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Opinión

  • | 1990/04/23 00:00

    EL CASO LEMOS

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No sé si a la hora de publicarse esta columna el Ministro de Gobierno continúe en su cargo. Pero lo que le está sucediendo a Carlos Lemos me duele en el alma, porque aunque es inimputable de la culpa que ahora trata de acomodarle un pais hastiado de violencia, desesperadamente impotente y ansioso de encontrar culpables, sus horas en el gabinete están contadas.

Cuando todos los que apreciábamos a Bernardo Jaramillo por su temperancia y equilibrio politico nos serenemos, terminaremos admitiendo que el caso Lemos es paralelo al de la UP.
Mientras a este movimiento le han asesinado 1.400 militantes por la ausencia en Colombia de una libertad de conciencia, a Carlos Lemos le adjudicaron el asesinato de un hombre por cuenta de la falta de libertad de expresión. Hemos sido testigos de que aquí asesinan a la gente por lo que dice. Pero estamos inaugurando la modalidad de que se asesine a alguien para castigar a otro por lo que dice. Y esta es la monstruosidad, en un país reputado libre y democrático, que se oculta tras el "caso Lemos".

¡Se excedió!, tendemos a decir los dolientes de Jaramillo. Sí. Pero hay paises en los que es posible excederse verbalmente y rectificar, sin que en el intermedio le echen a uno un muerto encima. ¿Qué clase de país es este, donde uno no sólo tiene que cuidar la propia vida de lo que se dice, sino hacerse cargo de la de los demás?
En todo este contexto, me extraña lo fácil que el país encontró al responsable del desangre nacional. Parecería como si sacrificar políticamente a Carlos Lemos pudiera devolverle la vida, de la noche a la mañana, a los 1.400 muertos de la UP. Ministros de Gobierno podrá volver a encontrar el Presidente Barco con facilidad, pero pocos con la rectitud y ponderación de Carlos Lemos. Por lo menos pensábamos así,--y que fácil se nos ha olvidado-- cuando Lemos tuvo el coraje de enfrentarse a un Congreso corrupto que quiso meterle a la Constitución un gol pateado personalmente por el narcotráfico. En aquella oportunidad fue Lemos el que puso la cara, y todos nos acurrucamos detrás.
Pero tal parece que los aciertos de un hombre atinado se disuelven entre los errores de un hombre circunstancialmente equivocado.

Por todas estas razones entendí que el Ministro de Gobierno no renunciará, conocida la dolorosa noticia del crimen de Bernardo Jaramillo. Pero eso fue antes de que leyera el mensaje del Presidente Barco a Diego Montaña Cuéllar. Este contenía el planteamiento de que lo que el Ministro de Gobierno había expresado no era, ni mucho menos, el pensamiento oficial del gobierno: "Rechazamos sin ambiguedades y consideramos INACEPTABLES las imputaciones que se han hecho sobre supuestos vínculos de la UP con actividades terroristas. No existe fundamento alguno para atribuir responsabilidad a su partido en las acciones violentas y terroristas de algunos grupos guerrilleros. Aunque el Presidente tiene fama de inconsistente y de que no escribe sus propios escritos, me parece que este texto equivale a una destitución.

Carlos Lemos Simmonds debió haber renunciado hace cuatro desautorizaciones del Presidente Barco. La primera se produjo en el insólito escenario del Banquete del Millón, cuando el Presidente leyó un discurso escrito por sus asesores, en el cual advertía que estaba en total desacuerdo con dos puntos oficialmente defendidos por su Ministro de Gobierno, relacionados con la reforma constitucional: el voto de censura y la vicepresidencia.

La segunda desautorización ocurrió cuando el Ministro de Gobierno, en un arranque de coraje que supuestamente tenía la huella del Presidente, aseguró que en Colombia no habría diálogo con los "narcos" y que el funcionario que lo sostuviera caería en la órbita del código penal. Ese mismo día, en la noche, el Presidente Barco, interrogado sobre el mismo tema, dijo lapidariamente: "Amanecerá y veremos".

La tercera desautorización se produjo cuando Lemos despertó sospechas de parcialidad electoral al efectuar cambios en las gobernaciones que enfurecieron a los pre-candidatos Gaviria y Samper. Lemos siempre alegó que actuaba bajo respaldo presidencial.
Pero a su regreso al país de alguna de sus giras internacionales, en lugar de defender la escogencia de gobernaciones y avalar la imparcialidad política de su Ministro de Gobierno, el Presidente dijo: "¿Cuáles gobernaciones?".

Ninguna de las desautorizaciones anteriores había quedado por escrito, y presumo que se le atribuyeron a las inconsistencias verbales del Presidente.

Pero esta última quedó consignada en un texto cuyos alcances el Presidente Barco trató de negar en la primera página de El Tiempo del viernes, con ayuda de una de las siguientes fórmulas:
Que lo que dijo no quiere decir lo que quedó dicho. O que lo dijo pero no queria decirlo. O que no dijo lo que dijo. O que lo que quedó dicho no fue lo que dijo. O que lo dijo, pero no lo dijo. Lo único que no se atrevió a decir es que queria dejar dicho lo que dijo.

Carlos Lemos Simmonds desempeñó con dignidad su cargo como ministro de Gobierno. Criticarlo porque es más sentimental que cerebral es válido, en el caso del injusto juicio a Jaramillo Ossa, e inválido dado el éxito que obtuvo en el valiente enfrentamiento con la Cámara de Representantes en el episodio de la ofensiva del narcotráfico. Pero la razón por la cual afirmó que Lemos Simmonds tiene las horas contadas en el gabinete consiste en que considero una indignidad, dada su trayectoria, que a este Ministro de Gobierno lo destituyan por escrito y lo ratifiquen en secreto.-
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