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"Ellos están muy tranquilos por el coronavirus, porque bajan al casco urbano cada tres meses", cuenta la profesora. - Foto: Cortesía

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En el páramo santandereano las tareas llegan con el lechero

A los estudiantes de una escuela del Páramo del Almorzadero no les llega ni la señal del radio. Trabajan con guías que envían con el lechero hasta las apartadas zonas de Cerrito.

En el Páramo del Almorzadero, en la cordillera oriental de Los Andes, ir a la escuela siempre ha sido una odisea. Los niños que viven en este sector hacen parte de la llamada población dispersa, las clases empezaban a la 6 de la mañana, así que se levantaban a las 4 para llegar a tiempo, algunos debían caminar hasta una hora y media mientras el frío les calaba los huesos.

La pandemia ha vuelto este proceso aún más complejo. Los niños ya no pueden ir a la escuela, deben aprender en casa, pero lo que es difícil para cualquier estudiante en la cuarentena, para ellos lo es aún más. Mientras muchos aprenden por medio de llamadas grupales o WhatsApp en las ciudades, o por medio de la radio o la televisión en las zonas rurales, en el páramo de Santander los niños no tienen señal ni de radio ni de televisión ni de celular. Mucho menos acceso a Internet.

Doña Leonor tuvo que caminar más de una hora para subir a una loma y encontrar la señal de celular, necesitaba preguntarle a la profesora qué hacer con las guías que le había mandado. “¿Profe, esperamos a que usted venga y nos ayude?”, le preguntó; del otro lado de la línea, la profesora Yeimy Orduz tuvo que explicarle que por el coronavirus ella no podría ir y que ahora “los papitos tenían que ayudarles a hacer la tarea”.

Esto sucede en la zona rural de Cerrito, la parte del páramo que corresponde a Santander. Antes del coronavirus la profesora viajaba todos los lunes a las tres de la mañana en el camión de la leche hasta la Escuela Rural El Rodeo, una sede de la Institución Educativa Jurado. Pero desde que empezó la cuarentena no ha podido volver, es una medida de seguridad para proteger a las familias, que solo bajan cada dos o tres meses al casco urbano a vender la carga de papa, cebolla o ajo, lo que da la tierra del páramo.

Así que desde que empezó la cuarentena ya no llega la profesora Yeimy, sino las guías con todos los módulos de aprendizaje que viajan en el camión de la leche, “porque es lo único que llega hasta allá”, cuenta la maestra. “Te enviamos toda la energía y el amor para que te animes a estudiar desde casa con tus papitos desarrollando este material; si en algún momento tienes una duda muy grande recuerda que yo voy a despejarla cuando nos volvamos a ver”, dice la carta que le enviaron a los niños.

El lechero les entrega las guías a ocho estudiantes de primaria y a nueve de bachillerato, las carpetas traen un instructivo que enseña cómo desinfectarlas antes de usarlas. Trabajar con módulos no les es extraño, porque están acostumbrados a la modalidad Escuela Nueva, es decir, que el aula de clases es multigrado. "Tenemos desde preescolar hasta quinto, cada grado  organizado en mesa redonda. Se trabajan por módulos de aprendizaje, las cuales se distribuyen en unidades", explica la profesora.

“Hay casos muy bonitos, de municipios en los que han recibido apoyo del Ejército o de los señores que reparten la leche para llevar las guías para que llegue a la última vereda de las zonas más alejadas”, aseguró a SEMANA la secretaria de Educación de Santander, María Eugenia Triana.

Sin embargo, que lleguen las guías a las casas de los niños y niñas del páramo no garantiza que esten aprendiendo. “No puedo estar allá con ellos haciendo un proceso de acompañamiento del aprendizaje, para ver cómo van avanzando. Los papás, los que más han estudiado, han hecho hasta Sexto grado o Séptimo, entonces no saben o no recuerdan, aunque la mayoría son papás jóvenes. Muchos de ellos tienen poco tiempo, porque están trabajando en sus huertas”, explica la profesora Yeimy, quien les dicta todas las materias a los 17 niños.

La pandemia ha mostrado que en el aprendizaje a distancia hay mayores brechas sociales para los estudiantes. En Santander, solo cerca del 10 por ciento de los niños de las zonas rurales tiene conectividad. “En las veredas las dificultades son mucho mayores, casi que no alcanza ni el 10 por ciento de la población que pueda tener los elementos tecnológicos o la conectividad, sin embargo, a todos los estudiantes se les está enviando el material educativo, ninguno se va a quedar sin el contenido”, explicó la secretaria de Educación departamental.

En Santander se está transmitiendo por el canal TRO un programa educativo llamado ‘¡Presente profe!’, para que los niños de primaria de las zonas rurales puedan reforzar sus conocimientos. Sin embargo, en el Páramo del Almorzadero los niños no pueden verlo. “Hubiese sido genial que mis estudiantes vieran el programa, que aprendieran nuevas cosas, pero no se puede”, dice la profesora Yeimy Orduz, egresada de la UIS y oriunda de El Cerrito.

Los retos en la Colombia rural son enormes, no basta con dotar con tecnología a los estudiantes y colegios, más importante que la herramienta es su uso. La pandemia monstró los dos lados de la moneda: las brechas en la educación y la creatividad y el ímpetu de los niños y maestros.