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Claudia Varela, columnista

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Sin tutoriales del éxito

Llegué a la conclusión de que estamos viviendo un mundo infinito de consejos, opiniones, sesgos y contradicciones.

Redacción Semana
4 de febrero de 2024

Quizá sea mi percepción solamente, pero la verdad lo he hablado con varios y hemos estado de acuerdo. Hay un “poco mucho” de claves, tutoriales, talleres, audiolibros y consejos para encontrar el éxito.

Hace poco vi rodando por ahí un tutorial para entender en cinco pasos qué debes hacer cuando tienes gente a cargo. Además, encuentras claves de liderazgo, de espiritualidad, certificaciones exprés de coaching, manuales de ser madre/padre y comidas a la medida si quieres desintoxicar de cada cosa el organismo.

Me he encontrado a veces recibiendo una cantidad de ideas y lineamientos de gente a la que no le pedí media opinión. Llegué a la conclusión de que estamos viviendo un mundo infinito de consejos, opiniones, sesgos y contradicciones. Ya el silencio no existe porque las conversaciones son de afán, hablando todos a la vez.

Está falta de empatía, o en términos más técnicos de comunicación no violenta, está absolutamente normalizado. Para Marshall Rosemberg, la comunicación no violenta es aquella en la que el lenguaje empleado no hiere ni ofende ni a los demás ni a nosotros mismos. Rosemberg afirma que la violencia es la expresión trágica de las necesidades no satisfechas.

Creemos que comunicación no violenta es hablar suavecito y, por supuesto, esto no lo es. Se trata de poner tus puntos, plantear tus necesidades, pero también de no llevarte a nadie por delante en el proceso.

La comunicación no violenta tiene cuatro pasos: la descripción objetiva de los hechos, la expresión de los sentimientos, la expresión de las necesidades y la formulación de la petición.

Teniendo en cuenta estas variables, aquellos seres que dan la opinión sin que se les pida, atropellan un poco porque a veces buscamos solo ser escuchados. Nada más, no consejos, no sermones, no tutoriales humanos ni en video o pódcast.

En ese orden de ideas, quisiera hacer la reflexión de pensar bien antes de lanzarnos a dar una opinión o un consejo.

Los invito a que reflexionemos en tres preguntas:

  1. ¿Interrumpe usted una historia que le están contando para opinar abruptamente?
  2. ¿Cuenta sus experiencias a todos sin que siquiera se la pidan?
  3. ¿Le encanta dar consejos de temas que ni conoce?

Si respondió al menos a una pregunta de manera afirmativa, definitivamente usted es uno de esos seres que piensa que el mundo solo puede girar desde su punto de vista. Quizá piense que su verdad es LA verdad y, por tanto, se siente con el derecho de facto de aconsejar y pontificar cómo debe tener su traslación la tierra (el resto del mundo) alrededor del sol (usted).

Qué tal dejar fluir un poco al universo, a la vida, a usted mismo. Pensar en tener el control absoluto de todo es imposible y además arrogante. Somos parte de un Universo que juega de manera perfecta con sus piezas, así que pensar que si yo hubiera hecho esto o aquello las cosas hubieran pasado diferentes no deja de ser un poco extraño.

Dejemos de juzgar tanto a los demás y vivamos nuestra vida como nos haga feliz. Esa sí sería la clave de un buen líder en mi humilde opinión… Abrazando la diferencia y buscando mis propias motivaciones para conquistar corazones reales. No más consejos no pedidos, no más tutoriales, vivamos más en carne y hueso que el éxito a cada uno se le ve desde la sonrisa. No ser empáticos es violento y dar exceso de opiniones termina siendo un desacierto que puede atropellar.

Toda violencia es el resultado de personas engañándose para creer que su dolor es provocado por otra gente, pensando, por tanto, que merecen ser castigadas. Marshall Rosemberg.

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