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“Al único instrumento que le puse amor fue al llamador”, Rafael Rodríguez, integrante de Los Gaiteros de San Jacinto

En el Festival de Gaitas se rindió homenaje a uno de los miembros más antiguos del grupo folclórico.


En la versión número 31 del Festival Autóctonos de Gaitas de San Jacinto, Bolívar, realizado el fin de semana pasado del 11 al 14 de agosto, se rindió homenaje a uno de los miembros más antiguos del grupo folclórico Los Gaiteros de San Jacinto, Rafael Rodríguez.

Rafael Rodríguez por muchos años en el grupo era quien tocaba el tambor llamador. SEMANA se trasladó hasta el municipio de Bolívar, donde pudo conversar con el maestro sobre su vida y cómo agradece todas las oportunidades que la gaita le dio.

El maestro Rafa Rodríguez, como muchos lo conocen, fue el primero de la segunda generación de Gaiteros, ya que entró a la agrupación en reemplazo de su padre Toño Rodríguez, quien por la edad no pudo continuar tocando el llamador.

Nadie me enseñó, sino viendo a mi papá“. Entre risas y recuerdos, contaba que antes de llegar al llamador pasó por muchos instrumentos, desde sexteto de marímbula, hasta la caja vallenata, eso sí, hizo mucho énfasis en que no pudo aprender con el acordeón, “y pa’ lo que no serví nunca, que hasta se me hizo un morrillo aquí ―dice señalando su espalda―, es a darle al acordeón. Nunca pude toca’ eso”.

Sin embargo, con la gaita pasó algo curioso, aprendió a tocar el tambor, la gaita macho y el llamador, este último, dice entre risas, “que fue el que acabó conmigo”, refiriéndose a que ha llegado hasta su vejez con ese instrumento.

Al único instrumento que le puse amor fue al llamador, yo aprendí a tocar tambor, también la gaita macho, pero no me gustaba, porque la gaita se la sacaban y se la metían a la boca, eso no me gustaba. Tampoco con la maraca. Después pensé que debía ponerle amor a un solo instrumento y escogí el llamador y dije ‘este hijuep** es el que va a acabar conmigo’”, reiteró.

Al principio de su carrera, dice que muchas veces las niñas del pueblo se acercaban a él a pedirle que tocara para poder bailar, “y yo les decía ¿ah quieren bailar? Entonces comprábamos 3 gallinas y hacíamos un sancocho, para que las niñas se pusieran a bailar”. Mientras contaba esta anécdota, miraba hacia un punto fijo, como si pudiera ver el reflejo de sus recuerdos allí.

De repente, recordó cómo conoció a uno de los gaiteros originales: Toño Fernández. “A Toño Fernández yo lo conocí cuando era mecánico, arreglando chócoros viejos. Decimeros, ese sí era un berraco, pero de gaita no tenía ni idea. Él aprendió después con los Lara”. Además, dijo que su colega era inteligente en el negocio de la música y que eso lo llevó hasta donde llegó.

Los Gaiteros de San Jacinto empezaron a labrar su camino desde la década de los 50; en muchas ocasiones estuvieron en giras internacionales llevando la cultura colombiana a todo el mundo. Rafa recuerda cada una de esas experiencias y dice que, de todos los viajes en los que estuvo, la ciudad que más le fascinó hasta el día de hoy ha sido Madrid, España, seguido de Santiago de Chile, donde resaltó el buen clima.

El Grammy

Para el año 2007, exactamente en el mes de noviembre, la agrupación recibió uno de los mayores reconocimientos de la música hispanohablante: el Premio Grammy Latino, en la categoría de mejor álbum folclórico.

El maestro recuerda claramente lo que ocurrió antes de obtenerlo: “cuando llegamos a Estados Unidos, que fuimos. Nos buscaron, estábamos haciendo una presentación. Yo cogí mi llamador y me puse a tocar. Allá así lejos, estaban unos gringos con unas libretas escribiendo y nos miraban. Digo yo, ‘qué harán esa gente’; cuando tocamos Fuego de Sangre Pura, vi yo que se emocionaron con aquella, y se miraban entre ellos. Y ese fue el ganador del Grammy Latino, Fuego de Sangre Pura”.

También contó cuál fue la clave para ser los ganadores de ese reconocimiento. “Ese día la cantó Rafa Castro, porque el cuñado fue el que la hizo. Que si hubiera ido ‘Chuchita’ con nosotros, nosotros no ganamos el Grammy. ¿Por qué? Porque Chuchita también era ‘jodío’. Él lo que no le gustaba, no lo cantaba”, añadió.

Sin embargo, antes de ganar el premio, Rafa Rodríguez afirma que no lo conocía. “Yo estaba sentado en la puerta de mi casa, Rafa Castro y su mujer llegan y me dicen ‘se acaban de ganar un Grammy’, y yo le digo ‘¿qué es eso?’ La verdad es que yo no sabía ni qué era eso. Lo único que sí sentí fue que en mi corazón se movió una cosa y era la alegría que iba a recibir cuando supiera yo qué era Grammy, pa’ alegrarme”.

“Dichoso el que alcance a ganarse un Grammy Latino”, dijo. Luego reflexionaba sobre cómo llegaron a él, ya que fue un camino de muchos años, “la música lo que necesita es tener un cuidado; si esa disciplina no la tienen, el grupo no llegan a nada. Eso era lo que nos hacían ver a nosotros”.

Actualmente, el maestro vive en San Jacinto junto a su esposa, dice que tiene una parcela en Bajo de Oso y agradece a la gaita todo lo que le dio, sin ella, no hubiera vivido lo que vivió y no tendría la felicidad que le invade al recordar la vida del gaitero.