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Marta Traba

Fue una de las críticas más importantes del arte colombiano y latinoamericano. Organizó el Museo de Arte Moderno, de Bogotá.

Semana

3 de diciembre de 2005, 12:00 a. m.

Mordaz y apasionada", como la ha llamado su biógrafa, la escritora argentina Victoria Verlichak, Marta Traba (Buenos Aires-1923) trabajó en Colombia de 1955 a 1969, a donde llegó tras contraer matrimonio con el periodista Alberto Zalamea. Colaboró con la Hjck, la Televisora Nacional, El Tiempo, Mito, SEMANA, La Nueva Prensa y El Espectador, y se ganó el respecto del mundo intelectual por la severidad y el rigor de sus juicios críticos sobre arte colombiano. Reconoció y explicó la jerarquía creativa de Alejandro Obregón, Guillermo Wiedemann, Édgar Negret, Eduardo Ramírez Villamizar, Fernando Botero, Enrique Grau y Antonio Roda, entre otros, pero también fustigó sus obras a la hora de registrar la decadencia de algunos de ellos. En los años 60 estimuló a la generación de relevo (Pedro Alcántara, Luis Caballero, Bernardo Salcedo, etc.) y escribió para reconocer el talento de sus miembros más destacados. Con esto demostró que tenía la capacidad de entender nuevos planteamientos y lenguajes. Como historiadora se empeñó en una crítica extemporánea de los hechos abordados, reclamándoles a los artistas del pasado lo que sus respectivas épocas no alcanzaron a dar objetivamente, no obstante lo cual supo arar el terreno hasta entonces virgen del arte latinoamericano. En 1960, en la galería El Callejón de Bogotá, dictó cinco conferencias que al año siguiente fueron publicadas con el título de La pintura nueva en Latinoamérica. De entrada introdujo la alerta que marcó una nueva actitud: "No hay persona de mediana cultura que no esté al tanto de los movimientos artísticos y culturales europeos, y aun de los norteamericanos. América Latina, en cambio, es un terreno inédito". La disciplina de escribir la historia del arte latinoamericano había nacido al fin y Marta Traba fue la pionera. En 1960, año clave, fue encargada de la participación de Colombia en la Bienal de México. Con buen criterio escogió a Wiedemann, Obregón, Ramírez Villamizar y Botero. Esto ocasionó una verdadera tempestad. No se entendía que en lugar de escoger dos docenas de artistas con una obra cada uno, prefiriera enviar cuatro, pero con un promedio de seis obras por firma. Su posición fue atacada por tener la virtud de corresponder, entre nosotros, al primer ejemplo de curaduría artística y creativa. Los seleccionados tuvieron que renunciar a la Bienal y desde entonces fueron calificados de trabistas. Publicó un total de 22 libros y más de 1.200 artículos. Su prestancia intelectual fue tal, que en 1963 logró cristalizar un viejo y ya casi fracasado sueño: organizar el Museo de Arte Moderno de Bogotá, del que fue su primera directora. Fue poeta, novelista, librera, profesora universitaria y fundadora de la revista Prisma, una de las raras publicaciones dedicadas al arte que aquí hemos tenido. Sin la menor vacilación, su nombre podría figurar en la lista de los cinco ensayistas y críticos más influyentes de todos los tiempos en Colombia. Fue forzada a salir del país por su ideas políticas de izquierda, lo que la llevó a ejercer la crítica en Venezuela y Puerto Rico. Vivía en París cuando murió en un accidente de aviación (Madrid-1983) al lado de su segundo esposo, el reconocido crítico literario uruguayo Ángel Rama.*Escritor

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