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Los embutidos serían uno de los alimentos sujetos del nuevo gravamen. - Foto: Bloomberg

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Luces y sombras de la idea de gravar los alimentos ultraprocesados o altos en azúcares y grasas

Tras conocerse el documento de la nueva reforma tributaria, una de las mayores preocupaciones de los colombianos es el impuesto a algunos comestibles, especialmente aquellos que hacen parte esencial de la dieta de muchas familias.

La reforma tributaria del gobierno Petro pretende, entre otras cosas, añadirles impuestos a los alimentos y bebidas ultraprocesados. Dentro de este grupo de alimentos se destacan las bebidas azucaradas como gaseosas y jugos a base de frutas, los tradicionales ponqués de vainilla y otro tipo de amasijos como brownies y galletas, infaltables en las loncheras de muchos niños en Colombia.

El presidente Petro ha expresado que la intención del impuesto a este tipo de alimentos es la de hacer que la gente consuma menos lo que le hace daño, “El impuesto a las gaseosas no es para recaudar plata, es para que la gente no tome tanta gaseosa. Lo que hacemos es ahorrarnos una plata, porque realmente es malo tomar gaseosa. Un gran porcentaje se enferma de diabetes”, dijo en el cierre de la Cumbre de Mandatarios del Pacífico.

De acuerdo con el Ministerio de salud, en 2020 cerca de un tercio de los colombianos está diagnosticado con algún tipo de diabetes, una enfermedad degenerativa causada por el exceso de azúcar en la sangre. Tan solo en ese año se diagnosticaron casi 1,3 millones de nuevos diabéticos en el país, siendo la mayoría mujeres.

Además, en la última edición de la guía alimentaria basada en alimentos para la población colombiana se afirma que Colombia es un país con una doble carga de malnutrición, lo que significa que en el país hay grandes cantidades de diabéticos y personas con desnutrición. Esta doble carga surge de una “transición epidemiológica”, en la que las enfermedades crónicas no transmisibles como el cáncer y los problemas cardiovasculares se incrementan entre los grupos de mayor ingreso, y las enfermedades prevenibles y trastornos nutricionales persisten entre los más pobres.

Impuestos contra el consumo

El uso de impuestos a alimentos y otros productos para desincentivar su consumo no es algo novedoso. La lógica de los impuestos a cigarrillos y bebidas alcohólicas alrededor del mundo es precisamente esa, evitar su consumo y recaudar fondos que deben destinarse a la atención de las enfermedades generadas por su consumo, como la cirrosis y algunos tipos de cáncer.

En el caso particular de los alimentos, añadirles un impuesto adicional o aumentar su porcentaje ha resultado controversial en Colombia. Lo que se suma a las polémicas de años anteriores por el etiquetado a este mismo segmento de alimentos, pues contienen excesos de grasa, azúcar y/o sodio.

La propuesta planteada en la reforma tributaria es exactamente una estrategia para disminuir el consumo excesivo de gaseosas, frituras ultra procesadas y alimentos con excesos de azúcar que no sean parte de la canasta básica familiar. Sin embargo, estos alimentos hacen parte de la dieta común de muchos colombianos, por lo que un aumento en su precio no es bien recibido, y menos lo es en un momento de inflación récord en todo el mundo.

La idea de mejorar los hábitos alimenticios de las familias colombianas a punta de impuestos no parece fácil de lograr. Uno de los hallazgos generales de la guía alimentaria basada en alimentos para la población colombiana, fue que la mayor parte de la ingesta de verduras y hortalizas se hace en las sopas. Es poco frecuente el consumo de ensaladas como acompañantes o de preparaciones principales basadas en verduras y hortalizas, a pesar de su relativo bajo costo y que son libres de impuestos.

En entrevista con SEMANA, la nutricionista Viviana Ruiz indicó las generalidades de una alimentación balanceada para los colombianos.

Por ejemplo, es vital incluir alimentos de todos los grupos alimenticios, como carbohidratos, grasas y proteínas de distinto origen. En Colombia es importante mantener la presencia de productos como papas, plátanos y raíces como la yuca, pues son de consumo generalizado en el país.

Además de estos esenciales, la doctora menciona la importancia de las frutas y verduras en la alimentación de niños y adultos por igual, amasijos como panes, arepas y galletas que hacen aporte calórico en carbohidratos y procurar cocinar con aceites vegetales como el de oliva o canola.

Sobre los alimentos ultra procesados como las bebidas azucaradas, los snacks de paquete y los embutidos, dice que su consumo es perjudicial para la salud cuando se hace en exceso, por lo que es recomendable consumirlos solo de manera ocasional, entre una o dos veces al mes para una dieta general.

Es importante destacar que el balance nutricional y las indicaciones alimentarias varían de persona a persona con factores como la edad, el sexo, las condiciones sociales y de más, por lo que sus recomendaciones son para un público general y no deben tomarse como recomendaciones personales.

El costo de comer bien

Actualmente el país y el mundo atraviesan por una suerte de crisis económica, en donde la inflación sigue en aumento y los vientos de una recesión global van y vienen. Es por esto que, el costo de vida ha aumentado considerablemente en el último año, y en Colombia, el liderazgo en las alzas lo tienen los alimentos.

De acuerdo con el informe diario de precios mayoristas publicado por el Dane, en el último año los precios de algunas frutas tuvieron variaciones al alza hasta del 150 %, como es el caso de la mandarina, o de la granadilla (101.45 %), el único alimento de la categoría de frutas que presentó una variación negativa fue el limón común, que bajó el 12 % de su precio de hace un año en Bogotá.

En el grupo de los tubérculos, raíces y plátanos, en julio, subió el precio de la yuca; el mayor incremento se presentó en Barranquilla, donde los precios registraron una variación de 129,41 %. También suben las cotizaciones de la arracacha, en Cali se observaron los mayores aumentos con 215,71 %.

En el grupo de los tubérculos, raíces y plátanos, en julio de 2022 en comparación con julio de 2021 se registró un incremento en las cotizaciones de la yuca, la mayor variación en los precios se presentó en Pereira con 308,10 %.

En este caso, la raíz del aumento de los precios es la escasez de productos como resultado de la contingencia por la covid-19. Luis, un comerciante de yuca en Corabastos, dice que en momentos de confinamiento buena parte de la producción de yuca en los llanos orientales se vendió a precios muy bajos, “una bolsa de yuca que hoy vale entre 80 y 100 mil pesos, en la pandemia se llegó a comprar hasta en 5 mil”, por lo que los aumentos y variaciones resultan dramáticos, no solo en estos alimentos, sino en muchos de los que se deberían consumir habitualmente.