CARTELERA

El susto perro de Moreno

Movido por el temor a fallar en la gran apuesta de su vida, el director colombiano Carlos Moreno cuidó cada detalle de su cinta Perro come perro con meticulosidad y obsesión.

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Enrique Patiño y Eduardo Arias
17 de abril de 2008 a las 7:00 p. m.
Perro come perro
Perro come perro

La que para muchos es la cinta mejor lograda del cine colombiano se estrena esta semana en el país. El director habló con Semana.com

El susto puede ser un motor de vida. Un impulso creador. Y la clave del éxito. Carlos Moreno, director y guionista de Perro come perro, puede dar fe de ello.
Sin susto todavía pero con emoción, seis años atrás arrancó la idea de su película . Basado en el relato breve Los malditos, de Alonso Torres, comenzó a adaptar el guión sobre un personaje que quiere recuperar unos dólares perdidos, otro que los toma para sí y un tercero que quiere cobrar venganza y es víctima de la brujería en una historia donde todo se entrelaza.

Lo que arrancó como un despropósito tomó vuelo pronto y se estrenó este viernes 18 de abril. Poco tiempo si se considera que era un proyecto de cine colombiano, nacido en Cali, de un director como Carlos Moreno que no tenía experiencia en cinematografía hasta ese momento, con un tema poco frecuente en el cine nacional como el suspenso y con la dificultad de tener que conseguirse la plata de la nada.

Con dos premios, uno al desarrollo y otro a la postproducción, arrancaron, y la mitad del dinero, arrancaron. “El festival de Sundance nos impulsó a acabar la película. Cuando Diego Ramírez (el productor) llegó a decirme que estábamos seleccionados, lo primero que sentí fue susto, mucho susto. Tener que presentar el producto en un evento de esos nos oblgió a terminar la cinta el 4 de enero, que era el plazo máximo. Sino, quizás no la habríamos terminado todavía”, dice Moreno.

Y fue el susto a equivocarse, precisamente, el que llevó a Moreno a planear todo con absoluta meticulosidad. “Pedí, del presupuesto, que me dieran un mes adicional para trabajar con los actores para que no nos pasara lo de siempre en las cintas colombianas, de que los protagonistas no estaban a tono con sus personajes y se sentía debilidad en las actuaciones -explica el director caleño-. Diego Ramírez lo aprobó y trabajé con Marlon Moreno y Óscar Borda en los escenarios naturales, escena por escena, e incluso nos quedamos en un hotel del centro igual a El Corso, donde rodamos. Allí dormimos, recorrimos los lugares y vivimos cada corte de la película. De tal forma, cuando llegamos a rodar de verdad, ya los actores estaban metidos en su papel”.

Para algunos fue un proceso doloroso, como le sucedió a Óscar Borda, a quien mucha gente, antes de iniciar el rodaje, le parecía inadecuado para el papel. “Pero llegó a meterse tanto que interiorizó su personaje y transmitió el dolor que llevaba dentro con total convicción”. Lo mismo sucede con el fallecido actor Blas Jaramillo, un hombre de teatro que se había rehusado a trabajar en televisión para no alterar su formación, y que llegó a interpretar al capo ‘El orejón’ con tal veracidad, que en la escena más dura de la cinta, en la que se emplea una motosierra y los protagonistas son enjuiciados, logró crear una atmósfera de silencio que ni los técnicos se atrevieron a romper.
“Todos le tenían miedo. Se les había olvidado que era una filmación”, aclara el director de Perro come perro. Marlon Moreno también tuvo su recompensa: ganó hace poco el premio como mejor actor del Festival de Cine de Guadalajara.

El susto de Moreno, de nuevo, lo llevó a supervisar en cada detalle, pero ya no con la rigurosidad que había aprendido del mundo publicitario o de su formación como documentalista, sino con el riesgo de que aquella cinta era la única carta que tenía para mostrar su capacidad como creador. “Contrario a la publicidad, donde todo está maquillado, acá busqué crear atmósferas donde todo fuera deprimente, los actores estuvieran sudorosos, despeinados, donde las paredes se vieran sucias, la estética fuera triste y desolada, y se sintiera el calor y la tensión. Realidad pura”. Pero no necesariamente para retratar un país, porque la historia no habla de drogas y puede suceder en cualquier lugar del mundo. “Es la de un hombre que se lleva unos dólares que no son suyos, una historia que puede ser contada en cualquier parte y en cualquier idioma”, recalca Moreno.

