OPINIÓN

David René Moreno Moreno

El cinismo de los zurdos

La izquierda busca destruir en lugar de construir país.
4 de noviembre de 2026 a las 11:00 a. m.

Personajes de ingrata recordación como Ernesto Samper, presidente de 1994-1998, y Gustavo Petro, en el lapso 2022-2026, unidos por la ideología de una izquierda recalcitrante y por el daño causado al país, antes, durante y después de su gestión en la Casa de Nariño, ahora se han dedicado cínicamente a criticar y a colocar ‘el palo en la rueda’ a un presidente que solo lleva 90 días en el cargo y que está tratando de arreglar los entuertos dejados por pésimos gobiernos como el del mismo Petro.

Samper engañó a los colombianos mostrando una tendencia política diferente al progresismo ideológico que hoy abraza y defiende desde el famoso Grupo de Puebla, foro político creado en 2019 por la izquierda latinoamericana para tratar de fortalecer en la región la influencia zurda del decadente Foro de São Paulo; es difícil entender cómo este personaje logró mantenerse en el poder, a pesar de haberse denunciado la presencia de dineros del Cartel de Cali en su elección, diciendo la famosa frase: “Aquí estoy y aquí me quedo”, y se quedó.

Fue tan notable la aberración de ser elegido con dinero del narcotráfico, cáncer social que causa muerte y dolor a miles de colombianos, que hasta el cardenal primado de Colombia, Pedro Rubiano Sáenz, refiriéndose al Proceso 8.000 que involucra a Samper y sus alfiles con este escándalo, mencionó: “Si a uno se le mete un elefante a la casa, tiene que verlo”; pero parece que Samper no quiso ver al elefante y se quedó en el cargo, con la anuencia de muchos que se hicieron los ciegos, sordos y mudos frente a ese delito.

Parece que Petro tampoco vio ni al elefante ni al rinoceronte que lo atropellaron, pues los dineros de dudosa procedencia, tanto los que tienen ante la justicia ‘al hijo que no crió’, como los mencionados por su alfil Benedetti, así como los votos que consiguió su hermano en las cárceles y la corrupción rampante de sus allegados ideológicos, sumado a la ineficiencia de la Comisión de Acusaciones de la Cámara, no fueron freno para impedir que permaneciera en el Gobierno, acabando al país e impulsando a su heredero político.

La campaña de los progres contra el actual Gobierno es clara: desinformar, generar zozobra, impulsar marchas, generar paros, profundizar la brecha social, exacerbar a la población, crear imagen negativa en el exterior, oponerse a todo y criticar lo que está haciendo el Gobierno para reconstruir la confianza en las instituciones, la seguridad y la economía. Como menciona el ministro Cancino: “Al presidente lo eligieron para enfrentar los problemas del país, para tomar decisiones, para recuperar la autoridad del estado…” y es lo que los progres quieren impedir.

‘Dios los cría y ellos se juntan’, dice el refrán; Samper se une a Petro para lanzar críticas contra el Gobierno, mostrando el cinismo de la izquierda que quiere destruir en lugar de construir. La actual narrativa de Samper busca limpiar el nombre y la imagen de Petro, su socio ideológico, quien a todas luces ha sido el peor jefe de Gobierno que ha tenido Colombia durante su vida republicana, pues su ‘descarriado’ comportamiento personal, la inseguridad, la incertidumbre económica, la corrupción, el desconocimiento de la separación de poderes, vergonzosamente lo colocan como un ejemplo digno de destacar en ripley.

Los zurdos se oponen a todo aquello que afecte los intereses de los bandidos, les da urticaria el Estatuto Antiterrorista, porque impone la ley a los delincuentes que tanto defienden los progres. Lo mismo que la Ley de Rescate Económico, que busca estabilizar las finanzas públicas, reducir el gasto y generar crecimiento económico, porque favorece a las clases vulnerables que ellos necesitan mantener de su lado para ejercer presión sobre el Gobierno. Les da picazón que se quiten de los museos los recuerdos de los terroristas, porque el Gobierno no está de acuerdo en hacer apología al delito y ellos necesitan generar ídolos de barro.

A los progres les importa un pepino que crezca el narcotráfico y la violencia que lo acompaña, porque para las próximas elecciones tendrán nuevamente el voto fusil que estos facinerosos emplean para promover a sus candidatos. Les preocupa que se mejore el sistema de salud, que se supere la inseguridad, que se extradite a sus camaradas, que se combata frontalmente a todos los bandidos en sus propias guaridas, que se promueva la integridad de la familia y que se busque acabar con los odios y rencores que Petro sembró públicamente y sin sonrojarse.

El cinismo que adorna a los zurdos no les permite reconocer los avances que ha logrado el actual gobernante en beneficio de la sociedad y mucho menos son capaces de castigar a los allegados ideológicos que se involucraron en las amargas mieles de la corrupción que caracterizó al gobierno progre. Pero tampoco se observa la sanción social por parte de los colombianos, a la que se han hecho merecedores personajes como Samper, Petro o Santos por la ilegitimidad o los despropósitos en sus gobiernos.

Se ha experimentado la falta de capacidades y los sucios intereses de la izquierda para llegar al poder y su fascinación para mantenerse en él; no tienen la mínima vergüenza al lanzarse nuevamente en campaña política, tratando de hacer creer a los colombianos que son intachables en su accionar personal y político, cuando la realidad ha mostrado la corrupción que gravita a su alrededor.

No se puede cometer el mismo error de elegir en cargos públicos a quienes engañan, a quienes roban los recursos del Estado, a quienes apoyan a los narcoterroristas, a quienes pasan por encima de la ley y desconocen la separación de poderes buscando generar el caos. Colombia decide su futuro.