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| 12/11/1980 12:00:00 AM

Compromiso con la memoria

Desde el anonimato autoimpuesto la artista Doris Salcedo, al darle al arte una función testimonial, se ha labrado un lugar en el arte mundial.

Compromiso con la memoria Sus obras son el resultado de investigaciones en zonas de conflicto
Gran parte de la historia reciente de Colombia ha estado impregnada por la tragedia: el asesinato de inocentes, la desaparición de cientos de personas, el drama de los desplazados, de los niños que pierden a sus padres y que quedan a la deriva, el dolor de quienes esperan el regreso de familiares forzados a abandonar sus casas sin que ahora nadie dé razón de ellos, son algunos ejemplos de episodios que están sumiendo al país. ¿Qué papel desempeña el arte en este contexto?

La artista bogotana Doris Salcedo (1958) confía en que el arte puede restituir la dignidad de las víctimas anónimas de la violencia, de esas experiencias que se pierden ante tantos hechos trágicos. Ese ha sido su propósito. Ella, como escultora, ha querido ser una testigo secundaria del drama de tanta gente. Ha viajado a zonas de conflicto para ensamblar en sus esculturas lo que ve, lo que recoge a través de testimonios, no sin antes asociarlos con dos elementos clave en su obra: la filosofía y la poesía. La guerra civil en el país ha definido una realidad que se impone en su obra en diferentes niveles de producción y los materiales que elige muchas veces son el resultado de sus conversaciones con las víctimas.

Si bien muchos artistas se han basado en la violencia, pocos como Doris Salcedo, con seriedad y respeto, han conseguido un resultado tan importante. En una de las pocas entrevistas que ha concedido y que ahora hace parte de un libro editado por Phaidon, Salcedo confiesa que para ella la mayor posibilidad del arte no está en mostrar el espectáculo de la violencia sino, al contrario, en esconderlo. A ella lo que le interesa es esa proximidad y esa presencia latente de la violencia. "Desde mi posición puedo ver la otra cara de la moneda: guerra e indiferencia", le contó al crítico argentino Carlos Basualdo al explicar el anonimato que ella eligió para trabajar:

Sus obras son producto de largas investigaciones que la han llevado, incluso, a tardar hasta tres años en producir una. En este sentido, como asegura Jaime Cerón, antiguo alumno suyo, su trabajo no sólo tiene un valor artístico sino también político. "Sus esculturas involucran serias reflexiones sobre las formas de 'lo real' en Colombia, presentes a través de huellas y gestos sutiles que validan su trabajo en estos dos ámbitos", dice.

Salcedo vive y trabaja en Bogotá pero, curiosamente, su reconocimiento ha sido mayor fuera del país. El año pasado fue la única artista colombiana invitada a Documenta en Kassel, Alemania, exposición que sólo se realiza cada cinco años y que agrupa a los artistas contemporáneos más importantes del momento. Ha participado en las bienales de Venecia, de Sao Paulo, de Sydney, y sus esculturas han sido exhibidas en espacios tan importantes como el Museo de Arte Moderno de Nueva York, Museo de Fine Arts de Boston, el Art Institute de Chicago, el Museo de Arte Contemporáneo de San Diego, la Tate Modern de Londres, el Museo de Arte Moderno de San Francisco, el Nuevo Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York, el Museo Reina Sofía de Madrid, entre otros, y para el próximo año en el Museo de Arte Contemporáneo de Los Angeles se tiene prevista una gran retrospectiva de su obra.

No ha ocultado su poca gratitud luego de su paso como estudiante por la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá y por la Universidad de Nueva York, en donde realizó un máster en escultura. Aun así su autoformación no sólo en historia del arte sino en otras disciplinas ha derivado en la rigurosidad que tanto destacan quienes la conocen. Esa rigurosidad también ha sido una de sus características como catedrática y sus antiguos alumnos -especialmente de la Universidad Nacional, en donde fue profesora entre 1989 y 1991- recuerdan la exigencia que demandaban sus clases. Actualmente Salcedo dicta seminarios en prestigiosas instituciones como la Universidad de Harvard.

Hace 10 años que Doris Salcedo no expone en Colombia. Sin embargo Sin título, una de sus obras más importantes, hace parte de la colección permanente de la Biblioteca Luis Angel Arango de Bogotá. Allí la artista recogió en zonas específicas de Colombia camisas blancas de hombres desaparecidos, las amontonó y las atravesó con varillas de metal. En medio de las múltiples reacciones que pueden asumir los familiares de las víctimas de la violencia, una de ellas, en las mujeres, es lavar, planchar y doblar las prendas de vestir de sus maridos. Esa práctica íntima y ese dolor de los familiares que se van convirtiendo en segundas víctimas quedan condensados de alguna manera en la obra. Como también en la cantidad de objetos que recoge en otras de sus esculturas: sillas, armarios, o camas que tal vez en algún momento fueron empleados por un hombre o una mujer y que ahora, en su mayoría, aparecen sepultados con cemento como símbolo de la ausencia de vida.

Hay muchas referencias en cada una de sus obras, tal vez desde el holocausto judío hasta hechos concretos ocurridos en fincas del Urabá antioqueño. Su trabajo se desarrolla entre la muerte y las vidas desfiguradas por esa muerte. Hace pocos meses, con motivo de la apertura de la Galería Alonso Garcés en Bogotá, una de sus esculturas fue exhibida al público.

Es difícil hablar sobre el futuro de Doris Salcedo pero probablemente, como le ha sucedido a cientos de artistas a lo largo de la historia, sólo con el tiempo los colombianos valorarán su trabajo en su verdadera dimensión. Lo que sí se puede asegurar es que su empeño de hacer una "escultura social" no decaerá tan fácilmente. Por el contrario, temas recurrentes en su obra como la toma del Palacio de Justicia, ocurrida en 1985, es posible que la sigan cuestionando. En noviembre pasado, cuando se cumplían 17 años del trágico episodio, Salcedo consiguió un permiso para descolgar varias sillas desde la parte más alta del Palacio hacia la pared que da a la carrera séptima durante el mismo período en que ocurrieron los hechos. La obra que estuvo presente en Documenta también aludía a la toma. En su taller hay fotografías del edificio en llamas que le recuerdan, día a día, ese momento, uno de los que más la han marcado como artista. Sin duda seguirá trabajando con la seriedad y la ética que la han caracterizado sin olvidar por un segundo esa "responsabilidad hacia los otros", como lo plantea una de las líneas de Los hermanos Karamazov de Dostoievski, y que ella, modestamente, ha querido emular.

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