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Opinión

  • | 2019/11/05 14:00

    Bent

    Bent va sobre el amor, el humor y la esperanza, pero sobre todo sobre la capacidad de resistencia del hombre, especialmente en tiempos como los de hoy, cuando el odio cubre la política como una sombra negra y larga. Como dice Laura en la canción, '¿Cuándo lo comprenderán?'.

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La primera vez que vi Bent me impactó. La segunda, me conmovió. En aquella ocasión tenía 19 años y mi cabeza estaba vuelta un chiquero por cuenta de los prejuicios y el miedo a la homosexualidad. La segunda fue hace quince días en el estreno que hizo la Universidad Konrad Lorenz en el bello y acogedor Teatro Sonia Fajardo. 

Bent, que traduce invertido, torcido, es una pieza teatral escrita por Martin Sherman en 1979. Narra la persecución a homosexuales durante el nazismo a partir del verano de 1934 -apenas un año después de que Hitler asumiera el poder luego de pactar con las viejas élites alemanas-, cuando se adelantó la famosa Operación Colibrí, una purga que condujo al asesinato de importantes políticos.

En política, una purga es la remoción de personas consideradas nocivas, peligrosas o indeseables para el régimen. Muchos de estas personas asesinadas eran miembros de una organización paramilitar nazi con más de 3 millones de militantes llamada Sturmabteilung (SA), a la que Hitler se oponía en su afán por apoderarse de todas las estructuras del Estado. El líder de la SA, quien fue arrestado personalmente por Hitler, era un homosexual asumido llamado Ernst Röhm.  

La Operación Colibrí también se conoce como “La noche de los cuchillos largos” y llevó a la detención de miles de homosexuales (50.000 murieron bajo el terror del nazismo) para que realizaran tareas pesadas en campos de concentración, como trasladar grandes piedras de un lugar a otro. Eran reconocidos por un triángulo rosado que llevaban sobre la camisa a la altura del corazón. 

Sobre estos hechos el historiador vienés Hans Neumann publicó un libro en 1972 llamado Los hombres del triángulo rosa que recoge quince testimonios de homosexuales sobrevivientes. Estos testimonios inspiraron la obra teatral de Sherman, la cual fue primero estrenada en Londres en mayo de 1979 y luego a lo largo de todo el mundo, siendo la versión más conocida la protagonizada por Richard Gere en Broadway en 1980. Apenas cuatro años después se presentó por primera vez en el país con el actor Juan Fisher como uno de sus protagonistas. 

Fisher regresa, pero esta vez como director. Los protagónicos recaen ahora en Tiberio Cruz y Andrés Suárez, quizás la mejor actuación en la carrera de cada uno de ellos hasta hoy, uno en el papel de Max, quien por amor decide no huir de Alemania cuando su tío le entrega un pasaporte falso. El otro es Rudy, un joven inteligente que maneja muy bien la ironía. 

Rudy conoce a Max en el campo de concentración y le muestra el valor de la dignidad que reside en aceptarse uno a sí mismo y reconocer lo que uno es (lo que va muchísimo más allá de “dar la cara” los sábados en Theatron). Se enamoran y se hacen amantes bajo la constante amenaza de un vigilante listo a dispararles, sin poder mirarse a los ojos ni tocarse. El amor se da a partir de la palabra y la imaginación, y es aquí donde reside la belleza de la obra, que llega a su clímax en esa conmovedora escena en la que, sin tocarse, hacen el amor y confirman la urgencia de la caricia sobre la piel. 

La puesta en escena en el Sonia Fajardo también es bellísima. Al tratarse de un teatro pequeño el espectador prácticamente se mete en la tarima, a lo que se suma la construcción de la escenografía a tiempo en que se desarrolla la obra, lo que crea un espacio íntimo y cercano a la historia. 

Todo el elenco es maravilloso. Resalta particularmente la actuación de Laura García como travesti y su interpretación de Sag mir wo die Blumen sind que nos recuerda aquella hermosísima interpretación de Marlene Dietrich en la ONU. Aunque al final me pregunto si la guapura de los protagonistas no desvía un poco la atención de la obra.  

Bent va sobre el amor, el humor y la esperanza, pero sobre todo sobre la capacidad de resistencia del hombre, especialmente en tiempos como los de hoy, cuando el odio cubre la política como una sombra negra y larga. Como dice Laura en la canción, “¿Cuándo lo comprenderán?”.  

@sanchezbaute 

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