testimonio

“Yo operé a Maradona”: el testimonio de un médico colombiano

El cirujano plástico Santiago Ruiz recordó cuando el astro del fútbol estuvo en el país para mejorar su apariencia física.


Por: Santiago Ruiz

Maradona vino a Colombia por la fama internacional que tenían sus médicos.

El doctor Carlos Chaux, especializado en bypass gástrico, en esa época era el mejor de Latinoamérica y eso hizo que Maradona viniera a Colombia y conociera las ventajas de los médicos en el país.

Maradona se operó en el 2005 en Cartagena con el doctor Chaux y le fue muy bien. En ese momento Marlon Becerra estaba muy posicionado en el tema de tratamientos odontológicos y en 2007 tenia un programa de televisión en el que entrevistaba a personalidades. Uno de sus invitados ese año fue el futbolista, quien había venido a quedarse unas dos semanas para estos temas médicos y el tratamiento odontólogico. Yo conocía a Marlon porque habíamos trabajado en el programa “Cambio Extremo” unos años antes y nos acostumbramos a mirar muchos pacientes comunes. Me llamó a mí porque Maradona quería hacerse una liposucción de papada y una bichectomia de cachetes.

Cuando yo lo vi por primera vez Maradona había bajado de peso y estaba cuidando mucho su cuerpo. La información médica que nos dio es que estaba totalmente limpio de drogas y no había vuelto a consumir alcohol. Sus únicos vicios eran el tabaco y el golf, un deporte que practicaba a donde fuera. Como mantenía muy buenos hábitos de salud, era un buen candidato para esa cirugía.

El se estaba quedando en el estudio de Carlos Jacanamijoy, en el barrio La Macarena. Carlos Vives se enteró de que el estaba aquí y le quería hacer una atención. Entonces le organizaron una fiesta sorpresa con 30 personas entre las que estaban Juanes y su esposa. Fue una parranda de toda una noche que terminó a las siete de la mañana, con Carlos y Juanes cantando y echando cuento y haciéndole preguntas a Maradona sobre sus goles. Todo esto en medio del estudio de este artista con sus obras y su nueva serie a medio terminar. Era una cosa surrealista. Ahí me di cuenta de que Maradona tenia muchos amigos colombianos y una relación estrecha con Vives y Juanes. Fue la rumba más zanahoria porque él no tomaba trago. Nos mostraba los tabacos y nos pedía permiso: “¿Si puedo, doc?” El licor esa noche se lo tomaron otros.

Esa noche y en los días en que lo vi, yo solo le hablé de fútbol. Él respiraba fútbol. Yo no sabia de qué más hablarle. Lo operé con mi colega Juan Carlos Ortíz porque, aunque era una ciugía sencilla, el tema era difícil. La operación fue con anestesia local y sedación porque él tenia un problema hepático complicado. Nosotros trabajábamos en la clínica del Chicó y la tuvimos que cerrar por él a eso de las 7 de la noche y a las nueve comenzó la cirugía, que duró como hora y media. Como era ambulatoria él se fue a la casa de Jaca en la Macarerna. Los famosos siempre quieren cuidados especiales y están en una posición de exigir privilegios, pero el era realista frente a lo que podía lograr.

Maradona no podía salir a ningún lado porque lo asediaba todo el mundo. Él vivía encerrado en micromundos y se la pasó en esa casa la mayor parte del tiempo que estuvo en Bogotá. Allá llegaban las enfermeras y masajistas porque él no podía ir a donde tú estabas. Nosotros, sus médicos, muchos de los controles los hicimos en la casa donde se estaba quedado.

Él viajaba con su esposa, una joven atractiva, y con un asistente que le cuadraba sus citas. Acababa de llegar de algún país asiático a donde había ido a hacer un saque de honor en un partido. Por eso se ganaba toda la plata del mundo.

Maradona hablaba de fútbol, pero de nada más. Lo conocí más por los asistentes que por lo que él decía. Era una persona muy tranquila, nada histriónica, callada y su asistente decía que era el resultado de ser una de las personas más famosas del mundo. Lo decía porque se sentía vulnerable de que alguien se aprovechara de su fama. Nos contaron que muchas veces se sintieron mal porque cogían su imagen para hacerse famosos. Por eso yo era cordial pero distante, porque nunca sabia si le iban a hacer alguna vuelta.

Al final nos contaron que luego se iban de vacaciones a una isla en Tahití. Ahí lograron estar tranquilos como si fueran desconocidos solo una semana. Un día un turista lo reconoció en una playa y les tocó montarse en un avión e irse. Él vivía escondiéndose de la gente y no podía estar tranquilo en ningún sitio.

En ese momento logramos compartir con él tres semanas en una relación que fue estrictamente médica. Maradona se fue feliz y por medio de nuestro asistente quedamos en contacto para su recuperación. Nunca nos exigió privacidad y confió en nosotros para nunca decir nada.

Nunca lo hice hasta hoy.