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Alejandro Cheyne, rector de la Universidad del Rosario.

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El caminante de la palabra

Una experiencia única entre la comunidad arhuaca y la Universidad del Rosario, gracias a un egresado que logró ser un puente de confianza entre la medicina ancestral y la occidental a través del camino de la palabra.

27 de enero de 2023

Zaran Nawiku Robles Izquierdo es arhuaco. Nació en Nabusimake, cuyo significado es la tierra donde nace el Sol, territorio sagrado de esta comunidad indígena, en la Sierra Nevada de Santa Marta. Es un lugar mágico, situado a dos horas y media del municipio de Pueblo Bello, en el departamento del Cesar, de difícil acceso, donde por las noches el cielo se ilumina de tal manera que se pueden observar los planetas y algunas estrellas fugaces. El río Fundación atraviesa con sus aguas cristalinas las montañas, haciendo honor al término de madre tierra.

No hay adjetivos suficientes para describir la belleza e imponencia del territorio que vio nacer a Zaran hace 34 años, hijo de una educadora de varias generaciones arhuacas y primer egresado indígena de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad del Rosario. Pertenece a una comunidad que sufrió la violencia de la guerrilla y paramilitares, pero que logró superarla gracias a su sabiduría y firmeza y que, hoy, cumple con la tarea permanente de defender su tierra y espacios sagrados.

Para convertirse en médico, Zaran hizo honor al significado de su nombre, que quiere decir personas que pueden entender varios mundos, y tuvo que solicitar permiso ante las autoridades máximas de su comunidad, los mamus, considerados los guardianes de la vida, encargados de tomar decisiones y preservar de manera celosa la cultura ancestral.

Luego de terminar el bachillerato, servirle a la comunidad y prepararse espiritualmente en su pueblo natal, llegó a Bogotá y junto a su esposa Gunkeiwia y sus dos hijos, Cheringumu Arukwin Maku y Newr Newn Maku, realizó todo un esfuerzo para graduarse como médico. Fue un gran desafío pues la cultura arhuaca es muy diferente a la occidental. Nunca abandonó sus raíces durante los seis años de estudio que compartió con los Bunachi, (considerados los hermanos menores que no pertenecen a la comunidad indígena), en los pasillos de la sede de la Quinta de Mutis de la Universidad. Vestido con un atuendo hecho por él mismo, llamado el muku, tal como lo indican los cánones de su comunidad, traje de telar y el tutusoma (sombrero), cumplió con todos los requisitos exigentes de este programa. La única vez que tuvo que despojarse de sus prendas que lo identifican con sus raíces y su comunidad fue al ingresar a las salas de cirugía. Recuerda con cariño hasta los partidos de microfútbol con sus compañeros de estudio en las canchas de la sede Quinta de Mutis, donde pudo ocupar el lugar de defensa central.

En Bogotá tuvo la oportunidad de compartir sus conocimientos ancestrales siguiendo el consejo que desde el principio le dieron los mamus: “Nunca olvides lo nuestro”. Se adaptó a unos tiempos y espacios diferentes, pues los tiempos de la capital no son los mismos que en su comunidad. Allí prevalece el camino de la palabra, un concepto muy presente en su cultura y que significa cumplir con la palabra. Una conversación con los mamus puede durar horas y días. Dicho diálogo se desarrolla escuchando argumentos de diferentes voces, mientras las mujeres tejen, como símbolo de enlazar el pensamiento, y los hombres “mambean”, que significa “sentar la palabra”, es decir, mezclan la cal de las conchas del poporo con la hoja de coca que mantienen en la boca, para lograr, según lo explican, conexión de las ideas con la madre tierra.

Hoy Zaran es el médico del centro de salud de su región y ha logrado ser el puente para propiciar la articulación entre la medicina ancestral y occidental, cumpliendo la misión de salvar vidas, sin violentar el poder espiritual y los valores de sus ancestros.

La comunidad arhuaca comprende esa necesidad de convergencia de las dos medicinas, la ancestral y occidental, de ese diálogo de saberes para atender a una persona, pues finalmente una enfermedad surge, según lo interpretan, del desequilibrio de un ser con la naturaleza. La medicina occidental debe aprender a acoger también la sabiduría ancestral, para tener una visión integradora del ser humano con su entorno, sus condiciones sociales y su misión en la comunidad. Debe reconocer que la salud de las personas también depende de las buenas condiciones del sitio en el que vive, como la calidad del aire, la pureza de las fuentes hídricas y, lo más importante, el compromiso por mantenerlas y cuidarlas. Para los mamus, la salud de la persona depende de la salud de la madre tierra.

Por ello, el decano de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud, Gustavo Quintero, contactó a Zaran, para que, viendo la importancia de integrar aún más los dos mundos, allanara el camino con su palabra ante las autoridades arhuacas y se hiciera posible un programa de interculturalidad estratégico para la Escuela. De la mano de Zaran y con el acompañamiento de nuestros colegiales Mateo Díaz y Paulina Franco, y de otros funcionarios de la Escuela, se pretendió avanzar en el conocimiento médico ancestral para nuestros estudiantes y en aportes de la medicina occidental para la comunidad arhuaca.

Fue así como nuestra Universidad llegó hasta Nabusimake, gracias al empeño de nuestro decano y los buenos oficios de nuestro egresado arhuaco y en un lugar considerado como el templo de la meditación, se firmó un acuerdo marco de cooperación interinstitucional entre la Universidad del Rosario y la Confederación Indígena Tayrona, para desarrollar la formación de talento humano en saberes interculturales con el pueblo arhuaco. Los mamus se hicieron presentes, además de unos 300 miembros de esta comunidad, y se selló no solo un compromiso de trabajo conjunto, sino una unión de confianza para seguir recorriendo juntos el camino de la palabra, a través de un convenio de docencia-servicio con la IPS indígena Wintukwa.

Vienen retos muy importantes en esta alianza con la universidad, como el diálogo de saberes a través de la educación continua, la formación de profesionales siguiendo los pasos de Zaran, el servicio de nuestros estudiantes en el territorio y un programa ambicioso de telemedicina.

Se trata de una unión de respeto y aprendizaje mutuos, que logrará inmensos frutos, en esta región sagrada, de belleza infinita, que anhela el progreso en salud, sin desconocer todo un bagaje de conocimiento ancestral y siempre bajo la inspiración del poder espiritual.

Zaran Nawiku Robles Izquierdo, nuestro egresado arhuaco, es el caminante de la palabra.

Nota: a toda la comunidad arhuaca que nos recibió con tanto cariño, DU NI DU NI, que en español significa muchas gracias.

Encuentro con la comunidad arhuaca en Nabusimake, donde se firmó un acuerdo marco de cooperación interinstitucional entre la Confederación Indígena Tayrona y la Universidad del Rosario.
Encuentro con la comunidad arhuaca en Nabusimake, donde se firmó un acuerdo marco de cooperación interinstitucional entre la Confederación Indígena Tayrona y la Universidad del Rosario. | Foto: Suministrada
Alejandro Cheyne y Zaran Nawiku Robles Izquierdo.
Alejandro Cheyne y Zaran Nawiku Robles Izquierdo. | Foto: Suministrada

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