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José Miguel Santamaría Uribe
José Miguel Santamaría Uribe - Foto: SEMANA

No hemos tocado techo

Como vemos, el año 2023 no será para nada fácil. Las familias deberán abrocharse el cinturón en sus gastos y consumos.

Por: José Miguel Santamaría

Hace unos años nadie se imaginó que la sobre liquidez de los mercados iba a generar una crisis de inflación tan grande como la que estamos enfrentando. Los bancos centrales seguirán subiendo tasas de interés hasta que realmente cambien las condiciones.

Desde el 2008, con la crisis hipotecaria y de préstamos en los Estados Unidos, la Reserva Federal inundó de recursos baratos al mundo para salvarlo. En su momento logró su cometido, pero la liquidez es como una droga la cual es adictiva y quitársela al enfermo no es fácil.

A raíz de la pandemia, del paro de la economía y de los problemas de logística en el mundo se generó una sobre demanda de bienes y servicios que aunada a la liquidez han venido generando esta inflación que no ha parado y que tiene a la mayoría de los bancos centrales trabajando.

Los analistas más ortodoxos hablan de por lo menos dos subidas de tasa adicionales de la Reserva Federal, lo que implica también subida de tasas en Europa y en muchos países más como Colombia donde el Banco de la República, que, aunque ha venido subiendo sus tasas, le ha faltado contundencia. Estamos en una tasa del 11% y todavía no se aplaca la inflación.

Aunque subir la tasa de interés es la manera más lógica para contener la inflación, tiene implicaciones complicadas en otros frentes que ya se ven bastante golpeados y que sus consecuencias no se harán esperar.

El primer frente es el mercado de renta variable, las acciones, que al ser una inversión de más riesgo por su volatilidad y expectativas a futuro de las compañías, los inversionistas prefieren salirse de ese mercado y buscar seguridad en la renta fija, con buenos rendimientos garantizados. Los principales índices accionarios mundiales han perdido más del 20% de su valor.

El segundo frente que se ve golpeado es el mercado inmobiliario ya que este depende de créditos, de apalancamiento para su compra, y las condiciones de esos créditos han venido subiendo en tasa por cuenta de la subida generalizada de tasas, ya en condiciones normales no es negocio comprar para arrendar, por lo cual este mercado puede inclusive llegar a perder valor.

Un tercer frente que podría empezar a complicarse es el sector bancario o financiero. Dos factores: el primero, la dificultad de acceder al fondeo de su operación por las tasas tan altas a las que se debe salir para conseguir los recursos, y, la segunda, el seguro aumento de la morosidad del crédito debido a una recesión que se viene y a unas cuotas más altas que se deben pagar por los préstamos.

Como vemos el año 2023 no será para nada fácil. Las familias deberán abrocharse el cinturón en sus gastos y consumos. Las entidades financieras deberán ser más medidos en la aprobación de nuevos créditos. Y los gobiernos no se deben quedar atrás: tienen que parar el gasto público desmesurado por la dificultad de conseguir recursos en los mercados. No tiene sentido salir a endeudarse en estos momentos a tasas tan altas. Un gobierno irresponsable en estos momentos sería fatal.