Así, con personajes “grasientos” y durante siete semanas (el rodaje se planeó para seis, pero el clima lluvioso en Cali obligó a cambiar las fechas) y con la mitad del presupuesto ya recaudado, la historia arrancó con el aval de haberse ganado la primera convocatoria del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico y la beca para el Desarrollo de Proyectos Cinematográficos de la Fundación Carolina. Del 21 de octubre al 10 de diciembre, con un equipo de 91 personas y durante 588 horas de filmación, rodaron todo lo que concibieron y que es, prácticamente, todo lo que se ve en la cinta. “Hay algunas escenas que recortamos, pero está todo lo que pensamos”.

El nombre salió de la canción Ahora me da pena, de Henry Fiol, que dice en su estribillo “Yo nací en Nueva York, en el condado de Manhattan, donde perro come perro y por un peso te matan”.

Y así, con el susto normal de todo principiante, Carlos Moreno y el productor Diego Ramírez fueron al Festival de Sundance, en pleno invierno, y se encontraron que en el estreno mundial y en las cinco funciones posteriores de la cinta no había rechazo ni miradas de recelo, sino un aplauso cerrado a su trabajo. Un medio llamó a la cinta una mezcla entre Reservoir Dogs y Nueve reinas, otro consideró a Moreno como el “Tarantino latino” y alguien más llamó a Perro come perro un “thriller tropical”. Moreno, como es lógico, encontró que podría haber mejorado detalles de la cinta, “pero ese es el proceso normal de maduración de todos los cineastas. Una obra o se termina o nunca acaba de corregirse”, dice. Los aplausos fueron su reconocimiento y el fin de su lógico temor.

Ahora, con 85 copias en nueve ciudades de Colombia se lanza la que quizás sea la obra de estética y propuesta más lograda que se ha realizado en el país. “Es una apuesta arriesgada. Sé que la película es dura, que es cruda, pero sé que es un buen producto”. Moreno trabaja ahora en el guión de su próxima cinta, que nace de una interpretación personal del libro El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. “Es una especie de Apocalypsis Now, una búsqueda en la selva de la maldad, también en forma de thriller”.

Por su calidad, la cinta fue comprada por Celluloid Dreams y será distribuida en el mundo por la agencia francesa que tiene en su lema ser la “marca de los directores”.

“El susto volverá en la siguiente película y me parece bien. Quiero hacerla con la misma intensidad de este primer intento, con la misma pasión y el mismo detalle”, remata Moreno.


Gran película


Lo que más me gustó de 'Perro come perro' fue su capacidad para contar una historia con el mínimo necesario. No me refiero a calidad técnica ni bajos presupuestos sino a la limpieza casi que absoluta del relato. Se habla poco y se muestra mucho. Una película que trata un tema horripilante en la que ninguna gota de sangre se derrama en vano. Una actuación para mi gusto soberbia, en la que los papeles de Blas Jaramillo, Marlos Moreno, Óscar Borda y Álvaro Rodríguez se complementan. Los excesos verbales y de sonrisas de Álvaro Rodríguez equilibran el silencio casi que absoluto de Borda y Moreno. El Orejón es un capo cruel y despiadado, pero está a un millón de años luz de distancia del cliché caricaturesco del mafioso promedio.
 
Me fascinó el manejo soberbio de las escenas de magia negra, de las pesadillas, temas en los que es muy fácil resbalar sin remedio.
Pero tal vez lo que más me gustó fue esa nueva mirada que el director le da a Cali. Con esos tintes a mitad de camino entre el blanco y negro y el color, con esas ráfagas propias de los video clips cuando los personajes se desplazan por la ciudad, con esa banda sonora que combina salsa y música del Pacífico, a veces folclórica, otras veces contemporánea.

No creo que sea perfecta. El juego del personaje que llama y llama preguntando por Adela en vez de crear tensión distrae un poco. Pero es un detalle menor que, además, buena parte del público celebró.
Cuando una historia tan sencilla como esta logra atraparlo a uno de esa manera, uno puede hablar de una película redonda, bien lograda. A mi, al menos, logró conmoverme esa historia a cargo de personajes tan ajenos a mis valores y mis ideales.