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Terror en Santa Marta: escalofriantes relatos de extranjeros a quienes robaron y secuestraron

SEMANA recopila varios testimonios de turistas colombianos y extranjeros que fueron robados, secuestrados y ultrajados en la capital de Magdalena.


Los últimos meses para Santa Marta no han sido los mejores en cuanto a reputación nacional e internacional. La ciudad, uno de los destinos preferidos por propios y extraños, parece estar secuestrada por una ola de inseguridad que se manifiesta de todas las maneras posibles.

Las cifras muestran una tendencia al alza en robos a mano armada, cosquilleo, paseos millonarios, homicidios y hasta secuestros exprés. Pero como los números por sí solos no dimensionan el problema actual, SEMANA recogió varios testimonios de turistas víctimas de estos flagelos en la capital de Magdalena.

Y es que, de acuerdo con lo narrado por las víctimas, la mayoría son turistas extranjeros, aunque los nativos tampoco se escapan. Al ciudadano argentino Néstor Garrido, un ladrón intentó robarlo con arma blanca en pleno centro, luego de salir de una discoteca. En el forcejeo logró salvaguardar sus pertenencias, pero quedó advertido. “Uno dice que es una zona segura, pero ahora no lo sé, ¿por qué no hay un policía por ahí? En cinco minutos pasó de todo y mucha gente se metió para que yo no agrediera al atracador”, cuenta.

Sin embargo, los robos no son cuestión de una zona específica. La periodista Stephanía Diazgranados fue testigo de cómo tres tipos armados con un cuchillo la robaron a ella, a una amiga y a dos ciudadanos extranjeros –de Alemania y Francia– cerca de la playa de Taganga.

Recuerda que fue el pasado sábado a las dos de la madrugada. Luego de salir de un bar en la zona rosa, ella y su amiga decidieron acompañar a sus amigos extranjeros –ambos funcionarios de la ONU que acababan de llegar a Santa Marta, provenientes de Bogotá– hasta el hotel donde se hospedaban en Taganga. El acompañamiento tenía como misión blindarlos de posibles robos por parte de taxistas u otro tipo de delincuencia. Ellas son conscientes de que un extranjero deambulando por la ciudad a altas horas de la noche es un blanco apetecido por los criminales, entonces creyeron, ingenuamente, que con su presencia y acento de samarias los cuidarían. Nada más alejado de la realidad.

“Todo iba bien, en Taganga compramos algunas cervezas e íbamos camino a dejarlos a ellos en el hostal y de repente vienen tres chicos caminando y hablando entre ellos, luego se abalanzaron sobre nosotros, se pusieron unas capuchas en la cara y con cuchillos supergrandes nos intimidaron. A mi amiga le quitaron su bolso con el celular, a mí me quitaron el bolso, a uno de los chicos le quitaron el iPhone, Apple Watch (reloj), una cadena de oro, 300 dólares en efectivo, el otro chico alcanzó a correr y se salvó”, le contó Diazgranados a SEMANA.

Una vez cometido el hurto, los asaltantes las tocaron en sus partes íntimas. “Yo lo que hice fue bajar la mirada porque era un cuchillo muy grande. Uno de los atacantes me tocó el seno y otro le agarró la cola a mi amiga”, relata. Cuenta, además, que la Policía llegó una hora después y atendieron el requerimiento como si lo denunciado fuera algo ordinario, de esas cosas que suceden todos los días. “Al otro día, ellos (los extranjeros) compraron tiquetes para Bogotá y se fueron inmediatamente. Es la primera vez que me atracan en Santa Marta”.

La otra modalidad de robo aplicada a turistas en la capital del Magdalena es el secuestro exprés. El pasado mes, una familia bogotana llegó al aeropuerto de la ciudad y abordó un taxi; más tarde, sus miembros fueron conducidos a una zona inhóspita donde los robaron y amordazaron. La familia llegó a Santa Marta pasadas las cinco de la tarde y esperaba que la recogiera un transporte contratado previamente que la llevaría a Dibulla, La Guajira.

En medio de la espera –y la confusión– apareció el supuesto taxista y les indicó que era él quien los conduciría a su destino final. La familia, integrada por un adulto mayor, una mujer y un adolescente, abordó el vehículo.Metros más adelante, el taxista se desvió y los condujo hacia el sector de Playa Dormida, sur de Santa Marta. Allí, los despojaron de sus pertenencias: maletas, celulares, billeteras y dinero en efectivo. Luego del asalto, los dejaron amarrados en una zona lejana.

Según medios locales –y un video aficionado que circula en redes sociales–, los turistas pasaron la noche en ese lugar, amarrados y a la intemperie. Ya en la mañana del día siguiente fueron encontrados por trabajadores de la playa y moradores del lugar, quienes los auxiliaron y dieron aviso a las autoridades.

Todos estos casos se suman a denuncias de turistas que reclaman por el excesivo cobro de algunos prestadores de servicios turísticos. La semana pasada, 16 personas que llegaron de Bogotá se enfrentaron a lancheros y vendedores ambulantes en la playa de El Rodadero. “Hicimos un reclamo justo, porque no nos querían devolver 40.000 pesos que nos tenían pendientes. De ahí empezaron a atacarnos no solo los lancheros, sino también vendedores. Como pudimos nos defendimos, pero eran muchos los que nos cayeron al tiempo”, contó una de las turistas víctimas.

En medio de la confrontación, aparecieron los dueños de lo ajeno y despojaron a los turistas de varias de sus pertenencias. “A mi esposo le robaron una cadena de oro, a mi otro compañero el celular, nos robaron los zapatos, a mi compañera le quitaron sus cosas”, precisó la víctima.

¿Qué está pasando?

Lerber Dimas, analista y experto en seguridad, ha estudiado el fenómeno social que ha degenerado el orden público rural y urbano en Santa Marta. En una de sus conclusiones asegura que hay una atomización de estructuras paramilitares que mutaron en bandas delincuenciales. “Luego de la desmovilización en 2006 hubo una atomización de estructuras paramilitares con más de 13 grupos que operan en la zona urbana”, dice Dimas.

También asegura que en los últimos dos años han salido de la cárcel varios cabecillas paramilitares que han vuelto a delinquir con pequeñas estructuras urbanas, que se dedican exclusivamente al robo de extranjeros, sicariato y a la extorsión.

“Sumado a todo ese coctel delictivo, hay un ingrediente adicional, y es la migración de venezolanos. En todo proceso migratorio vienen personas con un perfil criminal alto (...) bandas extranjeras que se han integrado a estructuras locales”, dice Dimas. Algunas de las bandas venezolanas que operan en Santa Marta son reconocidas como Jayco Masacre y los Samuros, que están dedicadas al microtráfico de droga y armas, así como a los secuestros exprés. “El crimen en Santa Marta está organizado y hay un alto flujo de armas traumáticas”, señala el experto.

SEMANA intentó insistentemente comunicarse con el comandante de la Policía de Santa Marta, pero no fue posible.

La ciudad asiste a uno de sus periodos más complicados en materia de seguridad. De a poco, la bahía más linda de América está siendo raptada por la delincuencia.