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| 1/27/2018 2:46:00 PM

“No creo que Colombia caiga en el castrochavismo”: embajador de Estados Unidos

En diálogo con María Jimena Duzán, en ‘Semana En Vivo’, Kevin Whitaker habló sobre la implementación de los acuerdos de paz, las relaciones con Colombia y la crisis de Venezuela. "Me da pena ver lo que puede volver a ser una ‘narcotización’ de la relación", advierte.

Embajador de Estados Unidos dice que Colombia no será castrochavista “No creo que Colombia caiga en el castrochavismo”: embajador de Estados Unidos Foto: SEMANA, Departamento de Estado (EE. UU.)

María Jimena Duzán: A usted le tocó vivir un momento histórico. Usted llegó al país en momentos en los que iniciaba el proceso de paz. ¿Por qué decidió el Gobierno de Estados Unidos apoyar el proceso de paz y por qué el presidente Obama decidió designar a Bernard Aronson como enviado especial al proceso?

Kevin Whitaker: En 2012, al tiempo de anunciar públicamente las negociaciones, el Gobierno colombiano se nos aproximó y nos pidió de alguna manera acompañar las negociaciones. Somos amigos aliados de Colombia y por eso queríamos que concluyera el conflicto. Hay varias formas de concluir un conflicto; pero lo más humano, lo más rápido y lo más indicado es a través de negociaciones. Por eso, acompañamos a Colombia.

M.J.D.: A usted le tocó también vivir la derrota del plebiscito. Antes, el Gobierno de Estados Unidos y usted, con el apoyo de otras personas e instituciones, intentaron establecer canales entre el gobierno y el uribismo, incluso cuando se perdió el plebiscito. ¿Cuál era la posición de los Estados Unidos durante todo ese tiempo de escepticismo?

K.W.: Durante el curso de las negociaciones, concluimos que hubo una falta de comunicación entre el Gobierno y la oposición al acuerdo, con quienes tenían objeciones al acuerdo. Nos reunimos varias veces. Eso sirvió para algo: siempre creo que es mejor hablar. Luego vino el plebiscito, yo creí que iba a ganar el Sí, pero no fue así. Lo que hicimos fue apoyar al gobierno y a la oposición para buscar el espacio necesario en el que las objeciones de los del No fueran incorporados en el acuerdo.

M.J.D.: Ustedes plantearon la tesis que se hiciera una renegociación…

K.W.: Renegociaciones, no. Lo que sucedió es que las negociaciones comenzaron en 2010 y ya habían pasado seis años. La diferencia entre lo que había en 2014 a lo que terminó en 2016, fue 95% completo en 2014. Hagamos un ejercicio de historia alternativa. ¿Qué tal que se hubieran terminado las negociaciones en 2014? Juan Manuel Santos habría tenido cuatro años de mandato para implementar los acuerdos.

M.J.D.: Vino una etapa más complicada que es cuando Donald Trump llega a la presidencia, no se alcanza un acuerdo con el No y comienza la implementación de los acuerdos de paz. ¿La conjunción de esos nuevos escenarios afectó la percepción de los Estados Unidos frente al acuerdo?

K.W.: Claro que no. El Gobierno que entró, el que yo represento actualmente, no entró al comienzo diciendo que no estaban de acuerdo con la negociación de paz. Lo que sí hubo fue un problema con el presupuesto. La reducción de presupuesto en la administración Trump fue en todo lado. Aunque el pedido de la administración a Paz Colombia fue reducido, fue el Congreso el que lo aumentó al nivel de lo que había pedido el presidente Obama.

M.J.D.: Pese a todo el ‘lobby‘ que hicieron los expresidentes Uribe y Pastrana y el apoyo que recibieron por parte de algunos congresistas norteamericanos cercanos, ¿por qué el Congreso no redujo el presupuesto en Paz Colombia?

K.W.: Los opositores del acuerdo de paz habían ido al Congreso norteamericano a decir que el acuerdo no era bueno, que necesitaba cambios y que la situación de crimen y coca necesita más atención. La decisión del Congreso se dio porque Colombia tiene muchos amigos en Estados Unidos. Todavía hay un consenso bipartidario y bicameral en el tema de Colombia.

