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| 9/8/1997 12:00:00 AM

LA HERENCIA DE GALAN

El delfín del caudillo asesinado reaparece impartiendo vetos y bendiciones a los seguidores de su padre. La controversia revive el debate sobre qué pasó con el legado de Galán al cumplirse ocho años de su muerte.

LA HERENCIA DE GALAN LA HERENCIA DE GALAN
Esta semana se cumplen ocho años del asesinato de Luis Carlos Galán Sarmiento. La fecha hubiera sido objeto simplemente de una conmemoración más de no ser por un hecho político que tuvo lugar hace pocos días. El hijo mayor de Galán, Juan Manuel, voló desde Washington a Bogotá para fijar su posición frente a los candidatos a la Alcaldía de Bogotá. Después de brindarle un apoyo decidido a Rudolf Hommes procedió a descalificar a su tío, Antonio Galán, quien en la actualidad está de tercero y por encima de Hommes en las encuestas. "Hommes representa más al galanismo que el propio Antonio Galán... Mi tío tiene las circunstancias de ser el hermano de mi papá y de tener el apellido Galán. Pero no creo que tenga la capacidad para dirigir a Bogotá". Con esta frase Juan Manuel Galán causó desconcierto no sólo entre los viejos militantes del Nuevo Liberalismo, sino entre el electorado en general. Pocos podían entender cómo mientras la abuela de ese muchacho, Cecilia Sarmiento de Galán, acompañaba a su hijo Antonio a inscribirse como candidato a la Registraduría, el nieto decía simultáneamente que su tío no representaba el legado político de su padre. Antonio Galán, por su parte, en forma escueta se limitó a decir que su sobrino era "un ventrílocuo de Gaviria".
La descalificación no se limitó a Antonio Galán. No menos duras fueron las palabras del delfín sobre algunas de las personas que habían sido muy cercanas a Luis Carlos Galán. Entre estas se encontraban personajes de gran vigencia política en la actualidad como la canciller María Emma Mejía, el ex ministro Carlos Medellín, el presidente de Telecom José Blackburn y el miembro del Consejo Nacional de Televisión Jorge Valencia Jaramillo. De ellos dijo Galán que eran "oportunistas" y que estaban abusando de la imagen de su padre. Estas declaraciones no fueron bien recibidas por todos. El hecho de que un muchacho de 25 años estuviera impartiendo vetos y bendiciones políticas a personas de reconocida trayectoria dejó un mal sabor. Aunque él no lo explicó, lo que para todo el mundo quedó claro es que la razón del veto era haber aceptado cargos en el gobierno Samper. Independientemente de la validez de los argumentos, lo que salió a flote en este episodio fue la magnitud de las divisiones que desde hace tiempo han existido dentro de lo que fue el Nuevo Liberalismo y que incluyen a la propia familia Galán. A pesar de que Luis Carlos Galán y Gloria Pachón mantuvieron una excelente relación matrimonial las dos familias tuvieron después de la muerte de Galán serias diferencias políticas.
Rivalidades
Desaparecido el caudillo el manejo de su herencia política fue objeto de las rivalidades que siempre se presentan en estas circunstancias. Varios grupos reclamaban el legado del mártir. Lo curioso es que dos de estos eran familiares. Por un lado estaba la familia Pachón, que había jugado un papel clave durante toda la carrera de Luis Carlos Galán. Su esposa, Gloria, siempre fue considerada la consejera más oída por el candidato. A diferencia de la imagen que los colombianos tenían del papel pasivo que tradicionalmente habían tenido las mujeres de los políticos en Colombia, Gloria Pachón era por derecho propio una mujer importante. Había sido periodista estrella de El Tiempo, donde conoció a Galán. No menos importante dentro del movimiento era la familia de su hermana Maruja. Casada con Alberto Villamizar formaba con él un equipo que no sólo manejaba la imagen de Galán sino que influía en muchas de sus decisiones. Gloria, Maruja y Alberto eran denominados 'el pachonato' y todos los que fueron cercanos al Nuevo Liberalismo coinciden en que en ellos residía el verdadero poder. Alberto Villamizar hizo muchas cosas importantes durante la historia del movimiento. Junto con Maruja fue clave en todo el manejo publicitario. Pero todavía más importante que eso fue el diseñador de la organización electoral en Bogotá. Con siete concejales elegidos en la capital el Nuevo Liberalismo se convirtió en un poder burocrático importante, con representación en las juntas de múltiples empresas del Distrito. Este poder también era administrado en buena parte por Villamizar.
El pachonato tenía poder pero también resistencias. Muchos de los que no pertenecían a ese círculo se sentían excluidos. Después de que asesinaron a Galán estos grupos empezaron a disputarse la herencia política del Nuevo Liberalismo. Pero además surgió un tercer grupo: el de la familia Galán Sarmiento. Los hermanos de Galán nunca demostraron interés por la política mientras él estaba vivo. Sin embargo, después de que lo mataron, varios de ellos, en particular Antonio y Augusto, empezaron a buscar un espacio propio.Según personas cercanas al Movimiento, el día del entierro de Galán, por lo menos cuatro personas no descartaban el que pudieran ser sucesoras de la candidatura de Galán: el propio Alberto Villamizar, Gabriel Rosas como el ideólogo económico del movimiento, José Blackburn y Enrique Parejo, quien había sido el sucesor de Rodrigo Lara en el Ministerio de Justicia. La imposibilidad de llegar a un acuerdo sobre estos nombres fue dirimida por Juan Manuel Galán cuando señaló a César Gaviria como el heredero de las banderas políticas de su padre. La decisión no fue unánime. Algunos miembros fundadores, como Patricio Samper y María Cristina Ocampo de Herrán, se opusieron a que una persona ajena al movimiento, como había sido Gaviria hasta hacía pocas semanas, se quedara con el título de príncipe heredero. Gaviria, quien se ha caracterizado por ser una persona ante todo pragmática, manejó las cosas de ahí en adelante con su propio criterio. Hasta la consulta popular mantuvo el equipo original de Galán y con éste barrió en las elecciones a sus opositores Hernando Durán Dussán y Ernesto Samper.
