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ELECCIONES 2010

El dilema ante la elección de un neoliberal

¿Qué diría un neoliberal moderado y uno intemperado ante las exenciones tributarias? Eso es lo que está en juego en la elección Presidencial.

José Fernando Flórez*
21 de mayo de 2010

Sube la temperatura de la campaña presidencial y a medida que se acaban los argumentos empiezan a aflorar los lugares comunes: que no cree en Dios, que va a extraditar al presidente, que le gusta la “picardía”, que justifica la violencia y, claro, que usted es “neoliberal”. Se enrostran los candidatos unos a otros indiscriminadamente, sin importar su tendencia ideológica, pues tan rentable para la izquierda como utilizar la palabra mágica entre su electorado con el fin de estigmatizar a los defensores del modelo económico del “imperialismo yanqui” y desmarcarse del centro resulta a la derecha para coquetear con él y apartarse del “socialismo antiyanqui”.

Pero ¿cuál es el problema con ser neoliberal? El neoliberalismo, para ir rápido, es la doctrina económica que favorece la apertura del mercado y una intervención estatal moderada siempre por criterios de eficiencia. En el contexto de la ciencia económica, se le podría caracterizar como el intento por atemperar la herencia del intervencionismo keynesiano, pero sin caer en la metafísica de la autorregulación natural de Smith, es decir, por encontrar el punto medio entre el totalitarismo económico y las manos invisibles, en una especie de sincretismo que transige por la necesidad tanto de la regulación como de la libertad.

En tanto doctrina económica, el neoliberalismo, que se atribuye a los trabajos de Friedman y Hayek, se funda en razonamientos científicos sólidos que mejoraron la comprensión de los mercados, la lógica del crecimiento y los límites del intervencionismo estatal. Los problemas del neoliberalismo empiezan con su vertiente filosófico-política individualista: Nozick, el propulsor del “Estado mínimo”, y Hayek nuevamente (cuando le da por filosofar), los defensores más acérrimos de la desigualdad social que legitima el neoliberalismo intemperado o, más bien, filosóficamente “adulterado” por la aporía de que el mero crecimiento, per se, sin medidas de redistribución, conduce indefectiblemente al desarrollo.

Un buen ejemplo de medida “neoliberal” que se ha convertido en el caballito de batalla de los candidatos en esta campaña es el enrevesado tema de las exenciones tributarias a empresarios por reinversión en bienes de capital, medida que genera desempleo en tanto que las industrias prefieren invertir su dinero en comprar nuevas máquinas para acceder a las mencionadas ventajas fiscales, en lugar de en contratar personas.

Frente a esta medida, un neoliberal intemperado diría: “Proponer sacrificar un incentivo a la tecnificación en aras de generar empleo es regresivo. Lo que se requiere es generar puestos de trabajo y oportunidades nuevas, a través del crecimiento económico. Es insostenible desincentivar el motor del desarrollo de las economías contemporáneas: la tecnología”.

A lo cual, un neoliberal moderado respondería: “No se trata de frenar la tecnificación, sino de propiciarla con medidas distintas de las exenciones tributarias regresivas, que sólo generan más desempleo. En otras palabras, la tecnificación de las grandes industrias no tiene por qué ser financiada por las clases medias y bajas perdiendo su empleo, ni tampoco el Estado, que es el principal motor de exacción redistributiva en toda economía, mediante la pérdida a causa de las exenciones de recursos que podría reinvertir socialmente, sino los dueños del capital (léase las industrias mismas)”.

¿Quién tiene la razón? Al menos en términos políticos, usted lo decidirá en las próximas elecciones con su voto. 

* José Fernando Flórez es Candidato a Doctor (PhD) en Ciencia Política por la Universidad París II Panthéon-Assas

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