M.J.D.: ¿Pero ese consenso puede cambiar?

K.W.: La preocupación en mi país porque el tema de la coca está a tal nivel que se sigue insistiendo en acciones bastante duras. Me da pena ver lo que puede volver a ser una ‘narcotización‘ de la relación.

M.J.D.: Usted ha manifestado que está preocupado por los pocos avances con el proceso de erradicación y que son necesarias mayores acciones. ¿Por qué dice eso?

K.W.: Hay tres elementos que son necesarios para enfrentar el problema de la coca, según los intereses. Primero, la erradicación que se ha hecho de manera exitosa con la dedicación y el compromiso de las Fuerzas Armadas y del Ministerio de Defensa. Segundo, la interdicción, interceptación e incautación, que ha tenido resultados muy buenos. Tercero, la parte judicial en la que tenemos muy buenas relaciones entre los dos países. Tenemos una relación excelente con el Fiscal General.

"La preocupación en mi país porque el tema de la coca está a tal nivel que se sigue insistiendo en acciones bastante duras. Me da pena ver lo que puede volver a ser una ‘narcotización‘ de la relación".

M.J.D.: Miremos el tema de la erradicación que no es forzosa, el programa que maneja el ministro del Posconflicto, Rafael Pardo. ¿Cuáles son sus reparos a ese proceso?

K.W.: A mí me gustaría ver más hectáreas de cultivos ilícitos erradicadas, aunque la erradicación forzosa va bien. En el proceso de erradicación voluntaria no podemos entrar por razones legales. Como funcionarios del gobierno norteamericano no podemos darle ningún valor a las Farc y no podemos cruzar esa línea. A través de nuestros propios esfuerzos estamos apoyando procesos de sustitución de cultivos ilícitos, como por ejemplo proyectos de cacao que tenemos en Nariño o en Antioquia.

M.J.D.: El tema de las drogas volvió a ser importante, no solo por el aumento de cultivos de hojas de coca, sino también por una epidemia que hay en los Estados Unidos de opiáceos. ¿Esos dos temas inciden en que se ‘narcoticen‘ las relaciones entre los dos países?

K.W.: Usted tiene toda la razón. En el último año murieron 50.000 norteamericanos por sobredosis. La sobredosis con coca no es la misma que los opiáceos, pero la gente no lo entiende así. Lo importante es actuar en contra de la coca en el interés de los dos países.

M.J.D.: Usted dice que por ley no pueden aportar dineros a los proyectos que tengan que ver con sustitución, si esos proyectos tienen que ver con un trabajo con las Farc. ¿Por qué ustedes no pueden financiar personas que pertenecen a grupos armados ilegales, aunque ya no los son, pero sí pertenecen todavía a sus listas negras? ¿Hay alguna posibilidad que el Gobierno norteamericano saque de sus listas negras a las Farc, que ya no son un grupo terrorista?

K.W.: A mí no me gusta el término de lista negra. Son dos listas: la de Organizaciones de Terrorismo Internacional y la otra es la lista de Organizaciones más Grandes del Mundo de Narcotráfico. Se entra en esas listas por los hechos y se sale de las listas por los hechos, debe haber un tiempo para demostrar que sí se ha cambiado. Le doy un ejemplo que es colombiano: las autodefensas fueron designadas como una organización de terrorismo internacional en el 2002, dejaron de existir realmente en el 2006 y salieron de la lista en 2013, entonces toma mucho tiempo. Hay mucha resistencia para estar seguro al respecto de eso. Yo dudo mucho que las Farc salgan pronto de las dos listas.

M.J.D.: Este es el Gobierno que más ha extraditado, ¿o no es cierto?

K.W.: Sí, es cierto, es un poco más que el Gobierno anterior.

M.J.D.: ¿Cómo está ese tema de la extradición versus el acuerdo y cómo está ese tema de extradición con todos estos casos de corrupción?

