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| 3/13/2018 10:30:00 AM

Así fue el estrepitoso desinfle de la Ñoñomanía

Al Partido de la U no le fue bien en esta contienda. Pasó de 24 a 14 curules. Por cuenta de la captura de sus dos más grandes electores, Córdoba fue el epicentro de esta debacle.

Elecciones 2018: resultados de la Ñoñomanía en Córdoba Así fue el estrepitoso desinfle de la Ñoñomanía

En los círculos políticos se anticipaba que este 11 de marzo podría expedirse el acta de defunción del Partido de la U. La razón era clara, con sus dos grandes electores en la cárcel era poco lo que se podía esperar en la urnas. Tanto Musa Besaile como el Ñoño Elías, ambos detenidos por cuenta de escándalos de corrupción, se dejaron contar en las urnas, aunque en cuerpo ajeno. Se podría decir que el primero pasó raspando y el segundo se rajó. Sahagún, la capital electoral de ese partido, un municipio que ponía casi una decena de senadores en el capitolio, en estas elecciones no jugó de protagonista. 

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La postal de lo que pasó este domingo con la Ñoñomanía se podría resumir en la imágen que publicó Semana Rural de la contienda electoral en ese municipio. El otrora fortín político de Bernardo Elías y Musa Besaile, de 140.000 habitantes, antes lleno de fiesta y algarabía el día de las elecciones, se veía desolado. No había un alma en las calles. Ese panorama fue retratado en una crónica del periodista Santiago Ramírez, unos días antes de las elecciones que contaba como los días de euforia habían llegado a su fin. 

La sede de la Ñoñomanía se veía desolada en el día de las elecciones. Foto: Antonio Canchila García/Semana Rural

Se trataba del municipio en el que hace cuatro años brillaba por sus excesos. Se decía que en la jornada electoral rondaban fajos de dinero y que si en otros pueblos del país se daba lechona, en Sahagún por un voto se podía sacar desde amplios mercados hasta neveras y televisores. Fue allí donde el Partido de la U le ganó a Álvaro Uribe y su Centro Democrático. 

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El Ñoño se desinfló de manera estrepitosa. Al cierre de la jornada electoral, su candidato al Senado, Eduardo José ‘Joche‘ Tous tenía apenas 45.956 votos, una cifra que no le alcanzó para coronar una curul. Quedó muy lejos del último escaño conquistado por La U,  el de la senadora Maritza Martínez que obtuvo 64.000 votos. Tous era de su entraña pues está casado con una de sus primas. Sin embargo, la mayor derrota la tuvo en la Cámara de Representantes, en donde se quemó su hermano. 

El símbolo de la campaña de José Tous era este pájaro amarillo. Foto: Santiago Ramírez/ Semana.com

Hace un par de meses, en Montería, pocos daban por hecho la muerte política del Ñoño. A pesar de estar detenido, se creía que mantendría su caudal electoral por cuenta de todo que lo había construido en la última década. Tanto que en un comienzo se alcanzó a asegurar que le dejaría la curul a su esposa Stephany Morris, quien finalmente declinó esa opción. Sin embargo, desde hace unas semanas, la debilidad del Ñoño se sentía en el ambiente. A diferencia de las elecciones pasadas, en las que su publicidad y sus celebraciones eran noticia en cada rincón de Córdoba, en esta oportunidad la Ñoñomanía fluía de manera discreta. 

Quienes conocen de cerca lo que sucede en Córdoba explican que tres factores le jugaron en contra: la justicia, el carisma y la plata. Lo primero era claro. El Ñoño fue el primer gran elector del Partido de la U que terminó tras las rejas. Su captura, por cuenta del rol que jugó en el escándalo de Odebrecht, removió los cimientos de la clase política, al punto de que muchos comenzaron a hablar del ‘Ñoño mil‘, en analogía al proceso 8.000. El Ñoño se consolidó como el gran delator de ese entramado y en esas circunstancias, a pesar de que la cárcel suele no ser un impedimento para muchas castas políticas, el Ñoño perdió aliados. 

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El segundo factor es el dinero. Hace cuatro años, el Ñoño y Musa Besaile pusieron un punto de quiebre en la la forma como la maquinaria operaba en las elecciones. Ambos se convirtieron en el símbolo de ese nefasto matrimonio que se presenta entre la política y la construcción de obras públicas. Como escribió SEMANA cuando arrasaron con la votación del norte del país, "los dos son el resultado más refinado de esa figura que ha ido ganando fuerza en la política colombiana en los últimos diez años: los elegidos en las urnas gracias a la maquinaria de la contratación pública. Y ya no, como los caciques de antes, a la clientela cultivada a punta de burocracia".

