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Opinión

  • | 2018/06/12 05:18

    Llegó la hora del cambio

    Quiero retomar el epílogo de mi anterior columna para escribir este aporte semanal con el que trato, humildemente, de poner en contexto la realidad nacional: “Te conozco bacalao aunque vengas disfrazao”.

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Esta frase de una salsa setentera, la de la crónica social y la denuncia de la corruptela, el abuso de poder, la pobreza y la desigualdad en América Latina, describe inequívocamente a la derecha colombiana.

Esa derecha que después de los resultados electorales del pasado 27 de mayo, quedó arrinconada y por primera vez, después de Jorge Eliécer Gaitán (asesinado por las oligarquías conservadoras), hoy ve amenazada su continuidad en el poder. También, por primera vez en 60 años, se dejaron contar y, por supuesto, ya sabemos cuántos son y quiénes son. Pero mejor aún, los electores de izquierda y de centro hoy creemos, con certeza, que los podemos derrotar, que es posible construir otra Colombia.

Hoy nos queda claro que Uribe, Pastrana, Gaviria, Vargas Lleras, Partidos Políticos tradicionales, Gremios Económicos, Banqueros, clanes regionales, gamonales y caciques son la misma cosa. Nada los diferencia; su objetivo es el mismo: preservar para sus intereses, el poder. Los une su veneración a la codicia, el individualismo, y la voracidad por apropiarse de los dineros públicos. Nos engañaron durante décadas haciéndonos creer que entre ellos había diferencias ideológicas y ¡no! Son un puñado de personas uniéndose por un puñado de dólares, como los forajidos de la célebre película de Sergio Leone.

No se puede decir que Duque sea un corrupto, pero la mayoría de la gente que lo rodea hiede a corrupción. Sin siquiera pactar un acuerdo programático le entregaron las banderas a Uribe, el dueño de la gran y nueva componenda electoral. Todo es una farsa. No hay tal unidad por el bien del país, es un verdadero concierto clientelista. Todo lo que hacen y van a hacer para gobernar es corrupto: el clientelismo seguirá vigente; la tal mermelada (57 billones de pesos en los dos últimos gobiernos, dice la revista SEMANA) no desaparecerá, llegará más aceitada; las tales familias en acción (inventadas por Uribe) seguirán siendo una estrategia para disimular la compra de votos; se mantendrá el soborno de las grandes corporaciones y de los dineros del narcotráfico para cambiar el rumbo de la política y la democracia; y las firmas encuestadoras seguirán siendo instrumentos de manipulación y una herramienta macabro-electoral.  

No fue la izquierda de Petro ni el centro de Fajardo quienes se robaron Reficar: el desfalco asciende a 2.500 millones de dólares; ni fueron los responsables de que el puente Chirajara se fuera al piso; ni son responsables de que Hidroituango esté al borde del colapso: se estiman en 12 billones de pesos las pérdidas materiales, ni qué decir de la tragedia humana, del suplicio de los compatriotas en los valles y las ciénagas; centro e izquierda  tampoco son los responsables de los falsos positivos que, según una publicación inglesa, no fueron 3.000 sino 10.000 jóvenes; tampoco son responsables de que en Colombia existan cerca de 8 millones de desplazados por culpa de un conflicto interno que los enemigos de la esfera pública utilizaron para hacer la guerra y lucrarse con la sangre de humildes soldados, policías y campesinos quienes, a falta de alternativas, tuvieron que engrosar las filas guerrilleras; tampoco son responsables de que la tal apertura económica de los noventa (César Gaviria) provocara miseria y pobreza en el agro colombiano; y no son los responsables de la quiebra del sector financiero que tuvimos que pagar las clases medias de este país (Andrés Pastrana).

Lo que ha sucedido en Colombia es el saqueo más infame de un país por parte de castas perversas, muchas hoy al lado de Uribe. Convirtieron Colombia en un botín, en el negocio lucrativo de familias enteras y de élites mezquinas, terratenientes y financieras que le cerraron las puertas a una sociedad que pide a gritos cambios de fondo.  

Todos son lo mismo, no lo duden. Ellos son los culpables del atraso y la desidia. Por eso más de 10 millones de colombianos que votamos libremente el pasado 27 de mayo le dijimos a esas castas políticas que estamos cansados, que llegó la hora del cambio y ese cambio lo representa Gustavo Petro.

@jairotevi    

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