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Ocho hombres abusaron y golpearon a Rafael, al parecer, por su orientación sexual. - Foto: Getty Images

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“Pensé que era una pesadilla”, la desgarradora historia de Rafael, víctima de violación grupal en Barranquilla

Ante la Unidad de Investigación y Acusación de la JEP relató su difícil historia y como ha podido salir adelante a pesar de todo.

Rafael tenía apenas 28 años cuando pasó por una de las experiencias más tristes y difíciles de su vida, experiencia de la que poco a poco se ha ido recuperando, a pesar de las secuelas que le dejó el ataque, perpetrado en marzo de 2016.

Ante la Unidad de Investigación y Acusación de la JEP en el Teatro Santa Marta y junto a 82 hombres más víctimas de violencia sexual, con ocasión del conflicto armado, contó su terrible experiencia.

Según contó, en marzo de 2016, un supuesto amigo lo invitó al municipio de Soledad, cerca a Barranquilla, para participar de una fiesta. Emocionado por pasar un rato agradable en la reunión, Rafael se vistió y arregló y su amigo pasó a recogerlo en la moto.

“Llegué al lugar y el ambiente estaba bastante pesado (había mucho licor y consumo de droga). Eran aproximadamente las ocho de la noche. Había unas 20 personas. No me gustó el ambiente. Por eso decidí volverme para mi casa. Pero la persona que me llevó insistió mucho para que no me fuera. Al final dijo que una persona de su confianza me llevaría” , contó.

Sin embargo, el hombre, de unos 50 años, lo engañó y lo llevo por un camino desconocido llegando a un sitio oscuro, donde el hombre se detuvo y le ordenó que se bajara del vehículo.

“Recuerdo que estábamos cerca de un barranco. A lo lejos se veían las luces de unas casitas. De pronto, el tipo me puso un puñal en la espalda y, con palabras groseras y vulgares, me dijo que no lo mirara”, contó.

En ese momento, pensó que se trataba de un robo, así que solo le dijo al hombre que tomara todo lo que quisiera y se fuera. Pero entonces, en aquel instante, la historia dio un giro completamente diferente y, de la nada, aparecieron seis hombres más.

“Cuando (el motociclista) se fue, los seis hombres me arrastraron. Uno me cogió por el cabello. Otro me cogió por la bufanda que llevaba esa noche. Otro por los brazos. Me arrastraron hasta el pavimento. Yo no gritaba. Solo les decía que si me iban a robar, se llevaran todo lo que tenía. Empezaron a golpearme, a decirme muchas groserías, que yo era una marica, que personas como yo no debían existir”, narró la víctima.

Los hombres lo insultaron y golpearon varias veces, “ya estaba perdiendo el conocimiento porque con la bufanda me estaban ahorcando. Me tiraron al suelo. Uno de los hombres, con una bota de esas que tienen metal en la punta, me golpeó en un ojo. Otro, con la cacha de un revólver, me pegó en el otro ojo. Yo empecé a marearme, a irme. Lo peor era que yo no pedía ver por los golpes en los ojos. Desde luego tampoco sabía dónde estaba”, dijo la víctima.

El calvario no había terminado

Cuando se cansaron de golpearlo, uno de los hombres dijo que era mejor matarlo, pero desistieron y lo lanzaron en una zanja. Aún con algo de aliento, se levantó y llegó a otro lugar donde había otras personas, pero estas personas continuaron atacándolo.

“La gente empezó a escupirme. Yo no comprendía qué estaba pasando. Pensé que era una pesadilla. También pensé que a lo mejor ya estaba muerto. Intenté arrastrarme hasta otra parte. De repente, unos ocho hombres me agarraron. Me tomaron de los brazos. Al oído me dijeron que me iban a sacar de allí. En todo caso, no eran las primeras seis personas que me golpearon. De eso estoy seguro, por sus voces”, contó.

Sin embargo, los hombres le mintieron, lo lanzaron a una lata de zinc y comenzaron a abusar de él. “Eso duró entre tres y cuatro horas. Abusaron de mí uno detrás de otro. Pasaba el uno y seguía el otro. Cuando hicieron y deshicieron, los tipos se fueron”, narró la víctima.

Dice que, en medio del dolor y muy lastimado, se levantó, tomó un taxi que lo llevó a su casa, aunque no sabe cómo conocía la dirección ya que el no podía hablar, producto de los golpes.

Rafael entró a su casa y se acostó, sin embargo, su madre entró después y, al notar su estado, decidió llevarlo al hospital; recordó que su padre lloraba en el vehículo porque pensaba que se iba a morir.

Rafael duró seis meses hospitalizado, tres de ellos en cuidados intensivos. Tuvo fracturas en todo el cuerpo. Los médicos le dijeron que su recto tenía lesiones gravísimas. Durante el medio año que duró hospitalizado nunca pudo hablar. Poco a poco, a punta de terapias y constancia, recuperó el habla.

Además, producto de las violaciones, supo que había contraído VIH y gracias a la ayuda de especialistas entendió que el VIH es controlable y que, si tomaba con disciplina los medicamentos, se alimentaba bien y llevaba una vida sana, podía vivir muchos años. “Hoy tengo claro que me puedo morir de muchas cosas y no por ser portador de VIH”, observó Rafael, ahora con serenidad.

¿Quiénes lo atacaron?

Aunque todavía no sabe quienes fueron los responsables, Rafael contó que el supuesto amigo que lo llevó a la fiesta le confesó que el no quería golpearlo sino que quería matarlo.

Hoy en día, Rafael cree que el sujeto en mención tal vez se enamoró de él y que al no sentirse correspondido optó por la violencia. Incluso, antes de la golpiza, el tipo le había contado a Rafael que en parte estaba en Barranquilla huyendo de serios problemas (de toda índole) que había dejado en Bogotá.

Inicialmente, estaba tramitando una visa para irse a vivir a Canadá, donde la comunidad LGTBI tiene casas para atender a personas que, como él, fueron violentadas física y sexualmente por su orientación sexual. A última hora desistió del viaje. Prefirió quedarse en Colombia y seguir adelante.

Además, con el apoyo de la Unidad de Investigación y Acusación de la JEP ha recibido apoyo, pudo desahogarse con más víctimas de abuso. Empecé a volverle a ver sentido a mi vida, empecé a ver la vida desde una perspectiva diferente y positiva y empecé a mejorar” del cuerpo y del alma.

“Ya no tengo tanto miedo” y añadió que: “sobre todo, le hablan a uno como debe ser, porque le transmiten a uno paz y tranquilidad que es verdaderamente lo que uno necesita”.

(*) El nombre fue cambiado a petición de la víctima