OPINIÓN

Angelino Garzón

El futuro de Colombia está en sus regiones

Con voluntad política, articulación social y compromiso público y privado, Colombia puede avanzar hacia un modelo de desarrollo más equilibrado, participativo y territorialmente justo.
27 de febrero de 2026, 11:45 a. m.

El futuro democrático, económico, social y ecológico de Colombia, entre muchos otros temas, no puede seguir dependiendo de una estructura excesivamente centralista. Durante décadas, las decisiones fundamentales del país han girado alrededor de Bogotá como Distrito Capital, mientras los 32 departamentos, con sus respectivos municipios, han desempeñado un papel secundario en la definición estratégica del desarrollo nacional.

Sin desconocer la importancia institucional de la capital, resulta evidente que el verdadero potencial transformador del país se encuentra en sus regiones. De hecho, estas ya existen en la práctica económica, social, cultural y ambiental, y pueden sintetizarse así:

La región Central, integrada por Bogotá D. C. y los departamentos de Cundinamarca, Boyacá, Meta, Tolima y Huila, constituye un eje administrativo y productivo de gran influencia nacional.

La región Pacífica, conformada por Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño, representa una de las mayores riquezas ambientales y culturales del país, con una proyección estratégica hacia la cuenca del Pacífico.

La región Caribe, integrada por Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, La Guajira, Magdalena y Sucre, así como por el archipiélago de San Andrés y Providencia, proyecta a Colombia hacia el Gran Caribe y concentra un enorme potencial portuario, turístico y energético.

La región Cafetera, también conocida como Eje Cafetero, conformada por Caldas, Risaralda y Quindío, simboliza tradición productiva, identidad cultural y organización territorial.

La región Antioqueña, articulada principalmente alrededor del departamento de Antioquia, ha desarrollado una sólida estructura empresarial, educativa e institucional.

La región Amazónica, integrada por Amazonas, Caquetá, Guainía, Guaviare, Putumayo y Vaupés, es la más extensa y menos poblada del país, y en ella se resguarda aproximadamente el 10 % de la biodiversidad del planeta, lo que le otorga una responsabilidad ecológica de carácter global.

La región de la Orinoquía, conocida como los Llanos Orientales; sus departamentos núcleo son Arauca, Casanare, Meta y Vichada. Se identifica por la cultura llanera y su economía se centra en la ganadería extensiva y la explotación de hidrocarburos.

Región de los Santanderes, integrada por los departamentos de Santander y Norte de Santander. Su economía se destaca en la producción de cacao, tabaco, café y en la industria del petróleo.

Si estas regiones se observan sin prevención centralista, se constata que no parten de cero. Cuentan con hospitales y centros de salud, instituciones educativas de todos los niveles, infraestructura tecnológica, tejido empresarial, institucionalidad pública y privada, riqueza cultural, biodiversidad y capacidades productivas consolidadas.

Por ello, el desafío no consiste en inventar nuevas realidades, sino en reconocer jurídicamente y fortalecer políticamente lo que ya existe. Con voluntad política, articulación social y compromiso público y privado, Colombia puede avanzar hacia un modelo de desarrollo más equilibrado, participativo y territorialmente justo.

Este es un tema profundo que implica transformar la relación entre el gobierno central y los departamentos y es una preocupación que no es nueva. Sin embargo, lograrlo no es tarea fácil, mucho más cuando los actuales candidatos y candidatas, tanto al Congreso como a la Presidencia de la República, de todas las tendencias políticas y sociales poco o nada hablan de ese tema.

Por ello, es importante insistir en la cuestión. Invito a personas de la diversidad política y social, a los medios de comunicación, a las instituciones académicas para que, junto con los gobernadores departamentales y alcaldes municipales, iniciemos un trabajo unitario y pedagógico en favor de lograr, lo más pronto posible, que Colombia se convierta en un país de regiones.

A ese propósito democrático y cuando estoy próximo a cumplir mis primeros 80 años de vida, estoy dispuesto, junto con otras personas, a dedicar el tiempo que sea necesario, para que vayamos encontrando la forma de avanzar en ese propósito. La cooperación internacional, entre ella la española y la de otros países europeos, con larga experiencia práctica y democrática en autonomías regionales, puede constituir un positivo referente.

El futuro del país está en sus regiones.

VER MÁS