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Alberto Donadio  Columna

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Alejandro Gaviria, a cambiar la estrella

Salvo un milagro, su candidatura ya no es viable.

Alberto Donadío
18 de diciembre de 2021

Al iniciar su campaña presidencial en agosto, Alejandro Gaviria afirmó sobre el nombramiento de Alberto Carrasquilla en la junta directiva del Banco de la República: “Yo conozco a Alberto Carrasquilla hace 25 años. Es, probablemente, la persona que más sabe de política monetaria en el país, conoce ese tema, conoce el Banco de la República por dentro”. Le llovieron todas las críticas, pues la reforma tributaria de Carrasquilla, que el Gobierno tuvo que archivar, fue causa eficiente de protestas masivas en todo el país. Gaviria dijo entonces: “Cometí un error… no he dormido bien estos días… improvisé una mala respuesta”.

En realidad, el primer comentario es probablemente la sincera y espontánea opinión del exministro de Salud sobre el exministro de Hacienda. No es la primera vez que Gaviria patina. En 2013, como ministro de Santos, afirmó que los administradores de las EPS “ya no podrán, como ocurrió en el pasado, disponer de la liquidez del sistema para hacer inversiones inmobiliarias o construir canchas de golf”. La única EPS acusada de utilizar recursos de la salud para un campo de golf era Saludcoop, de modo que la alusión del ministro se refería a la EPS que manejó hasta 2011 Carlos Palacino. Cuando le pidieron a Gaviria por derecho de petición que rectificara sus afirmaciones, pues no hay pruebas de que Saludcoop haya desviado dineros de la salud para el complejo golfístico que efectivamente se construyó en Restrepo (Meta), Gaviria no accedió. “Me he limitado a discutir hechos que han sido ampliamente cubiertos por los medios en diferentes investigaciones periodísticas”, anotó el ministro.

Resulta, sin embargo, que esas investigaciones periodísticas estaban equivocadas. Sí se levantó un complejo golfístico y hotelero llamado Villa Valeria, pero con un préstamo del Banco de Bogotá y con aportes de particulares. Seguramente, los proveedores de Saludcoop fueron presionados, o se sintieron presionados, para comprar suites hoteleras, pero eso no significa que dineros de la EPS hubieran financiado los hoyos de golf. Como la opinión pública no estaba observando cuando contestó el derecho de petición, Gaviria no rectificó. Como no había entrevistadores radiales, no se amparó en el insomnio. La Contraloría, en cambio, no acusó a Saludcoop de la supuesta desviación. En un oficio, la contralora encargada Ligia Helena Borrero señaló: “Nunca se afirmó que Saludcoop EPS hubiese usado recursos públicos de la Seguridad Social para la realización de las referidas construcciones”. Si alguien podía tener pruebas del supuesto ilícito era el ministro de Salud Alejandro Gaviria. Que no las haya invocado indica que no existen. Y no existen porque el hecho no se dio. No hubo desviación de miles de millones de pesos de la salud hacia el hotel y campo de golf. Por eso, el ministro Gaviria se refugió en lo que dijeron “los medios”.

En agosto, en entrevista con Ernesto Cortés de El Tiempo, Gaviria indicó que para diciembre o enero él debería tener 10 o 12 por ciento en las encuestas. Llegamos a diciembre y él está, según la última encuesta, en el 1 por ciento. Salvo un milagro, su candidatura ya no es viable. Gaviria no ha sido nunca acusado de corrupción. Es un académico. Es ingeniero y economista y, de ñapa, parece un bacteriólogo que con sus grandes ojos escudriña bichos en el microscopio. Fue escogido en una ocasión como el mejor profesor de economía del país. Como rector en las ceremonias de grado en la Universidad de los Andes, citaba a Borges y a un nonagenario poeta venezolano, Rafael Cadenas. (“Cada minuto es un regalo y eso nos debería volver humildes”.) Gaviria defiende como una de sus cualidades principales la autenticidad. Gaviria se proclama enemigo de la mentira como principio, como arma política, “de la mentira que nunca lleva a una retractación”. Ya se sabe que no será presidente de la república. ¿Por qué no aplica a los vestigios de su campaña política lo que este año recomendó a los graduandos uniandinos: “Caminar hacia donde sus estrellas los llaman, siempre dispuestos a cambiar de estrella”?

¿Por qué no ventila voluntariamente en sus discursos que no obró con autenticidad en el caso de la acusación a Saludcoop? ¿Por qué no reconoce con humildad el error? Eso no le dará más votos, pero sería una gran cátedra pública dictada por un académico antes de finiquitar lo que fue apenas un sueño y una quimera.

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