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Alberto Donadio  Columna

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El nefasto Ulahi Beltrán

La culpa es de quien le dio gran poder a un sujeto nefasto como Ulahi Beltrán, es decir, del presidente Petro, que en agosto de 2022 lo nombró como superintendente y le dio carta blanca para ejercer lo que Ulahi Beltrán sabe hacer bien: destruir.

Alberto Donadio
10 de febrero de 2024

Informa El Tiempo que Ulahi Beltrán dejará de ser superintendente nacional de Salud por hechos relacionados con ese cargo y por una investigación de la Procuraduría contra él cuando fue gerente del Hospital Universitario Cari en Barranquilla. Informa La Silla Vacía que Beltrán desmanteló la cúpula de la superintendencia, habiendo pedido la renuncia a más de 40 funcionarios. “Las renuncias de la mayoría de superintendentes delegados, asesores, jefes de oficina, directores regionales y otros cargos de libre nombramiento y remoción fueron pedidas y aceptadas por Ulahy (sic) Beltrán”, escribió el periodista Daniel Pacheco.

Que no vengan ahora a echarle la culpa a Ulahi Beltrán. La culpa es de quien le dio gran poder a un sujeto nefasto como Ulahi Beltrán, es decir, del presidente Petro, que en agosto de 2022 lo nombró como superintendente y le dio carta blanca para ejercer lo que Ulahi Beltrán sabe hacer bien: destruir. Sus habilidades destructivas ya se conocían cuando en el Gobierno de Juan Manuel Santos fue contratado para perseguir a sangre y fuego a Saludcoop. En esa época la cadena de mando operó así: Santos se inventó un falso escándalo de corrupción en esa EPS y asignó la tarea a la contralora Sandra Morelli, que obedeció los designios de Santos porque ella no era política ni parlamentaria y jamás habría sido contralora por mérito propio. Le debía el puesto a Santos y le pagó a su jefe firmando unas providencias que son aberrantes desde el punto de vista jurídico y ético. Morelli, a su vez, se valió para esa inicua tarea de Ulahi Beltrán.

No se sabe qué político lo recomendó o por qué llegó a la Contraloría este oscuro personaje sin trayectoria nacional, pues Beltrán era un contratista de la Secretaría de Salud del Atlántico que ganaba 5.833.333 pesos mensuales. La contralora le triplicó los ingresos a 18 millones de pesos mensuales, después a 19 y finalmente a 20 millones. En total recibió pagos por más de 500 millones de pesos en tres años. Seguía viviendo en Barranquilla y le pagaban completo, aunque un mes trabajó cuatro días en que tuvo que ir a Bogotá, y otro mes siete días. Beltrán es un avivato que pasó cuentas por capacitación a los contralores provinciales durante un día, pese a que ese mismo día abordó un vuelo de Bogotá a Barranquilla a las 12 del mediodía. Incumplió el contrato, pero luego otro funcionario de la Contraloría autorizó un pago represado de 133 millones de pesos. En esa dependencia hacía lo que se le venía en gana.

Una vez lo citó la supervisora del contrato y simplemente no asistió. Su trabajo consistía en acompañar a la contralora a sesiones del Congreso y en charlar con la contralora. Lo afirma él mismo en los informes de trabajo: “Debe conocerse que el análisis fue materia de consideración en el despacho de la señora contralora, con quien se generaba la interacción al respecto, dándole la retroalimentación del caso como quiera que servía como referente de seguimiento al uso que se les estaba dando a los recursos de regalías en los proyectos de salud en los entes territoriales una vez se aprobaban en los respectivos Ocad. Estas revisiones se realizaban sin llevar dicha consideración a actas de reunión ni soportes documentales de recibido de la información”. Ninguna seriedad pueden tener unas charlas sin documentos ni estudios ni presentaciones en PowerPoint. Por eso le pagaban 20 millones de pesos al mes. Y por llevar un archivo de artículos de prensa sobre temas de salud, tales como: ‘Muerte de indígena tratada por EPS // Un joven epiléptico no es atendido en Valledupar // Le amputaron pierna que no estaba fracturada’.

El año pasado, Ulahi Beltrán tuvo que pagar una suma cuyo monto se desconoce para lograr el archivo de un proceso de cobro coactivo que le inició la Contraloría dentro del expediente DCC1-089. El ministro de Salud no informó a la opinión pública por qué se produjo ese cobro coactivo. No sería por charlar que lo iban a embargar.

Este elemento fue el mismo que Petro nombró luego Supersalud, con el propósito no de destruir una sola EPS, sino de destruirlas a todas. Hoy en día nadie cree en la tal reforma a la salud, un falso positivo de Petro, como fue un falso positivo la alharaca de Santos contra Saludcoop. Y nadie cree porque si el Gobierno Petro dejó perder unos juegos deportivos en Barranquilla que solo dependían de girar unos cheques, es obvio que una reforma a la salud cuya piedra angular es la construcción de centenares de CAP (Centro de Atención Primaria) no pasa de ser un engaño oficial.