K.W.: El acuerdo es muy claro: las ofensas cometidas antes de diciembre del 2016, cuyo propósito sea beneficiar a la organización guerrillera, no son extraditables. Si estamos hablando de violaciones de ley norteamericana cometidas después de diciembre del 2016 o por beneficio propio son extraditables. Yo he hablado con el Presidente, él está muy claro en eso; también con el Fiscal y creo que es muy importante mantener ese alineamiento para poder insistir en el cumplimiento con la ley. Frente a la corrupción: somos amigos, somos aliados, estamos completamente listos para colaborar con la Fiscalía y con el Gobierno de Colombia en eso. Yo creo que a veces se malinterpreta lo que está pasando, tomemos el caso de Gustavo Moreno…

M.J.D.: La historia que nos han montado a nosotros es que la información vino de una agencia norteamericana, creo que fue la DEA, y que se la dieron fiscal Néstor Humberto Martínez…

K.W.: Lo que pasó fue lo siguiente: hubo una investigación colombiana montada por colombianos, basada en información de Colombia. Nos pidieron a nosotros una ayudita que hicimos y esos elementos ayudaron al caso de Colombia. Ahora bien, por razones que uno puede entender tanto el Gobierno de Colombia, como el acusado Gustavo Moreno, están interesados en la extradición a los Estados Unidos; y eso estamos atendiéndolo.

M.J.D.: Quería pasar al tema económico, al tema de los patentes. Toda esta discusión de la industria farmacéutica ha sido un problema dentro de la relación entre Colombia y Estados Unidos. ¿Por qué?

K.W.: La industria farmacéutica en Estados Unidos es muy importante económicamente. Quienes la integran ganan mucha plata, tienen su propiedad intelectual y quieren proteger eso. Ha habido dos casos de compulsory pricing; es decir, que el Gobierno puede decir que el precio que está ofreciendo la compañía norteamericana es X, pero se tiene que vender en Y aquí en Colombia. Hay que balancear, hay que tener en cuenta el interés público, pero también el interés de la compañía, porque las compañías obviamente tienen sus costos, el costo de desarrollar, de inventar esas moléculas que pueden salvar vidas. Yo insisto en proteger los intereses de las compañías entendido que hay parte humana también.

M.J.D.: ¿Cómo son las relaciones con el ministro de Salud, Alejandro Gaviria?

K.W.: Excelentes, yo creo que Alejandro es una de las personas más queridas que tengo aquí. Ahora bien, en eso no estamos totalmente de acuerdo, incluso las compañías se han ofrecido a hablar con el Ministerio, han reducido altamente los costos, pero no hemos llegado al punto de estar totalmente de acuerdo.

M.J.D.: ¿Y va a ver humo blanco en algún momento en este tema?

K.W.: No sé, francamente. Yo aprecio los problemas que enfrenta Colombia y, específicamente, en la salud los costos son muy altos. Hay un requisito constitucional de proporcionar un nivel de ayuda a la población, lo que es completamente entendible. Las presiones financieras en el Ministerio de Salud son mayores, entonces el ministro va buscar maneras de disminuir los costos. 

M.J.D.: En el tema de inversión, nosotros tenemos un Tratado de Libre Comercio y muchos analistas afirman que no ha sido tan beneficioso como se esperaba. ¿Por qué?

K.W.: En un mundo más globalizado. Colombia está en una mayor competición con otros países. En la manera en que Colombia es menos atractiva para la inversión, ese dinero va para otro lado. Le pongo un ejemplo con los hidocarburos: cuando Colombia andaba muy bien económicamente, bombeaba mucho petróleo y había precios muy altos de petróleo. Ahora están subiendo los precios de petróleo, pero antes habían bajado mucho y los niveles de producción se han bajado. Creo que, si fuera un funcionario colombiano, buscaría regresar ese momento para el bien de los colombianos. Hay que ser competitivos, hay que mostrarles a los inversionistas que en Colombia sí se puede, hay que escuchar a los inversionistas.

"En un mundo más globalizado. Colombia está en una mayor competición con otros países. En la manera en que Colombia es menos atractiva para la inversión, ese dinero va para otro lado".

M.J.D.: Usted ha recorrido muchas zonas del país donde tiene proyectos de cooperación, como Cáceres, en Antioquia. ¿Cuál ha sido su impresión cuando recorre esas zonas? ¿Ha visto optimismo en la gente de esas zonas? Se lo digo porque no he visto muchos embajadores recorrer el país...

