La designación de Viviane Morales como nueva ministra de Educación, por parte de Abelardo De La Espriella, envía uno de los mensajes más significativos desde el nuevo Gobierno: Morales tiene un perfil especial que combina tanto su trayectoria en los campos del derecho, como su activa confesionalidad cristiana.
No es un tema menor. Durante años hemos dejado de lado como sociedad los problemas de la educación, en especial, la básica y media. La educación pública es el escenario más complejo y los resultados han sido deplorables por años. Los diferentes gobiernos han hecho esfuerzos y siempre parecen estrellarse con algunas barreras infranqueables.
La receta con Vivian Morales al frente de la educación plantea un escenario diferente. Por años, ministros técnicos estuvieron al frente de la cartera, pero el Gobierno Petro dejó correr el velo detrás del manejo del sector: cuatro largos años evidenciados por una educación pública controlada por un sindicato, tan alineado políticamente, que dejó de lado la protección de sus sindicalizados en materia de acceso a la salud, antes de perder el monopolio sobre la educación.
Es muy posible que en los próximos cuatro años estemos hablando menos de indicadores de logro en la educación pública y mucho más sobre el marco de principios, valores y la orientación de la educación que damos a nuestros niños. No es un escenario aislado de Colombia: tanto en Europa, como en los Estados Unidos, el debate está en curso, con discusiones muy serias sobre la autonomía de la escuela, su tutela sobre la propia definición de género por parte de los niños, el dilema entre aculturación y transculturización, hasta la propia naturaleza laica de las escuelas.
La crisis de la educación superior —ocasionada por la baja demanda, la alta deserción, así como la penetración de la inteligencia artificial— está transformando aceleradamente el modelo profesional y de competencias para el trabajo. Este escenario devuelve las miradas hacia la educación básica y media. Deja de ser un ciclo donde invertimos tiempo para cumplir requisitos para acceder a la universidad, transformándose progresivamente en el ámbito donde estudiantes con desarrollo acelerado toman decisiones sobre su estilo de vida, su futuro y su país.
Por esa razón, parece muy pertinente que, justo en este momento, nuestra sociedad se plantee la pregunta sobre qué queremos que nuestros jóvenes aprendan en la escuela, qué integralidad queremos en la formación y qué herramientas debemos privilegiar para posibilitar sus decisiones de adultos, incluidas, por supuesto, el tipo de orientaciones sociales y políticas que requieran.
El problema es que hasta antes del ministro actual, los problemas que los ministros de Educación ponían en su agenda eran la cobertura educativa de la población, la calidad de los contenidos definidos y la distribución del presupuesto a los departamentos. Un Ministerio con muchas decisiones predeterminadas. El contenido fue quedando en manos de los maestros, agrupados y orientados por la férrea e ideologizada institucionalidad de Fecode.
Con nuestros impuestos, los colombianos pagamos la educación pública y la mayoría de quienes pueden hacerlo huyen a la educación privada para permitirle a sus hijos algún futuro. La deficiente educación básica y media pública en Colombia es la principal causa de inequidad social. No lo son los servicios, ni los estratos, ni los ingresos, ni siquiera las diferencias en seguridad alimentaria. El triste resultado es que los más vulnerables terminan recibiendo la peor educación, restringiendo sus posibilidades de avance.
Morales tendrá un espacio privilegiado y, a su vez, un reto sustancial si aborda esa tarea. El reto es hacer la transformación desde toda la sociedad, no solo desde sus visiones extremas. Hay un sustrato inmenso de padres y madres que esperan una educación pública adecuada para sus hijos. La sustancial reducción de nacimientos disminuirá la presión de la demanda permitiendo la reorientación de presupuestos de la educación pública. El nuevo Congreso de la República debe ser el escenario donde esos avances sean estudiados y entregados a una sociedad que merece un mejor futuro.
