Le di ‘like’ al video en que Alejandro Ordóñez se convertía en youtuber para promover una marcha contra la corrupción, y le di like por todo: por las tirantas que le daban un aire entre juvenil y cómico al miembro egregio del neonazismo criollo, fundador angular del Ku Klux Klan, capítulo Girón; por la vehemencia de su llamado,tan diferente a aquella suavidad de trato con que manejaba a los parapolíticos mientras fue procurador; pero, muy especialmente, por su sentido de la autocrítica: sí, ese abuelo rollizo y comediante que brincaba de lado a lado con una núbil jovenzuela que lo apoyaba en su clamor podía lucir ridículo, no lo niego, pero al menos daba ejemplo.
Pensé: “Necesitamos más funcionarios como él: ¿a cuenta de qué Popeye debe ser el único ‘youtuber’ de la ultraderecha?; al fin hay un líder vigoroso: ¿creían, acaso, que las constantes alusiones a la vaselina convertían al exprocurador en hombre pasivo? De ninguna manera: he acá a un dirigente autocrítico, capaz de reconocer sus errores de la manera más franca y orginal: citando a una marcha contra sí mismo. Parece un ejercicio mockusiano”.
Pero cuando las noticias se decantaron comprendí mi ingenuidad: lo que Ordóñez organiza, en compañía de Álvaro Uribe, es una marcha para protestar contra la corrupción de los otros, no de la suya propia: ¡una marcha para rechazar la corrupción en general, no la particular!
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Yo sé que Santos no es dueño único del cinismo nacional; que a mi tío Ernesto no le lució dar lecciones de financiación de campañas en su cuenta de Twitter cuando estalló el escándalo de Odebrecht; que la forma en que Petro posó de urbanista ante la inauguración del deprimido de la 94, que tuvo cuatro años para concluir, expresa lo que somos. Pero que Uribe y Ordóñez pregonen la lucha contra la corrupción es el culmen: ¿no son muy desgradecidos? ¿Qué sigue después? ¿Un plantón de Maluma para protestar contra las letras vulgares? ¿Esa es la paz de Santos?
La marcha será una forma de extrañar a esos bastiones del uribismo que no asistirán porque se encuentran presos o prófugos. Por corrupción. Y puedo imaginar desde ya la forma en que sucederá: fiel a su estilo, el exprocurador ofrecerá puestos a las esposas de quienes sostengan las pancartas, y ordenará a las decenas de guardaespaldas que, por decreto, se autoasignó instantes antes de salir destituido de su cargo, a que llenen cuadras enteras. Daniel García viajará a Brasil acompañado de Zuluaga e Iván Duque (quien se parará al baño en el justo momento en que la comitiva pida a funcionarios de Odebrecht que financien la hidratación de los marchantes con botellitas marcadas, como las de la Cámara), y regresarán para integrarse, porque Uribe dará la orden a los suyos de que salgan a marchar antes de que los metan presos, incluyendo al pobre David Zuluaga, un muchacho de 26 años cuyo papá lo metió en el enredo de la vida, o al revés:
–David, hijito –le dirá Uribe–: venga para acá, imíteme para hacernos reír, luego vaya a la marcha y después se me va a la citación de la Fiscalía y me lleva estos zapatos, para que me los embolen.
Porque Uribe se mandaba embolar en la Fiscalía, y no en SoHo, a diferencia de Yidis Medina, cuyos exsocios de cohecho –Sabas y compañía– confirmaron asistencia.
Las pancartas tendrán leyendas memorables: “¡Agro Ingreso, Presente, Presente, Presente!”; “¡AsoBuenosMuchachos con la marcha!”; “Zona Franca de Occidente os Saluda”; “¡Se vive, se siente, Ralito está presente!”.
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Y Ordóñez de nuevo mirará para otra parte cada vez que pasen a su lado Gabriel García Morales, Daniel García y demás activistas anticorrupción implicados en el escándalo de Odebrecht. (Juan Carlos Vélez Uribe, incluso, ofrecerá otra confesión en La República: “Hicimos que la gente creyera que los corruptos eran los otros, para que salieran a marchar berracos”).
Pero, a pesar de lo anterior, yo también saldré a la calle. Lo confieso. Y lo haré por una razón elemental: no han sido días fáciles para el Goebbels búcaro, para el Trump de Santander. La Asamblea de Antioquia anunció que lo cobijaría como vástago de honor del departamento: que repetiría en él la historia de Nuestro Señor, para que naciera como hijo putativo en un portal de Yarumal, arropado por la paja de su propio discurso y calentado por el vaho de Valencia Cossio y otras vacas sagradas de su partido.
Iba a ser extraño ver a Ordóñez adoptado por hombres, sí, pero más raro fue verlo convertido en un hijo abortado. Porque, súbitamente, la misma Asamblea le retiró el homenaje, y por poco no lo aceptan de vuelta en Santander, donde le negaron otro homenaje, y por un momento pensé que el defenestrado y destituido semiángel vagaría sin pueblo fijo, convertido en paradójico judío errante del nacionalismo católico.
Como youtuber solidario y gremial, dueño, en el fondo, de un gran corazón, me resisto a que el doctor Ordóñez sufra un nuevo revés. Y por eso he decidido acompañarlo.
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Los invito, pues, a que acudan al llamado. Sobre todo a las autoridades. Finalmente, esta marcha del ordoñouribismo no solo será una expresión para rechazar prácticas torcidas, sino el lugar ideal para hacer una redada.