Tan pronto se convirtió en el candidato oficial del partido desgalanizó su campaña y la llenó con su propia gente. Cuando ganó las elecciones, los galanistas pensaron que el triunfo era de ellos y que finalmente habían llegado al poder. El nuevo Presidente los desilusionó. En el primer gabinete nombró solamente, como ministro de Educación, a Alfonso Valdivieso Sarmiento, primo de Galán, quien en ese momento no era uno de los pesos pesados del movimiento. A los demás les dio contentillo principalmente con cargos diplomáticos. En un momento dado las embajadas y consulados del Nuevo Liberalismo llegaron a ser 28.
Gaviria hizo lo que hacen todos los presidentes. Hacerle más caso a su instinto político que al de las personas que creen que lo eligieron. Hoy el ex presidente está bien parado con todas las facciones del conflicto. Ni la familia Galán ni la familia Pachón ni los otros directivos del Nuevo Liberalismo tienen resentimiento alguno contra él. Otro que está bien parado con todo el mundo en la actualidad es el candidato Alfonso Valdivieso. Si bien en el pasado muchos le cuestionaban su jerarquía, su paso por la Fiscalía dejó atrás esta percepción.
La crisis
Además de la muerte de Galán fueron dos los episodios que contribuyeron a acabar con el Nuevo Liberalismo. Primero la unión liberal sellada entre Luis Carlos Galán y el entonces jefe del Partido Liberal Julio César Turbay Ayala. El galanismo, que había surgido como una propuesta contra la supuesta incompetencia y corrupción del gobierno de Turbay, acabó lleno de admiración por el ex presidente. Al punto que Luis Carlos Galán en el momento de su muerte no tenía sino motivos de agradecimiento por el manejo que le dio el patriarca a su antiguo contradictor durante el proceso de unión. Después de que el Nuevo Liberalismo dejó de existir como movimiento por cuenta de la unión liberal, el golpe de gracia se lo dio César Gaviria como presidente al no reconocerlos como grupo político. De ahí en adelante nadie había vuelto a pensar en el legado de Galán hasta la reaparición de su hijo la semana pasada.
El surgimiento del carismático hijo mayor de Galán ha puesto a simpatizantes y contradictores a hacerse algunas reflexiones. En primer lugar que en política nada es blanco o negro. Todo tiene matices. El Nuevo Liberalismo, con el transcurso del tiempo, acabó teniendo muchos de los mismos defectos de los demás movimientos políticos. Luis Carlos Galán era sin duda alguna un hombre superior. Era un líder nato, inteligente y estudioso, y combinaba esto con un enorme carisma y un gran sentido de la responsabilidad. Todos estos atributos se tradujeron en que su movimiento fuera ante todo caudillista. Lo que había por debajo del caudillo, sin embargo, era un movimiento político integrado por personas con las virtudes y defectos del resto de los mortales. Había gente buena, gente regular y gente mala. Había fundamentalistas y había oportunistas. Había algunos que estaban ahí por convicción y otros simplemente porque no cabían en las listas del oficialismo.
Todo esto en el fondo es absolutamente normal. Así están integrados todos los movimientos políticos. Lo que es menos normal es pretender idealizar exageradamente a un grupo político y aislarlo de las aspiraciones, frustraciones y vicisitudes del común de los colombianos. Es difícil tratar de dividir a los movimientos políticos entre buenos y malos pues en todo movimiento político hay integrantes de las dos clases. En el Nuevo Liberalismo, por ejemplo, había personas enormemente valiosas como Patricio Samper, Iván Marulanda, Ricardo Sala, Gabriel Rosas, Enrique Parejo, Juan Lozano y muchos otros. Pero también hubo algunos que con el transcurso del tiempo acabaron incurriendo en los mismos errores o enfrentando los mismos problemas que otros miembros de la clase política colombiana. Santiago Medina, por ejemplo, llegó al cargo de tesorero de la campaña de Ernesto Samper, entre otras razones, porque había sido tesorero de la Fundación Nuevo Liberalismo y posteriormente presidente de la misma. El actual alcalde de Cali, Mauricio Guzmán, acusado de recibir 300 millones de pesos de los hermanos Rodríguez Orejuela, fue fundador del Nuevo Liberalismo en el Valle del Cauca. Andrés Páez, coordinador del Nuevo Liberalismo en el Caquetá, está en la actualidad detenido, sindicado del secuestro del parlamentario Rodrigo Turbay. Carlos Alonso Lucio, parlamentario controvertido a quien le quitaron la visa a Estados Unidos por sus contactos con los Rodríguez Orejuela, era un miembro importante de las juventudes del movimiento. Otros personajes que no fueron fundadores pero sí aliados políticos de Galán también han sido controvertidos últimamente. Por ejemplo Eduardo Mestre, quien en la elección presidencial de 1982, cuando Galán se lanzó por primera vez a la Presidencia, abandonó el oficialismo liberal para convertirse en el socio político de Galán en Santander. Algo parecido sucede con David Turbay, quien en 1988 renunció a la embajada en Egipto y se vino al país a jugársela toda por Luis Carlos Galán. Turbay Turbay ha sido objeto de mala prensa en los últimos meses, pero ha sido exonerado por la justicia de todas las acusaciones que le han formulado. Sin embargo, cuando se hace el recuento de su hoja de vida nadie recuerda su etapa galanista.

