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De la inteligencia artificial a la economía descentralizada

Al igual que nada en una oruga sugiere su transformación en mariposa, el cambio que la inteligencia artificial desencadenará será completamente diferente de lo que imaginamos.

Guillermo Valencia
27 de febrero de 2024

La compañía de semiconductores NVIDIA ha capturado toda la atención con sus resultados sobresalientes, dejando claro que la demanda de procesamiento en todo el mundo es innegable. Este fenómeno es solo la punta del iceberg de una nueva era: la inteligencia artificial promete una reactivación sin precedentes de la productividad. Este impulso se concentra en los grandes titanes del mundo tecnológico, en los siete magníficos: Microsoft, Google, Apple, Amazon, Meta, Tesla, entre otros.

Nos encontramos ante una nueva era de producción que intentamos prever como una simple extensión de lo que conocemos, pero la innovación no sigue ese camino predecible. Al igual que nada en una oruga sugiere su transformación en mariposa, el cambio que la inteligencia artificial desencadenará será completamente diferente a lo que imaginamos.

Lo verdaderamente fascinante es que la inteligencia artificial nos permite entender aspectos fundamentales de la ciencia que antes eran inaccesibles. “Deep Mind” con AlphaFold nos está mostrando cómo programar proteínas y, quizás muy pronto, lograremos fermentar proteínas animales. Este cambio es monumental, comparable al impacto que tuvo el descubrimiento de la agricultura. Ya no será necesario criar grandes cantidades de ganado, ocupando vastas extensiones de tierra y generando emisiones de dióxido de carbono; ahora podemos hacerlo en laboratorios, de forma local.

Pero la programación de proteínas es solo el comienzo; también podemos crear nuevos materiales. Esto tendrá un impacto crucial en los sistemas de producción locales.

De manera irónica, la inteligencia artificial está concentrada en estos siete gigantes. Nos enfrentamos a una encrucijada, ya que la inteligencia artificial también podría dar lugar a un sistema centralizado extremadamente poderoso que debilite nuestra libertad individual. ¿Dónde se concentrará esta inteligencia artificial? ¿En estas grandes corporaciones estadounidenses o en otro lugar? China, por ejemplo, ya tiene control sobre plataformas como Alibaba, Tencent y Baidu. Asimismo, países árabes buscan tener su propia infraestructura, con un Estado que controle estas tecnologías.

Estamos ante un cambio de paradigma: una economía antigua en crisis, basada en la extracción y la centralización, ha alcanzado su punto máximo, creando un escenario que podría conducir a una distopía: una inteligencia artificial totalmente controlada por Microsoft, Google o un gobierno. La otra versión es que la inteligencia artificial comience a descentralizarse, con creadores de todo el mundo que reclamen su derecho sobre su propiedad digital, que no pertenece únicamente a los gigantes tecnológicos o a gobiernos autoritarios que pueden suprimir sus libertades.

Estamos presenciando el surgimiento de una nueva era, impulsada por un nuevo internet, que protege a los creadores y a nuestra propiedad digital. La gran pregunta sobre la inteligencia artificial será: ¿queremos que nuestra réplica biológica digital esté expuesta a estos gigantes o queremos reclamar nuestros derechos sobre nuestros genes? Aquí radica el verdadero papel de la web 3.0 y del mundo criptográfico: erigir murallas para proteger nuestra propiedad digital.

Estamos transformando el modelo de producción. El antiguo modelo, basado en la extracción de recursos como el petróleo y el cobre, y en la creación de acero para construir una economía industrial, ya no es sostenible. Estamos ingresando a la era de la comprensión de los fotones, los bits, las moléculas, las proteínas y los genes.

Por ejemplo, utilizamos 192 de los láseres para concentrar energía en átomos de hidrógeno del tamaño de un grano de pimienta para replicar el proceso de fusión nuclear que ocurre en el núcleo de las estrellas: la fusión nuclear, la promesa de una era de energía ilimitada. El cambio radical nunca será una simple extrapolación de nuestro presente.

Un nuevo mundo está naciendo, y nosotros decidimos si vivimos con el viejo paradigma de la centralización o creamos un nuevo sistema que potencie a la humanidad en su esencia más profunda, lo que nos define como seres capaces de crear.