OPINIÓN

Redacción Semana

Consejos de Juventud: la mayoría de edad de la democracia

El éxito administrativo de la Registraduría demuestra que los obstáculos técnicos a la participación pueden ser demolidos con gestión y voluntad.
27 de octubre de 2025, 2:17 p. m.

Las elecciones de Consejos de Juventud de 2025 marcan un punto de inflexión. Es fácil quedarse con el titular de una participación que aún no despega, pero los datos subyacentes cuentan una historia de maduración y potencial.

Con más de 1.5 millones de jóvenes en las urnas, un 18 % más que en 2021, y una reducción histórica de los votos nulos de casi el 23 % a menos del 2 %, hemos superado una etapa crucial. El éxito administrativo de la Registraduría demuestra que los obstáculos técnicos a la participación pueden ser demolidos con gestión y voluntad. La pregunta ya no es si el mecanismo puede funcionar, sino cómo desatar todo su poder transformador.

La verdadera noticia está en el cambio de paradigma político que revelan las urnas. Si bien los partidos tradicionales mantienen una mayoría, la fuerza con mayor crecimiento es la de los ‘procesos y prácticas organizativas’, que escaló del 14 % al 18,5 % del total de votos.

Este dato no es menor: refleja una juventud que gravita hacia formas de representación más auténticas, ancladas en causas y comunidades. Estamos presenciando el surgimiento de un nuevo capital político,uno que prioriza la agenda social sobre la maquinaria tradicional y que ve en los consejos el semillero ideal para un nuevo tipo de liderazgo.

Los desafíos estructurales, como la falta de poder vinculante, no deben ser vistos como un defecto de diseño, sino como el crisol donde se forja la política del futuro.

Al no tener presupuesto propio ni capacidad de ordenar el gasto, los consejeros están obligados a dominar las herramientas más sofisticadas de la democracia: la concertación, la veeduría y la incidencia pública. Su poder no radica en la imposición, sino en la persuasión y la legitimidad de sus propuestas. Los consejos son, por tanto, la más avanzada ‘escuela de ciudadanía y democracia’ del país, un espacio que forma líderes capaces de construir consensos en lugar de simplemente administrar recursos.

El camino hacia adelante es claro. Ya tenemos un proceso electoral robusto y una generación de líderes emergentes. El siguiente paso requiere que el ecosistema institucional esté a la altura. Aquí, el rol de la Personería de Bogotá es fundamental como un órgano que garantiza derechos, promueve la participación y actúa como un catalizador de la democracia juvenil. Su papel es asegurar que el diálogo entre los jóvenes y la administración sea fluido y productivo, un mediador que asegura que la energía de los consejeros se traduzca en incidencia real y no en frustración. Al acompañar a los consejos, la Personería no solo vigila, sino que empodera, convirtiéndose en el socio institucional que necesitan para que su voz resuene en los pasillos del poder local.

Fortalecer los Consejos de Juventud no es una concesión, es una inversión en la gobernabilidad futura. Las elecciones de 2025 no fueron un fin, sino un comienzo. La democracia juvenil ha demostrado que puede caminar con paso firme. Ahora es responsabilidad de todos abrirle los caminos para que pueda correr.