OPINIÓN

Paula López

Elige el nombre del libro que contaría tu historia

Abraza tu historia, acéptala pues no se puede amar ni acariciar a una rosa sin tocar sus espinas las cuales hacen parte de su belleza y de su esencia.
8 de diciembre de 2021 a las 10:58 a. m.

Se termina este año que, sin duda, ha representado una gran batalla espiritual para todos los habitantes de la Tierra, inclusive para aquellos que intentan ignorar su dimensión espiritual, pues están muy ocupados en lo urgente, sin detenerse a reflexionar sobre lo realmente valioso.

Después de haber vivido un periodo de fuerte tensión en todas las áreas de nuestra vida, hoy el mundo interior y exterior, para muchos, sigue lleno de miedo, desesperación, ansiedad y hasta depresión; es claro que un cambio interno y en lo profundo del alma es necesario para ti y para mí, para el planeta entero.

La experiencia humana tiene ciclos marcados y esto sucede con todas las formas de vida: nacemos, nos expandemos, nos contraemos y morimos.

Hoy quiero invitarte a que mientras lees estas líneas y te preparas para el fin de este ciclo de tu vida, es decir para el fin de este año, te aquietes por unos minutos y dediques tu energía mental a pensar, como podrías cerrar este periodo de tu existencia, que seguro te dejará grandes aprendizajes si te tomas el tiempo de buscarlos en tu alma.

Imagina que pudieras estar frente a una pantalla de cine, en la cual tienes la oportunidad de ver toda tu vida proyectada hasta hoy, pasando por tu infancia y así por cada momento profundamente vivido y sentido.

Cierra tus ojos, lleva tu mano derecha a tu corazón, para que puedas observar estos momentos con los ojos del alma.

Transpórtate a ese momento y lugar para visualizar a tus padres, a tus hermanos, siente y recuerda tu ambiente familiar tal y como era, recorre tu casa, cada rincón de tu hogar, tu colegio, todo.

Imagina que te encuentras con tus abuelos, tus amigos e, inclusive, te detienes a revivir aquellos momentos que marcaron tu vida, los lindos y alegres, los tristes y oscuros, revive por un momento hasta esos choques emocionales que te hicieron doler el corazón, que te dejaron heridas sangrantes, que quizá aun estén activas hoy.

Adelanta esa película como si tuvieras un control remoto y vete a tu adolescencia, siente el beso de tu primer amor, real o platónico, trae a tu memoria emocional los momentos de enamoramiento, aquellos de lágrimas, de emociones, de risas, de desilusiones, revívelo todo hasta que lo sientas en tu piel…

Así poco a poco ve adelantando la película de tu historia, hasta que llegues al momento actual, al hoy, al aquí y el ahora, recuerda cada batalla, cada caída, cada lágrima y mírate en donde estas hoy, vuelve a pisar cada huella, para que jamás olvides como se escribe la historia de un ser valiente, un ser de luz, que ha sido el autor de la gran narrativa de su vida, ¡tú!

Después de haber trasegado por el camino de tu biografía, elige hoy ¿cómo se llamaría el libro que contaría tu historia?

¿Qué huellas quisieras dejar en las personas que te acompañaron en este paso por esta vida temporal y terrenal?

Ahora, repasando tu libro sagrado, ¡lánzate en la aventura de adelantar tu película hasta el último día de tu vida!

Ese día que a todos los llegara, el día en el que ya no respires más y tu espíritu se eleve tan alto que tu cuerpo inerte y desintegrado ya no lo pueda alcanzar…

¿Te has detenido a pensar que todos los seres humanos somos como las frutas en los supermercados? ¡Tenemos una fecha de caducidad!

Sin embargo, lo que nos hace diferente a las frutas es el alma, cómo depositaría de esta historia que estás escribiendo y que no tiene fecha de caducidad, pues, aunque lo creas o no, tu alma es perpetua y cuando deje tu cuerpo regresara a su estado eterno, incorruptible inalterable, no vulnerable.

Ordena entonces los capítulos, haz un resumen al final de cada uno, como si Dios fuera a bajar del cielo a tomarte la lección, toma cada ciclo de tu vida como un grado más en la universidad de la vida, en la cual ya has hecho pregrado, posgrado, maestrías y algunos doctorados en el arte de vivir…

Abraza tu historia, acéptala pues no se puede amar ni acariciar a una rosa sin tocar sus espinas las cuales hacen parte de su belleza y de su esencia.

Las rosas usan sus espinas para protegerse de que las aves y otros animales puedan dañarlas, así es tu vida, hermosa como una rosa que tiene también espinas, con el propósito de hacerte menos vulnerable, nota como cada una de ellas te ha hecho mas fuerte y resistente a todo lo que hubiera podido aniquilarte, de este modo cada espina, cada lagrima, cada herida hizo de tu vida la mas bella e imperecedera flor.

Yo, en este ciclo de mi vida, en este, uno de mis más poderosos capítulos, aprendí a acariciar la vida y la muerte, yo había tenido en varias ocasiones conversaciones con la muerte en la esquina de varios quirófanos, cuando enferma y débil, me vi desnuda y asustada encima de una camilla de lata helada, helada como se sentía mi alma, cuando ella se había acercado a mi para intentar llevarme, en esos capítulos no partí con ella, pues no era mi momento, aún no había terminado mi libro, así que la mire a los ojos y la despedí; pero ahora en estas páginas que hoy escribo revivo ese momento sublime que me rasgó profundamente el alma; sostener la mano arrugada y temblorosa de mi padre, mojarle su boca sedienta y cuarteada, secarle las lágrimas que escurrían por sus mejillas rosadas, intentar calmar su temor de morir con una oración y así segundo a segundo ver su vida apagarse delante de mí, me despertó de un solo golpe la consciencia divina que habita en mi interior y me inspiró estas líneas para depositarlas en el alma de mis lectores, con el fin de llevarlos a comprender la futilidad de nuestra vida, que es tanto y que a la vez no es nada…

¡Por eso, te exhorto a que escribas ese libro que contaría tu historia! Escríbelo cada día con tus actos, con tus decisiones, con tus sentimientos, tus perdones y sobre todo con sentido y propósito, para que comprendas que “quien tiene un para que, es capaz de resistir cualquier como”

¡Vuela alto papa! Tú y todos nuestros seres queridos, quienes ya escribieron el final de su libro y que se nos adelantaron en este viaje sin boleto de regreso, pronto los alcanzaremos en esa fiesta celestial a la que llegara toda la humanidad entera, en la que se nos concederá el descanso eterno y en la que brillara para todos los habitantes de la tierra la luz perpetua.

Amén.