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| 12/23/2016 12:00:00 AM

La La Land, por Manuel Kalmanovitz G.

La segunda película de Damien Chazelle le hace un homenaje al género del musical, revitalizándolo de la mano de Emma Stone y Ryan Gosling. ***½

Manuel Kalmanovitz G.: La La Land Con esta película, el director Damien Chazelle se confirma como uno de los nuevos talentos del cine. Ya había sido muy elogiado con ‘Whiplash’.

País: Estados Unidos

Año: 2016

Director: Damien Chazelle

Guion: Damien Chazelle

Actores: Emma Stone y Ryan Gosling

Duración: 128 min

Para quienes disfrutamos los musicales y su extraña irrealidad –que no lo es tanto– La La Land ofrece un recordatorio de sus placeres. Para quienes consideren que los musicales no tienen ningún sentido, que la gente nunca –¡nunca!– se pone a cantar en medio de sus actividades y que eso los invalida por completo, quizás ver este homenaje dirigido por Damien Chazelle (Whiplash) les permita reconsiderar.

Porque el argumento a favor de los musicales presente acá es amorosamente cinéfilo, a partir de una conexión más emocional que intelectual con la historia del cine. Entre otros, hay guiños a las películas de Fred Astaire y Ginger Rogers –con sus flirteos y retos musicales y bailables–, a los musicales tempranos de Busby Berkeley –con sus coreografías geométricas– y a los tardíos, como Cantando bajo la lluvia –con sus críticas certeras aunque dulces a la superficialidad del Hollywood que los hacía posibles–; pero son citas que logran ser más que un compendio enciclopédico gracias a la presencia de Emma Stone y Ryan Gosling, que combinan mágicamente su carisma con chispazos de ridiculez.

Así, en un momento vemos a Emma Stone bailando desencajada ante un grupo de new wave o a Gosling fallando cómicamente al intentar mantener su integridad artística; es como si la película supiera que la seriedad de su argumento a favor de los musicales solo puede transmitirse con una cuidada ligereza.

A otro nivel, se trata de un filme idealista sobre la integridad y las posibilidades que siguen teniendo esas formas artísticas complejas desarrolladas en Estados Unidos en el siglo pasado (el jazz, los mismos musicales), que en el presente no pueden resonar como antes –por no decir que son, simplemente, anacrónicas–.

Los dos personajes centrales son Sebastian (Ryan Gosling), un pianista que se ve obligado a tocar villancicos desabridos para sobrevivir mientras sueña con abrir un club de jazz, y Mia (Emma Stone), una aspirante a actriz que se presenta a audiciones para series de televisión derivativas y trabaja en una cafetería al interior de los estudios Warner Brothers.

A pesar de existir en una ciudad superficial (“la gente acá adora todo y no valora nada”, dice Sebastian), la película aboga por la riqueza interior que puede ver un sentido y una vocación en los ambientes más inhóspitos y también por los encuentros que permiten a esas inquietudes individuales ir más allá.

Chazelle usa la fantasía de los musicales para retratar el encuentro romántico entre sus dos protagonistas como un evento extraordinario que hace estallar la monotonía aparente de su realidad, con una combinación agridulce de alegría, ansiedad e incertidumbre.

Pero es una película que también tiene una melancolía profunda camuflada detrás de tanto colorido, del brillo de los números musicales, de las estrellas radiantes; es la melancolía de una terquedad magnífica que se niega a aceptar así nada más una época que exige darle sepultura a todo lo que se atesora. n

CARTELERA

Animales nocturnos ***

La segunda película de Tom Ford como director es un ejercicio elegante que flirtea con clichés melodramáticos.

Kóblic **½

Cinta argentina situada en la época de la dictadura sobre un piloto militar que intenta recomenzar su vida en un pueblo aislado.

Después del amor ***

Drama belga que detalla, de forma opresiva, los conflictos de una pareja a punto de separarse.

Animales fantásticos y dónde encontrarlos ***

Película imaginativa y escapista ubicada en el mundo de Harry Potter, aunque en los años treinta.

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