Home

Opinión

Artículo

Claudia Varela, columnista

Opinión

Tu plan no es el de tu jefe

Si bien no pretendo generalizar, está claro que, viendo un panorama promedio, el nivel de prisa de los más jóvenes es diferente.

Redacción Semana
11 de febrero de 2024

Hoy justamente hablaba con algunos colegas sobre los tiempos perfectos en las compañías. Comentamos que, si bien es cierto que hay una generación que ejerce una lógica presión por los cargos directivos, también pareciera que existe demasiada prisa en llegar a estos por el solo hecho de alcanzarlos, no exactamente por merecimiento, sino por una necesidad individual de cumplir metas de cargos y salarios.

Si bien no pretendo generalizar, está claro que, viendo un panorama promedio, el nivel de prisa de los más jóvenes es diferente. Entiendo también ciertos factores, como el hecho de que la vida sea tan pública hoy y, por lo tanto, la comparación con otros sea permanente, eso genera más presión, más frustración, más competencia.

Se acercan las épocas de evaluaciones de talento y seguimiento al desempeño en las organizaciones. No solo el número frío nos puede guiar la cabeza. En los primeros semestres de la universidad entendí que era tan malo estar muy por debajo del presupuesto proyectado como estar muy por encima (a menos que algo absolutamente excepcional ocurriera), ya que eso demuestra falta de proyección y quizás entendimiento del mercado. Por lo que quiero ir más allá de los resultados.

Cada ser humano es responsable de sus propios actos. Cada quien asume sus realidades bajo una óptica obvia de haber tomado decisiones responsables o apropiadas. Noto que nuestro esquema de pensamiento organizacional tiende a ser muchas veces paternalista y proteccionista y la gente llega adonde el líder a pedir pista sin dar mucho a cambio.

La pregunta puede ser: muéstrame cuál es mi plan de carrera, cuéntame cuál es mi siguiente paso, ya estoy cumpliendo un tiempo prudente en la posición, así que cuéntame qué sigue para mí. Estas pueden ser algunas de las frases recurrentes en nuestras revisiones de desempeño y, si bien son válidas, siempre hay que entender primero el mérito por el cual se hacen estas exigencias.

Es bueno que las organizaciones comprendan el tema del fit-cultural; no todas son para todos los perfiles. Pero también es superrelevante entender cuál es mi responsabilidad como individuo en una organización.

El crecimiento o el plan de carrera no dependen de la empresa donde trabajo. Dependen enteramente de mí. De qué quiero hacer, de qué aporto y, sobre todo, de cómo me preparo para el sitio al que quiero llegar. Si mi plan es tener la posición de mi jefe en tres años, qué estoy haciendo para eso, desde mi rol, desde mi crecimiento profesional y personal.

Algo tan simple como la observación del entorno se pierde en el día a día en el que vivimos, agobiados porque corremos sin destino. A veces pienso que parecemos hámsteres corriendo en su bola y la vida nos arrolla y no nos damos ni cuenta. Vivimos en automático.

El país pasa por un proceso difícil de movimientos sociales, de cambios y no cambios. Es decir, de mucha gente que quiere hacer cosas diferentes y siente que lo mismo ya no es igual de productivo, pero no sabe cómo generar ese nuevo modelo. Si eso sucede en la sociedad, es obvio que pase en las organizaciones, que no pueden ser sino el reflejo de lo que ocurre en el mundo.

Lo primero, entonces, para entender mi propio plan de carrera, es comprender cómo encajo y conecto. De hecho, estar seguro de si quiero mi crecimiento con la misma empresa o si no me proyecto ahí. Lo segundo es definir exactamente qué quiero en tres años, por lo menos. Si mi sueño es ser emprendedor, pues me preparo para eso y no meto energía extra donde no corresponde. Y si mi objetivo es crecer en la compañía en la que estoy y me hace feliz, busco un mentor y empiezo a prepararme.

Los procesos de crecimiento y de carrera son propios. No se los dejes a tu jefe porque, aunque puede y debe ayudarte, la tarea del crecimiento propio solo puede estar en ti mismo. Tu plan de carrera es tuyo, no de tu jefe.

«Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz, sino haciendo consciente la oscuridad… Lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino», Carl Jung.

Noticias Destacadas