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Ambos senadores eran los dueños de la llamada ‘mermelada‘ y como esos ríos de dinero ya no existen, y la justicia está tras sus dueños, la plata en esta elección no se vio. "La chequera del Ñoño era impresionante y su campaña era fastuosa. En esta elección nada de eso se vio", cuenta un político de Córdoba. Más allá de eso, el Ñoño también es uno de los hombres más carismáticos de la región, esas personas que suelen caer bien donde llegan. Su hermano no tiene ese don. Así, Julio Elías quedó más cerca en la carrera, pues obtuvo más de 48.000 votos, pero al final se rajó. Se dice que la familia había llegado a un acuerdo con los Pestana, otro clan elector de Córdoba y Sucre, pero al final eso no se concretó.  

Quienes sí coronaron fueron los candidatos de Musa. La suerte de los herederos del senador, también detenido por cuenta del carrusel de la toga, es distinta. A pesar de que lograron su curul, sacaron miles de votos menos que hace cuatro años. Musa se la jugó por su hermano Jhony, uno de los personajes más controvertidos de estas elecciones. El mayor de los Besaile ya había debutado en la política como alcalde de Sahagún para el periodo 1998-2000, en el cual fue suspendido por irregularidades en un contrato para la construcción de letrinas. En esta oportunidad, alcanzó 75.922 votos, menos de la mitad que Musa, quien en 2014 obtuvo 156.288.

El candidato a la Cámara de los Besaile también pasó. Se trata de Erasmo Zuleta, quien sacó 62.663 votos. Zuleta tiene vínculos con las principales familias políticas de Córdoba. Su hermana es la esposa de Edwin Besaile, el hermano de Musa, elegido como gobernador de Córdoba y es hijo de Mara Bechara de Zuleta, una de las dueñas de la Universidad del Sinú. Edwin está siendo investigado por la justicia y fue suspendido por la Procuraduría por cuenta de su vinculación con el cartel de la hemofilia. Según las autoridades, él habría sido responsable del desvío de cuantiosos recursos de la salud hacia bolsillos de políticos y particulares. Mara Bechara, por su parte, está siendo investigada por irregularidades en el manejo de 9.575 millones de las regalías del departamento.

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Con la caída de estos dos poderosos, el mapa político de Córdoba también cambió. El principal fenómeno electoral lo tuvo el Partido Conservador que arrasó en las urnas. David Barguil y Nora García Burgos obtuvieron la primera y la tercera votación de ese partido en Colombia. El primero con más de 136.000 votos y García con 94.000. Ambos se consolidaron como una de las fuerzas más importantes de la región. “Fue un logro de las nuevas generaciones del partido. Y una respuesta de la gente que está cansada de tanta palabreria”, le dijo el nuevo senador a SEMANA. 

Navegue en este mapa interactivo los resultados de la votación en Córdoba

Otra sopresa fue la quemada de Arleth Casado, la esposa de Juan Manuel López Cabrales, uno de los mayores barones electorales de la región, caído en desgracia por cuenta de la parapolítica. Sacó 55.997 que no le alcanzaron para obtener una curul dentro del liberalismo. Por otro lado, otra de las candidatas que habían acaparado atención mediática, Sara Piedrahita Lyons, prima del exgobernador Alejandro Lyons, se reeligió. 

Independientemente de los resultados, la foto que deja Córdoba volvió a cambiar el ajedrez, especialmente del Partido de la U. Se podría decir que los electores castigaron al partido del presidente Santos, pero no tan fuerte. La U cerraba la noche, con el 96 por ciento de las mesas escrutadas con 14 curules y 1.820.151 votos para Senado y un promedio de 1.800.000 votos en ambas cámaras. Dejaron de ser el gran elector del país, un privilegiado puesto que habían tenido por tres periodos consecutivos, desde sus primeras elecciones, en 2006. 

Se suele decir que en política el triunfo es relativo y más que de votos totales depende de la vara sobre la cual se mida. A pesar de que sacaron casi 2 millones de votos, lo que pasó con La U se considera una derrota. El partido del presidente, quizás el más poderoso hace unos años, llega por cuenta de esta región disminuido a la carrera presidencial. Sin un candidato propio, con sus barones en la cárcel y con profundas divisiones, tendrán que negociar el todo por el todo en los meses que vienen.  

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