K.W.: Esas zonas donde he pasado como Cáceres, Caucacia y Tarazal son zonas muy duras, atravesadas por la historia y la violencia. Pero son territorios donde realmente puede haber producción: hay mucha agua, hay mucha tierra, hay incluso muchos zancudos (risas)… Lo importante es cómo abrir ese espacio. Lo que he visto es mucho apetito, pero no hay claridad en la parte legal de títulos y de seguridad. Pero la gente quiere invertir. Fuimos a una vereda distante en Caucasia, y estuvimos inaugurando cinco kilómetros de carretera de una vía terciaria. Esto le ha cambiado la vida de las personas.

M.J.D.: Pasemos al tema del ELN. El Gobierno de los Estados Unidos no ha estado tan presente como lo estuvo con el proceso de las Farc. ¿Qué piensa de que esa guerrilla quede todavía por fuera haciendo lo que está haciendo?

K.W.: El ELN es una reliquia de los años sesenta, del otro siglo. A lo mejor se puede negociar una solución. En eso está metido el Gobierno colombiano: el embajador Bell está involucrado en eso, anteriormente Restrepo intentó. Se habla mucho de la naturaleza del ELN, de que son distintos a las Farc, pero recordemos que la negociación con las Farc duró muchos años. El cese al fuego es un avance muy importante, ojalá se pueda replicar.

M.J.D.: Usted dijo en una declaración que las Farc no han cumplido en el tema de drogas. ¿Por qué?

K.W.: Ellos tenían un compromiso: colaborar en las investigaciones y dar su información, no lo han hecho. Iván Márquez me regañó diciendo que el acuerdo no decía nada. La esencia del acuerdo es clara: las Farc van a ayudar al Gobierno a enfrentar el narcotráfico y en esta parte no han cumplido. Frente a los colados, alguien de las Farc tuvo que firmar ese listado de colados, por lo tanto, no es cumplimiento. Es importante que el pueblo colombiano tenga confianza en el acuerdo y debemos insistir en que todos cumplan.

M.J.D.: En la renegociación del acuerdo, quedó una parte explícita que decía que las Farc debían colaborar con el tema de rutas e información…

K.W.: Eso no está pasando, según la información que me llega.

M.J.D.: ¿Cuándo se nos va, embajador? Se lo digo porque ya están planteando el nombre de otro embajador que no ha sido aprobado por el Congreso norteamericano…

K.W: Aún no me voy, tengo a Colombia en mi corazón. Le explico cómo funciona el proceso: el presidente hace una nominación de una persona a ser embajador y luego viene la confirmación por parte del Senado. Es muy difícil predecir los tiempos. A mí se me nominó en septiembre y se me confirmó en abril. En mayo se cumplen cuatro años de mi nombramiento.

M.J.D.: ¿Qué recuerda de esos momentos históricos que le tocó vivir en el país y de los recorridos que hizo en Colombia?

K.W.: Es una pregunta muy difícil, hay muchos recuerdos… En Antioquia, que no hay lugar más bello, vi el compromiso de las Fuerzas Armadas del país. Las fuerzas norteamericanas han aprendido de las colombianas en temas como fuerzas especiales.

M.J.D.: Para finalizar, quiero tocar el tema de Venezuela. ¿Usted cree que estos problemas se van a volver más complicados y que los cambios no se darán hasta que Maduro no salga del cargo?

K.W.: Eso de llamar a elecciones, es una broma. Tienen que regresar a las instituciones democráticas y darles a los venezolanos su voz, lo que es su derecho. La parte económica va muy mal y no hay solución inmediata para ello. Pero la solución es regional, tal como lo dice el presidente Santos. Todos debemos enfrentar juntos la miseria.

M.J.D.: ¿Usted cree que Colombia puede terminar en el castrochavismo?

K.W.: No, no creo. Ese tipo de análisis son muy simplistas. Los países son muy distintos y la naturaleza de la gente es muy distinta. Estoy seguro de que eso no va a ocurrir en Colombia.

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