundir el género entre la población blanca. El 12 de noviembre de aquel año, el Ministerio de Marina de Estados Unidos dio la orden de cerrar el barrio de Storyville (donde pasaban horas enteras los marinos y soldados antes de zarpar a Europa rumbo a los campos de batalla) y, dice la leyenda, ese día el jazz inició su diáspora río arriba.

En los vapores del Missisippi tocaban las orquestas, y estás fueron acomodándose en ciudades cada vez más al norte. Louis Armstrong y King Oliver llegaron a Chicago, donde los estudios de grabación atraían a músicos de diversos puntos de Estados Unidos. El blues también encontró nuevos sonidos en las ciudades industriales del norte. Así nació el rhytm'n blues, piedra angular del rock and roll.

Nueva Orleans no dejó de ser una de las capitales del jazz. Como tampoco de nuevas manifestaciones. De hecho, 'Fats' Domino, intérprete de rhythm n blues y a quien muchos críticos consideran como el verdadero inventor del rock' n roll en 1952 (dos años antes de Elvis Presley), nació en Nueva Orleans y estuvo a punto de morir allí durante el embate del huracán 'Katrina'.

El mundo está triste. Pero no de luto. Porque mientras en cualquier rincón del mundo se pueda escuchar un solo de trompeta, de saxofón o de vibráfono, el espíritu de Nueva Orleans estará tan vivo como lo ha estado desde los tiempos de Beckett, Oliver, Jelly Roll y Satchmo.

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