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| 3/13/2006 12:00:00 AM

Primera prueba de fuego a la reforma política

A pesar de las críticas, la reforma política demostró sus bondades. Análisis de Juan Carlos Rodríguez Raga.

Primera prueba de fuego a la reforma política Primera prueba de fuego a la reforma política
Durante el desarrollo de esta campaña electoral se escucharon varias voces que pregonaban el fracaso de la reforma política aprobada por el Congreso en 2003. Pero la realidad mostró los beneficios del nuevo sistema. El simple hecho de que los partidos hayan tenido que enfrentarse al proceso de conformar una lista única y de establecer un determinado orden para dicha lista, introdujo nuevas e interesantes dinámicas en los partidos, en la dirección buscada por los reformadores.

Las disputas internas que afloraron durante esta campaña, en lugar de mostrar el fracaso de la reforma, evidencian que las nuevas reglas electorales han creado una nueva estructura de incentivos a la cual los políticos y los partidos han debido adaptarse rápidamente. A los resultados de esta elección, seguirá un proceso de aprendizaje que seguramente irá haciendo visibles los efectos de la enmienda constitucional de 2003 en el mediano plazo.

De la elección del domingo, de cualquier forma, es posible hacer una primera evaluación a la reforma a partir de sus elementos constitutivos: el umbral, la cifra repartidora, las listas únicas y el voto preferente.

Umbral

El efecto del umbral fue evidente. De los 20 partidos que se presentaron a las elecciones para Congreso, sólo la mitad sobrevivieron a la exigencia del 2% de los votos válidos en el Senado. En este sentido, una primera conclusión que se puede sacar al observar los resultados de la jornada se relaciona con el fracaso de los movimientos personalistas.

En efecto, tres movimientos estaban asociados claramente a una personalidad: Por el País que Soñamos de Enrique Peñalosa, Dejen Jugar al Moreno de Carlos Moreno de Caro, y el Partido Visionarios de Antanas Mockus. De hecho, estos movimientos dependían tanto de la imagen de sus líderes que se vieron obligados a apelar ante los estrados judiciales cuando una primera determinación del Consejo Nacional Electoral les impedía incluir su foto o su nombre en el tarjetón.

En la jornada electoral de este domingo, estos tres movimientos, dirigidos por figuras que habían mostrado ser grandes electores en Bogotá, no lograron superar el umbral y hoy queda en entredicho su permanencia en la arena política del país.

Cifra repartidora

La fórmula de la cifra repartidora (o sistema d’Hondt) fue incluida en la reforma de 2003 con el fin de corregir el perverso uso que venían haciendo las microempresas electorales del sistema de cocientes y residuos. La nueva fórmula tiene, en teoría, dos efectos principales con respecto a la agrupación partidista.

Por una parte, no contempla incentivo alguno para la operación avispa, en la medida en que ningún grupo de candidatos obtendría mejores dividendos electorales por presentarse de forma separada que si lo hiciera en una sola lista. Aun más, el mecanismo de asignación de curules contiene un elemento de desproporcionalidad que “premia” a los partidos con mayores votaciones.

El funcionamiento de la cifra repartidora durante estas elecciones legislativas ilustra bien estos efectos esperados. Por un lado, en combinación con el umbral electoral, el sistema d’Hondt contribuyó a filtrar el sistema de partidos, reduciendo a la mitad la cantidad de movimientos que obtuvo representación en el Senado. Por otro, otorgó un número de curules proporcionalmente mayor a las listas mayoritarias.

Para comprobar este efecto basta observar cómo el Partido de la “U” obtuvo el 20% de los escaños en el Senado con apenas poco más del 17% de los votos válidos, el Partido Conservador accedió al 18 por ciento de las curules con 16% de los votos, el Partido Liberal ocupará el 17% del Senado al haber recibido el 15% de los votos, y Cambio Radical obtuvo 15 escaños con poco más del 13% de los sufragios.

Listas únicas

La necesidad de agruparse en listas únicas produjo resultados mixtos. Por una parte, se presentaron listas más bien coherentes y disciplinadas tales como la del Polo Democrático Alternativo y la del Partido Conservador –el gran ganador de la jornada-. En menor medida, la lista de Cambio Radical también contó con la clara dirección de Germán Vargas Lleras, quien duplicó la votación del segundo elegido por dicha lista, Mario Londoño Arcila.

