Hoy renuncia el primer ministro de Inglaterra por presiones de la población y sus representantes políticos, que ven cómo sus ingresos cada día alcanzan menos para comprar comida y pagar servicios básicos, dadas las altas presiones inflacionarias de la economía.
Más importante aún: ayer, uno de los ministros de Hacienda británicos, que más política pública progresista con base capitalista ha implementado en las últimas décadas, renunció por diferencias con el primer ministro. Dichas diferencias se basan en que el ministro de Hacienda quería implementar política pública que obligaba a la sociedad y al Gobierno a ver recortados los beneficios sociales. De no hacer dichos recortes, se aumenta la insostenibilidad económica del país y se pone en riesgo la sostenibilidad de la moneda.
La libra esterlina ha caído de forma constante durante los últimos 12 meses, tocando hoy niveles de 1.19 frente a niveles de 1.41 alcanzados en junio de 2021, lo que representa una devaluación del 15 %. Si bien esta devaluación es normal para mercados emergentes, puede ser considerada escandalosa para países desarrollados.
Este problema no solo lo tienen los líderes políticos británicos, también los europeos.
La sociedad que vive en un modelo económico capitalista con sesgo socialista les demanda a sus dirigentes que el discurso político se traduzca en resultados microeconómicos de corto plazo y en estadísticas macroeconómicas positivas, también en el corto plazo.
Los ciudadanos de estas sociedades esperan tener más empleo, mayores ingresos, menor inflación y mayor crecimiento económico. Pero, a la vez, quieren mejor sistema de salud, que las pensiones sean más altas y vitalicias, que sus hijos puedan tener una salud de calidad y, por encima de todo, que todos estos beneficios sean pagados por el Gobierno.
El actual presidente electo de Colombia, Gustavo Petro, ganó con un discurso socialista progresista, el cual habla de retornar a la Colombia rural, de familias que van los fines de semana a sus fincas; de una Colombia productiva a cualquier escala, tanto para las grandes empresas industriales, como para los pequeños productores agrícolas, incluyendo a los empresarios del sector tecnológico.
Pero, sobre todo, su discurso presentó unas bases sólidas en el mejoramiento del bienestar social de todos los colombianos más necesitados. Temas relevantes como acceso y mejoramiento del servicio de salud, una provisión de pensiones para todos más “equitativa”, mejoramiento de la calidad de educación y mejora de ingresos para los colombianos que ganan poco, incluyendo iniciativas de ingresos para los que no tengan trabajo.
Todo lo anterior es casi como si se tuvieran todos los mejores servicios sociales de Europa, pero con los resultados económicos de Estados Unidos.
Ejemplos como la salud española, el subsidio de desempleo del Reino Unido y la educación nórdica podrían ser los llamados a este relato. Al igual que la capacidad estadounidense de generar empleo. Pero, desafortunadamente, no existe en el mundo un país que haya podido tenerlo todo.
Lo que sorprende es la mayor relevancia que ha tomado la palabra “capitalismo” en su discurso durante las últimas semanas, porque la sociedad colombiana ha definido un cambio de visión de gobierno hacia uno de visión progresista y socialista. Principalmente, porque desconfía de un gobierno que privilegie el libre mercado y prefiere uno que, por medio de política pública, pueda canalizar capital hacia una distribución más equitativa en la sociedad, aun cuando esto disminuya el libre desenvolvimiento del capital.
Hoy, las sociedades que viven en un modelo capitalista, como Estados Unidos, están demandando resultados de sus líderes políticos. La inflación en EE. UU. está bordeando niveles no vistos desde 1970 y las presiones sobre el presidente no han cesado.
Sobre todo, los países europeos que tienen una visión más socialista de la palabra ‘capitalismo’ están demandándoles a sus líderes políticos que mantengan la inflación en niveles bajos y el crecimiento económico alto. Son dos objetivos muy difíciles de conseguir bajo las actuales circunstancias económicas.
¿Podrá Gustavo Petro implementar todas sus políticas socialistas y progresistas idealizadas durante la campaña presidencial sin impactar la estabilidad financiera del Gobierno? ¿Más aún, mientras fomenta el capitalismo que pueda mantener su vigencia en la presidencia por lo menos durante estos próximos cuatro años?
Sin lugar a dudas, la sociedad que eligió al actual presidente es otra muy diferente a la de hace 20 años, que solo se conformaba con exigir seguridad y empleo. La Colombia de hoy exige resultados sociales y económicos, y el nuevo presidente tendrá un entorno macroeconómico muy retador para poder balancear todos los modelos económicos que tiene en mente.
