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Opinión

  • | 2003/03/07 00:00

    El poder y las falacias

    El ministro Londoño dijo la media verdad que no importa para esconder la media que sí importa. Y sus contrincantes cayeron en el juego

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Puede que en Putumayo no quede ni una mata de coca; o puede que queden 30.000 hectáreas cultivadas, o 1.297, ó 15.000, ó 5.000, como en su orden informaron el Ministro de Justicia, el Alcalde de Puerto Asís, la Policía Nacional y el Gobernador del departamento antes y después de hablar con el Ministro.

El debate no aclaró si hay coca en el Putumayo; pero en cambio aclaró por qué jamás logramos resolver algún problema. Primero, porque nos gobiernan a oscuras: no se sabe cuánta coca existe, ni cuál sea el total de población, ni cuánto el déficit fiscal, ni cuántos afiliados tiene Cajanal. Y segundo porque, encima de semejantes "datos", lo que aquí pasa por debate público es una sarta de falacias más o menos burdas.

En efecto: no importa cuántas hectáreas de coca tenga Putumayo. Es más: no importa Putumayo. Importa que las siembras estén disminuyendo en Putumayo -como las cifras en efecto indican-. Y sobre todo importa que no están disminuyendo en el país, porque la coca que sale de Putumayo se va para Nariño o Amazonas. Así que el Ministro dijo la media verdad que no importa para esconder la media que sí importa. Y que sus contrincantes cayeron en el juego.

Es la falacia de composición, la de tomar la rama por el árbol, la misma que da brillo a la "meritocracia". ¡Tanta alharaca por escoger 115 funcionarios en un océano de 720.000 burócratas o de 53.000 empleados "con dirección y mando"!

¿Y qué tal la falacia burda de anfibología, la de contar el "mérito" de ser hermano de Germán Vargas para una embajada, ser conocido del Presidente para Bancoldex, o ser paisa para ocupar siquiera 5 ó 10.000-nadie divulga cifras- de aquellos 53.000 cargos "con dirección y mando"?

De falacias más graves va un ejemplo con pelos y señales. "Presidente, cuando usted se vaya soy hombre muerto", dijo don Abel Vargas en el Consejo Comunitario de Santa Marta, mientras mostraba la escritura que "el senador Alfredo Taboada" había usado para estafarlo junto a otros 11.000 campesinos. "General -fue la respuesta erguida del Presidente- lo hago responsable por la seguridad del señor Vargas". Pues lueguito se vino a saber que Vargas es un avivato peligroso y el peligro lo corre el senador Taboada. Es la falacia del juicio anticipado, la de creer que los buenos sabemos quiénes son los malos, que el superbueno no puede engañarse, que por eso podemos ahorrar formalismos, que basta la palabra de un informante o basta que el teniente produzca la prueba.

Un ejemplo más fresco de juicio anticipado. Apenas unas horas después del abaleo, el director del DAS explicó que una banda pretendía robar el carro donde iba Piedad Córdoba. Nuestro supersabueso no reparó en cifras ni miró detalles. La cifra de probabilidad: digamos una en 20.000 o en 30.000 de que la persona X vaya en un vehículo asaltado ese día. O la probabilidad de que una conocida senadora que ha sufrido amenazas, secuestro, intentonas y exilio, sea víctima de un atentado, no apenas de un atraco. El detalle de que los cuatro ladrones entraran disparando. O el detalle de que un personaje tan expuesto llevara 23 días sin escolta.

Pero veamos falacias más folclóricas. La clásica "usted también", en la que en vez de probar la inocencia, uno acusa a su acusador, como hace ahora el siempre lamentable y nunca suficientemente lamentado doctor Ossa frente al ex vicecómplice Saade y viceversa, y viceversa con los 140 congresistas que sin violar violaron lo que manda y prescribe y ordena el artículo 268 de nuestra Carta Magna.

Podría entretenerme con otras 100 falacias. La del plebiscito fiscal disfrazado de referendo político. La de impuestos para estimular la inversión, despidos fáciles para que haya empleo, y otras varias que afectan su bolsillo? Pero una lista más larga no absolvería la duda honda que surge en este punto: ¿Qué nos hará más daño, las falacias del poder o el poder de las falacias?
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