Por otra parte, sin embargo, la lista con mayor votación para el Senado en la jornada electoral de este domingo, el Partido de la “U”, parece en realidad más una coalición ad-hoc de personalidades venidas de otros partidos y movimientos, ex ministros, líderes de opinión, etc., que un partido con alguna cohesión ideológica. Aunque todos los partidos y movimientos que han sido avalados por el presidente Uribe dependerán de la popularidad de éste para mantener aglutinados a sus miembros en el Congreso, el Partido de la “U” parece ser particularmente frágil en este sentido y, en vista de la debilidad de la ley de bancadas, podría sufrir una desbandada en caso de que un eventual segundo período de Uribe erosione sensiblemente sus índices de aprobación.

Voto preferente

De acuerdo con la reforma de 2003, los partidos en cada circunscripción tienen dos opciones en cuanto al tipo de listas que presentan a la consideración de sus electores. Por una parte, pueden postular una lista cerrada ante la cual los votantes sólo pueden marcar su preferencia por el partido y deben acatar el orden preestablecido por las directivas del partido.

Por otra parte, los movimientos tienen la posibilidad de presentarse a la elección con una lista abierta. Los votantes, en este caso, tienen a su vez dos opciones. Pueden marcar únicamente el logo del partido sin manifestar su preferencia por ningún candidato en particular, o pueden, además, elegir a un miembro de la lista. En las listas con voto preferente, por consiguiente, son los electores que hacen uso de éste quienes determinan el orden final de la lista.

Los resultados de la elección de este domingo muestran claramente que las partidos y movimientos ganadores optaron mayoritariamente por presentar listas abiertas. De los diez partidos que obtuvieron curules en el Senado, sólo uno se presentó con lista cerrada: el Movimiento Mira, encabezada por Alexandra Moreno Piraquive. Este movimiento, el último de quienes superaron el umbral del 2% en el Senado, ya había adoptado esta misma estrategia de disciplina estricta en las elecciones locales de octubre de 2003.

Otros movimientos que optaron por no hacer uso del voto preferente no lograron superar el umbral del Senado y, por consiguiente, no alcanzaron ningún escaño. Entre éstos se destacan los movimientos personalistas de Enrique Peñalosa y Antanas Mockus, además del movimiento C-4 de Jimmy Chamorro y de otras agrupaciones minúsculas.

Esta tendencia es aun más evidente si se observa que, entre las listas abiertas que lograron superar el umbral, sólo alrededor del 20% de sus electores, en promedio, optaron por emitir un voto de partido, mientras que, entre los partidos perdedores que presentaron listas abiertas, más de la mitad de sus votantes decidieron no votar por ningún candidato individual. En otras palabras, no sólo las listas cerradas fueron menos exitosas que las abiertas, sino que, aun entre éstas, el voto de partido perdió frente al voto personalista.

Conclusión

Partidos y electores se enfrentaron por primera vez este domingo a la aplicación de las nuevas reglas electorales a nivel nacional. Los resultados, aunque quizás no son los deseados por quienes aspiran al surgimiento inmediato de un sistema de partidos coherente e institucionalizado, sí van en la dirección buscada por el espíritu de la reforma. No podemos olvidar que, a diferencia de lo ocurrido en las últimas elecciones cuando los partidos eran lastres incómodos para los candidatos que se empeñaban en ocultarlos, esta campaña significó el rescate de los símbolos partidistas, que sin duda ocuparon un lugar protagónico en la omnipresente publicidad electoral.

El éxito último de la reforma dependerá en realidad del comportamiento legislativo de los partidos elegidos. La ley de bancadas, al dejarles a éstos la potestad de determinar cuándo deben actuar unidos y cuándo se da libertad de voto, adolece de una fragilidad estructural que puede resultar en niveles realmente pobres de disciplina partidista en la discusión de proyectos claves en el Congreso.

Sin embargo, aun para decidir que ante un proyecto determinado actuarán individualmente y no como bancada, los partidos deberán enfrentarse a un nuevo problema de acción colectiva y los mecanismos para llegar a dicha decisión crean una vez más dinámicas internas interesantes que pueden contribuir a su institucionalización.
 
* Departamento de Ciencia Política - Universidad de los Andes

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