La primera piedra
Todos estos hechos no vendrían al caso de no ser porque las declaraciones de Juan Manuel Galán dejaron la impresión de que le parecía más grave que formaran parte del gobierno de Ernesto Samper, Carlos Medellín, María Emma Mejía, Jorge Valencia Jaramillo y José Blackburn a que algunos seguidores de su padre se encuentren hoy en la cárcel como consecuencia del proceso 8.000. La razón por la cual la conducta de quienes han participado en el gobierno es considerada censurable es teóricamente porque Luis Carlos Galán fue asesinado por las balas del narcotráfico y Ernesto Samper fue elegido con dinero de ese mismo origen. Esta posición de Juan Manuel Galán puede ser legítima y muchos colombianos la comparten. Lo que pasa es que es difícil establecer quién tiene la autoridad moral para tirar la primera piedra. La familia Galán también ha hecho parte del gobierno Samper. Augusto Galán, hermano de Luis Carlos, fue ministro de Salud. Otro hermano, Gabriel Galán, es en la actualidad representante de Proexport en Ecuador. Una hermana, María Lucía, desempeñó el cargo de cónsul en Milán durante algunos meses de la administración Samper. Alberto Villamizar, el cuñado de Galán y su mano derecha, fue zar antisecuestro y en la actualidad es el embajador de Ernesto Samper ante el gobierno de Fidel Castro.
El caso de Gloria Pachón es particular. Había sido nombrada embajadora en Francia por César Gaviria y continuó en el cargo durante los dos primeros años del gobierno Samper. Tomó la decisión de renunciar en la medida en que se fue confirmando lo que había sucedido en la campaña presidencial de 1994. Manejó su renuncia con mucha altura pues quería ser consecuente tanto con los ideales de su marido como con el hecho de haber sido funcionaria de Ernesto Samper. Sin mayores aspavientos y sin términos desobligantes renunció discretamente, dejando entrever sus motivos, pero sin ofender a nadie. La altura con que se manejó esa situación no fue la misma con la que su hijo manejó sus declaraciones la semana pasada. Es difícil entender por qué un hermano de Luis Carlos Galán puede ser ministro de Salud y Carlos Medellín no puede ser ministro de Justicia, o María Emma Mejía de Relaciones Exteriores. Tampoco es muy lógico por qué se traicionan los ideales de Galán cuando se acepta la presidencia de Telecom, como fue el caso de José Blackburn, o cuando se acepta ser miembro de la Comisión de Televisión, como hizo Jorge Valencia Jaramillo, pero no se traicionan cuando se acepta ser zar antisecuestro o embajador en Cuba como lo hizo Alberto Villamizar.
Todo lo anterior no dejaría de ser anecdótico sino fuera porque contribuye aún más a la polarización del país. Cada vez que se divide a los colombianos entre buenos y malos se le está echando más gasolina a la hoguera de un conflicto político que se puede acentuar en las próximas elecciones y al que todos los colombianos le quieren echar tierra de una vez por todas.

