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Aurelio Suárez Montoya. Columna Semana

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El café que tomamos es importado, otra “proeza” de la Federación de Cafeteros

Por los altos precios internacionales, los exportadores enviaron toda la producción al mercado exterior e impusieron el “tinto importado” para el consumo nacional.

Aurelio Suárez Montoya
17 de junio de 2023

Las importaciones de café verde no paran de crecer desde 2019. Aunque parezca insólito, datos oficiales indican que desde ese año aumenta la llegada de otros orígenes, de Brasil (el mayor), Perú, Ecuador, Honduras y Vietnam, y procesado de Bélgica, Estados Unidos, Italia y Alemania, que hasta podrían ser reexportaciones del nuestro, en tostado, sin descafeinar y molido, soluble, liofilizado o en varias más.

¿Quién creyera que el café, primer producto agrícola de exportación, con medio millón de familias minifundistas y centenares de empresarios rurales dedicados a su cultivo, en más de 800.000 hectáreas, cerca de 400 municipios y 17 departamentos, iría a contribuir al desbalance comercial externo en los adversos tiempos de los TLC?

Las importaciones cafeteras valieron 74 millones de dólares en 2019, 101 millones en 2020 y 131 en 2021. Pasaron, respectivamente, de 44.149 toneladas a 63.451 y a 131.538 (Bloomberg-Dian). Para 2022, las importaciones crecieron 78 por ciento, “superando ampliamente los 2 millones de sacos (de 60 kilos) por primera vez en la historia” (Fedecafé) y pasando los 400 millones de dólares.

¿Cuáles son las razones para tal avalancha de café extranjero? Por los altos precios internacionales, los exportadores enviaron toda la producción al mercado exterior e impusieron el “tinto importado” para el consumo nacional, que bordea 2 millones de sacos al año. No es lo único, las compras externas también sirven para completar exportaciones porque la cosecha nacional ha caído, de 2019 a 2022, de 15 millones de sacos a 11. Asimismo, los “incumplimientos” de algunos caficultores, que no entregaron a los distintos agentes las cantidades prometidas a futuro, impelieron a la trampa de reemplazarlas con grano foráneo camuflado, aprovechando además flexibilidades introducidas para poner afuera el “product of Colombia”. Se arriesgan la prima de calidad que recibe el suave colombiano, su denominación de origen, y la sanidad vegetal, al mezclar especies extranjeras no vigiladas. Colombia se consolida “como importador para autoconsumo” (Bancolombia). ¡Lo que no se sabía es que la propia Federación de Cafeteros anduviera en las mismas!

La olla se destapó luego de que la fábrica de su propiedad, café Buendía, le rechazó en julio de 2022 a otra filial, Almacafé, un lote comprado al importador del Huila, Guillermo Pineda, por 14.300 millones de pesos. ¡Ahí fue Troya! Como se sabe, Almacafé trilla el café, como actividad principal registrada, y se encarga de adquirir productos y subproductos para las exportaciones oficiales, con recursos públicos del Fondo Nacional.

La razón es vergonzosa: fueron 7.000 sacos, como dice el gerente de la Federación, Germán Bahamón, que tenían “hasta 30 por ciento de canephora”, sin controles, que “no cumplía las exigencias” (SEMANA, 16/06/23). Una muestra de la descomposición del mercado cafetero colombiano, en el que “basuras” de cualquier origen, sin descartar lavado de activos en tal comercio, encuentran puerto seguro.

Surgen a la sazón ciertas preguntas: ¿la ligereza de los compradores de Almacafé, del Huila y a escala nacional, fue para desenredar al importador de marras? ¿Por qué además se compró “a precio de coproducto colombiano”? ¿Por qué la Junta Directiva, en la que algunos miembros principales llevan años asentados, como el presidente, Iván Arango, “se acaba de enterar”? ¿Por qué Germán Bahamón habla de la salida de algunos directivos, como la del gerente perpetuo de Almacafé, Octavio Castilla, si la decisión fue darle un lapso para tramitar la pensión? ¿Cuál es la política de compras de Almacafé, concentrada en un puñado de proveedores con jugosos márgenes?

Sin embargo, la más relevante interrogación es: ¿por qué Germán Bahamón, en su tardío informe del caso, de hace menos de 24 horas (SEMANA, 16/06/23), respalda de modo soterrado las importaciones de café, que solo han llenado las arcas de terceros? En el desespero se decidió vender –de “a puchas” y a menos precio– el canephora para consumo de los hogares colombianos sin control de inocuidad alimentaria y Almacafé, cuyas utilidades declinan desde 2020, tuvo pérdida integral general (luego de impuestos) de 3.243 millones de pesos en 2022, por la caída del margen de operación de 5.035 millones en 2021 a 557, diez veces menos (estados financieros).

Esa maniobra incurre en detrimento ya reconocido de dineros públicos por más de 7.000 millones de pesos, y el gerente Bahamón no puede ser cómplice y debe ir a denunciarlo a la Fiscalía y a la Contraloría, no basta un mero boletín de prensa. Es delito, no error.

Posdata 1. El precio interno de compra al productor bordea el punto de pérdida.

Posdata 2. ¿El gerente Bahamón se rebajará el sueldo mensual de 30.000 o más dólares? ¿Quiénes tienen “canal abierto” no le han preguntado?

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