
PABLO SANTOS
Los usuarios de videoconferencia requieren mejores funcionalidades
No se trata solamente de que las personas se acomoden a nuevos hábitos y formas de hacer las cosas, sino de que los desarrolladores de herramientas de videoconferencia y colaboración también ofrezcan nuevas funcionalidades para ayudar a mitigar el cambio.
El teletrabajo es un privilegio de algunos sectores específicos de la economía. No es precisamente el caso de restaurantes, cines, bares, aeropuertos, gimnasios, centros deportivos, hoteles y turismo, etc., que de no encontrar pronto soluciones digitales para su supervivencia cerrarán sus puertas indefinidamente, llevándonos a una recesión en el mediano plazo.
Sin embargo, para una gran parte de las industrias es posible, de alguna manera, operar con sus trabajadores desde sus casas. Incluso, antes de la pandemia, varias empresas ya usaban ocasionalmente herramientas de trabajo remoto. ¿Pero cuáles son los desafíos que tienen los desarrolladores de estas herramientas en una sociedad con un confinamiento permanente?
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Un trabajador en una videoconferencia dirige su vista siempre hacia la misma videocámara, y con una misma postura. En una oficina, las personas se encuentran 360 grados a la redonda, de una forma natural y donde puede ser necesario desplazarse unos pasos para hablar con algún colega.
Una solución inmediata consiste en nuevas plataformas de videoconferencia que permitan diferentes cámaras en distintos ángulos, con dos o tres pantallas, y sin afectar anchos de banda ni incurrir en costos excesivos.
Pero emular en cierto grado las interacciones en una oficina, donde los puestos de trabajo son adjuntos a los de los colegas, requiere un conjunto de funcionalidades que una videoconferencia no ofrece actualmente, y será necesario recurrir a una suerte de combinación de tecnologías.
Incluso incorporar un teléfono físico IP con un número de extensión, evitando usar un número personal del celular de un empleado, puede ser una mejor y más ergonómica alternativa para irrumpir la postura estática que conlleva el usar siempre una videocámara.
Es posible optar por dejar sesiones de videoconferencia abiertas durante la jornada laboral, con la cámara y el audio debidamente bloqueados, pero con la posibilidad de escuchar en cualquier momento el llamado de un supervisor. La diferencia es que ahora no podemos ver a una persona antes de abordarla y saber si es un buen momento para interrumpirla con alguna pregunta determinada.
Se requieren herramientas más eficientes e integradas con las agendas y el calendario personal, que permitan instantáneamente escalar a una videoconferencia, si el estado de la otra persona lo permite.
Hemos sido testigos de varias situaciones embarazosas, principalmente de políticos, por olvidar desactivar el micrófono y la cámara. Debería ser posible poder borrar al instante estas situaciones de una videoconferencia, simplemente con la justificación de que fue un mensaje no intencional que surgió dentro de la zona íntima y personal de un hogar.
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Es necesario poder contar con herramientas que puedan integrarse con dispositivos externos, y alertar al usuario que está siendo escuchado, tal como lo hace la luz roja que indica “al aire” en el techo de un estudio de grabación.
Son muchas las funcionalidades que los usuarios de las herramientas de videoconferencia están requiriendo en el ámbito laboral y social, y que se traducen al mismo tiempo en oportunidades para que las empresas y emprendedores en tecnologías de comunicaciones puedan agregar valor y desarrollen productos de mejor calidad.
La compresión de la voz permite optimizar el ancho de banda. Pero en una atmósfera de su uso intenso y repetitivo, escuchando voces comprimidas, recortada en frecuencias, requerirá un trabajo extra de nuestro cerebro y se reflejará en cansancio físico.
Cuando un instructor de aeróbicos está dando su clase online, las señales de video y de audio, las cuales usan diferentes interfaces y procesamiento digital, pueden no llegar a su destino al mismo tiempo. Esta desincronización causa que los participantes vean que los pasos y movimientos del instructor no coordinan con la música y frustrados decidan abandonar la clase.
La latencia es básicamente el tiempo que toma una transmisión en llegar a su destino. Normalmente son fracciones de segundo que tienen que ver con la distancia física que recorre una señal a su destino.
Una fracción de segundo puede no ser relevante en una conversación normal de dos personas. Sin embargo, la latencia puede tener un efecto agregado importante dependiendo de la cantidad de personas participando en una videoconferencia, del tema de conversación y del contexto.
En una videoconferencia en que se desea cantar el “feliz cumpleaños”, pasará una fracción de segundo en que los que van a cantar escuchen el tono de entrada que da la guitarra, y otra fracción adicional cuando el guitarrista escucha de vuelta que los demás han empezado a cantar, creando disonancia y frustrando la intención.
Es imposible lograr que una señal llegue a su destino al mismo tiempo en el que se produce y, por tanto, en la actualidad no hay una solución, no solamente al “feliz cumpleaños”, sino a cualquier actividad que requiera sincronización entre sus participantes. Es el momento de incluir tecnologías como la IA para generar señales de sincronía desde la nube o el sonido de la guitarra.
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