Hijo de tigre

Juan Manuel Galán tiene rasgos de cada uno de sus padres. En él llaman la atención sus manos largas y sus ojos que, a algunas personas, les recuerdan los de Luis Carlos Galán. Su vida no ha sido fácil. Tuvo que exiliarse por amenazas de muerte a los 17 años y abandonarlo todo. Tuvo que dejar su novia, sus amigos, su batería, sus fiestas, su anhelo de estudiar derecho, la equitación y empezar de ceros en un país extraño. Ahora acaba de cumplir 25 años, vive en Washington desde hace un año (con su mamá, su hermano Carlos Fernando y su perro Francés) y proyecta la imagen de un joven idealista, utópico piensan algunos, bastante seguro de sí mismo. Está próximo a graduarse en relaciones internacionales en la Escuela de Altos Estudios de París. El mes próximo viajará a la capital francesa para sustentar ante un jurado su trabajo de grado titulado: 'El Nuevo Liberalismo, una nueva forma de hacer política'. Su tesis fue dirigida por Jacques Robert, un magistrado de la Corte Constitucional de Francia, profesor suyo, que se interesó en su historia y en la del movimiento de Galán. Una vez obtenido su título volverá a Estados Unidos, donde le gustaría hacer un posgrado en relaciones internacionales en la Universidad de Georgetown o en la Johns Hopkins University.
La semana pasada Juan Manuel estuvo de visita en Colombia y, al igual que hace ocho años, cuando el entierro de su padre, sus palabras causaron conmoción. Respaldó la candidatura del ex ministro Rudolf Hommes a la Alcaldía, cuestionó la de su tío Antonio y, en general, repartió vetos y bendiciones sin pelos en la lengua. Sus opiniones sorprenden por maduras o por ingenuas. Ejemplo de madurez les parece a algunos oírlo decir que "a mi papá le fue mejor con Turbay que con Lleras". Este concepto desconcierta por cuanto el presidente Carlos Lleras Restrepo fue el mentor político de Galán y lo tuvo a su lado como codirector de la revista Nueva Frontera, mientras que el ex presidente Julio César Turbay Ayala fue el adversario político declarado del fundador del Nuevo Liberalismo. No obstante, Juan Manuel reconoce que fue este último quien le abrió paso a la idea galanista de la consulta en el Partido Liberal. En cambio, parece un joven algo ingenuo cuando afirma: "Mi mamá pudo haber sido Presidente de Colombia", aclarando inmediatamente que no se lanzó porque consideró que no le correspondía a ella ser heredera política de Galán simplemente por ser su esposa.
Lo cierto del caso es que no lo fue, y tal vez como resultado de una jugada de su hijo mayor. Cuando en el Cementerio Central Juan Manuel le pidió a César Gaviria que reemplazara a su padre, lo hizo convencido de que él podría salvar la consulta popular. A la larga su intervención convirtió a Gaviria en Presidente. Juan Manuel se precia hoy de este hecho gracias al cual, asegura, descubrió que tenía olfato político. Al mismo tiempo, jura por la memoria del caudillo que su pronunciamiento de ese día fue un acto improvisado y espontáneo. Así como manifiesta su admiración por Gaviria sostiene que "Ernesto Samper es el antiGalán". Por lo tanto, le molesta sobremanera que haya antiguos galanistas, y que lo reiteren cada vez que pueden, trabajando con el actual gobierno. Por lo pronto las únicas inquietudes de Juan Manuel son intelectuales. Quiere que alguna editorial publique en Colombia su trabajo de grado y conseguir un cupo en alguna de las universidades norteamericanas mencionadas atrás. Sin embargo no descarta que una vez culmine sus estudios vuelva al país y postule su nombre a un cargo de elección popular aunque no sabe aún si lo hará por el Partido Liberal. "Depende de las condiciones en que se encuentre", dice. Una curul en el Congreso sería su primer objetivo. También le gustaría trabajar en la Fundación Luis Carlos Galán para el Desarrollo de la Democracia en programas de educación para que los colombianos se concientizaran de la importancia de votar y de saber escoger a sus dirigentes. ¿Por qué no se lanza ahora?
"Es prematuro. Primero quiero prepararme y desarrollar un proyecto político, desarrollar las ideas de mi padre que todavía están vigentes", dice Juan Manuel. Aunque no tiene el verbo apasionado de su padre, nadie duda que sí heredó su carisma y su simpatía. Estas cualidades y el hecho de ser un delfín podrían beneficiarlo en el futuro. El no lo niega pero es realista: "Ser delfín es una ventaja porque cuando arrancas tienes la ventaja de que la gente te conoce pero es una desventaja también porque si te equivocas la gente te va a juzgar con mayor severidad. Y puede suceder porque mi papá dejó la vara en un punto muy alto".

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