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Paula López

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Desde que el amor se volvió desechable

Nos han enseñado que nuestra felicidad depende del amor y la entrega de otro ser humano, del tener cosas materiales o del éxito alcanzado profesionalmente,

Redacción Semana
28 de noviembre de 2023

Los seres humanos se están convirtiendo en animales sin alma, están yendo en contra de su naturaleza espiritual, pues por más de que se intente ignorar el alma y hacer de cuenta de que no habita en nuestro interior, cada vez que la agredimos o la deshonramos se incrementa en sus entrañas el vacío existencial

El alma llora desolada desde que el amor se volvió desechable, Edvard Munch lo supo plasmar magistralmente en su obra de expresionismo El grito, pintada en el año 1893, en el que el pintor noruego refleja la ansiedad y la angustia del ser humano.

Nos han enseñado que nuestra felicidad depende del amor y la entrega de otro ser humano, del tener cosas materiales o del éxito alcanzado profesionalmente, pero ¿Qué pasa si perdemos algo de esto?

¿Estamos condenados a vivir presos de la ansiedad y la angustia?

Vivimos en una sociedad en la que ahora, más que nunca, el amor se ha vuelto desechable, las personas se usan unas a otras y luego se desechan sin compromiso ni lealtad o respeto a la dignidad del otro.

Basta con adentrarnos en el mundo del consumismo humano, en el que la entrega genuina, el amor, el compromiso, la construcción de vínculos afectivos con sentido ya no existe.

Somos testigos de como estamos viviendo en una sociedad presa de los antivalores, en el que la promiscuidad, la búsqueda de placer sin reglas morales, el abuso y el uso del otro, del cuerpo del otro, la dignidad del otro, como objeto de satisfacción personal, ha denigrado y ha convertido en un objeto lo que debería ser honrado como un ser sagrado.

Las personas se besan, tienen relaciones íntimas, sin ningún tipo de pudor, con quienes se van topando por el camino, convirtiéndose en cosas que se usan y se tiran y luego se reponen con la misma rapidez con la que se utilizaron, por esta honra a la decadencia es que insisto que el amor se volvió desechable.

Ya no vemos renuncias y sacrificios por amor, ya no vemos noviazgos puros y honestos entre nuestros adolescentes, en los que se toman el tiempo para conquistar, enamorar, consentir y cuidar al otro, ahora vemos a nuestros jóvenes presos del alcohol y en ocasiones de las drogas, lo que los conduce a tener relaciones fugaces de una sola noche, o inclusive un par de horas, en las que muchas veces ni conocen el nombre de la persona a quien se están entregando.

Los adultos tampoco son un ejemplo para seguir, pues se encuentran encadenados al relativismo moral en el que la epidemia de la infidelidad, el adulterio y la estafa emocional se ha vuelto el pan de cada día en todos nuestros hogares sin ningún tipo de escrúpulo.

¿A dónde vamos a parar?

Nuestra sociedad está inundada de depresión y ansiedad, los antidepresivos y los ansiolíticos se han vuelto el pan nuestro de cada día, pues las personas se están alejando cada vez más de la búsqueda del ser y se han obsesionado por la búsqueda del placer.

Hoy se bota a la basura una relación de pareja por una aventura clandestina, hoy se engaña, se miente, se destruye lo sagrado por vivir en lo superficial y efímero.

Si nos adentramos en el corazón de nuestros niños y nuestros jóvenes y tuviéramos un diálogo interno y profundo con sus almas, estoy segura de que ellos tienen un anhelo genuino, el crecer en hogares con abuelos y padres capaces de honrar los valores familiares para crear espacios de nutrición emocional y contención espiritual.

En mi trabajo espiritual y terapéutico con miles de jóvenes fui testigo de como las heridas más profundas y los choques emocionales más fuertes se daban cuando se rompían sus hogares por el divorcio de sus padres.

Es imposible construir una sociedad estable y sana desde el punto de vista de salud mental y estabilidad emocional, si las personas alimentan el vacío existencial, tratando de vivir vidas carentes de moral, de espiritualidad, de valores y de compromisos.

No se puede alcanzar la paz interior si se vive ignorando las necesidades humanas del alma.

No habrá jamás familias unidas y felices si los padres no enseñan a sus hijos que el valor más grande es el amor y que, como tal, amarse en el tiempo requiere compromiso, sacrificios, renuncias, honestidad, fidelidad y vivir una vida en la que la riqueza interior sea más importante que las demandas impulsivas del ego.

El amor se ha vuelto desechable y las almas rotas van caminando por el mundo con una necesidad espiritual y afectiva profunda; encontrar un alma gemela que la acompañe y la acaricie con un amor genuino y verdadero de esos que hacían de la vida una experiencia compartida y acompañada en complicidad y armonía.

Cuantas mujeres solas, cuantos hombres solos, cuantas almas desgarradas que ya no confían en el amor, pues el amor no puede dar frutos cuando sus raíces se han arrancado y se han secado esperando que se les regara para florecer.

Nuestros jardines, nuestras familias, nuestros hijos anhelan florecer en el amor genuino y verdadero, pues si plantamos y alimentamos el desamor, eso es lo que cosecharemos.

La angustia, la perturbación interior, el vacío y la sensación de soledad, aun estando en compañía de otros, seguirá estando presente en el alma de las personas, mientras estas no sean capaces de dar una mirada a su interior, para escuchar el grito desesperado que brota de sus entrañas.

Nadie encuentra el amor y la paz, si no es capaz de aquietar su vida para escuchar la voz sagrada de su intuición, la cual representa la voz de Dios en nuestro interior, que es el GPS del alma, el que te conducirá en la dirección correcta.

Pasar de un cuerpo a otro, saltar de una relación a otra, atenta contra nuestra propia dignidad, pues nuestro cuerpo, nuestro corazón y nuestra entrega a otro ser, es algo sagrado y puro, de no ser así, se va malgastando y contaminando, como si fuera la ropa sucia, que nos ponemos y luego se echa a lavar para volver a usar como si nada, este abuso no se lo podemos dar al alma ni a nuestra piel, pues somos templos sagrados que si no cuidamos, nos vamos creando dolor y desolación, huellas que quedan escondidas en lo más profundo, aunque intentemos ignorarlas.

Mi invitación es a que recuperemos el amor, que lo saquemos de la cesta de la basura y le devolvamos la honra y el respeto que se merece, solo así el ser humano podrá callar ese grito desgarrador de su alma, para cambiarlo por la genuina paz interior que viene de ser leal a las necesidades profundas del alma, las cuales se oponen a las del ego.

Mi píldora para el alma

Pregúntale a tu alma que es lo que más desea hoy, escucha su grito interior, su respuesta te guiara en la dirección correcta