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Opinión

  • | 2019/02/09 11:52

    En busca de gobernabilidad

    ¡Ah!, y que el presidente Iván Duque no delegue el contacto con los expresidentes en ninguna persona distinta a él. Nuestros ‘ex’ pueden ser criticados en muchas de sus actuaciones, pero sus voces y experiencia en algunos temas sensibles deben constituir un insumo para el gobernante de turno sin que se vuelvan imposición.

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Terminó una semana de reuniones entre el presidente Iván Duque y algunos partidos políticos, y la pregunta sigue siendo la misma: ¿es posible gobernar sin mermelada?

 Moverse en esa delgada línea no le está resultando fácil al equipo político comandado por Jorge Mario Eastman, Nancy Patricia Gutiérrez y Jaime Amín, pero si logran una receta de equilibrio entre el buen entendimiento con los políticos y la decisión de no transigir

frente al apetito burocrático de la mayoría de parlamentarios, este gobierno podría marcar la senda de una nueva manera de hacer política en Colombia.

Para conseguirlo, deberían pararle bolas tanto a los temas de forma como de fondo, y meterle pragmatismo a este problema sin abandonar el espíritu de cambio en el relacionamiento de los unos con los otros.

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 Por eso creo que la instrucción de Duque a sus ministros de responderles todas las llamadas a los congresistas, de atenderlos y de hacer presencia en las comisiones, es correcta y podría ayudar en un primer momento. 

Sorprendentemente, ministros que se creían puramente técnicos como José Manuel Restrepo, el de Comercio, y Juan Pablo Uribe, el de salud, han resultado muy buenos en sus relaciones con los parlamentarios, y otros como Jonathan Malagón han tenido el olfato y las buenas maneras que reclaman los congresistas que dicen tener “su corazoncito”. 

 Los dos primeros van tanto como les toque al Congreso, saludan a los senadores y representantes y los oyen con paciencia. Malagón, por su parte, recibe con frecuencia a los alcaldes que llegan a su despacho con un congresista de la mano y, frente a crisis y necesidades regionales, no duda en tener a un senador o representante a su lado para permitirles que se luzcan ante los electores de su región en la búsqueda de soluciones y la implementación de ciertas medidas.

 ¿Ha dado un puesto u ofrecido contratos a un partido o a otro? ¡Al contrario! Ha sacado gente a la que le pagaban sin trabajar solo porque tenía un padrino político y, aunque con sus decisiones haya desatado la furia de algunos, ha acercado a otros, con sentido pragmático, simplemente dejándoles que aparezcan en la foto.

 Como seguramente eso no resultará suficiente, otra de las maneras que el gobierno tiene de recomponer sus maltrechas relaciones es la de sincerar la representación política en el orden regional e introducirle transparencia. 

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 Si hoy las direcciones del Sena o el ICBF en los departamentos de Colombia están en manos de algunos partidos políticos, el Gobierno puede mantenerlas siempre y cuando se eleve la calidad de quienes, en nombre de esas colectividades, lleguen a esos puestos. Un buen sistema para garantizar tanto la representación política como la aptitud y meritocracia es pedirles a los partidos abierta y públicamente ternas de candidatos y de allí escoger a los mejores. Así, poniendo todas las cartas sobre la mesa, los ciudadanos también sabrían a qué partido reclamarle o a qué político castigar por una mala gestión en el ICBF de Santander o el Sena en Nariño, pues, mientras se sigan manteniendo estos nombramientos en la clandestinidad, será difícil que algo cambie.

 Por último, el Ejecutivo, que ha renunciado a la posibilidad de presentar este año la reforma a la justicia o la reforma pensional, puede comprometerse a ‘patinarle’ a los partidos algunos de sus mejores proyectos y acogerlos como suyos para que salgan adelante. En eso el Gobierno está en mora de dar un viraje.

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 ¡Ah!, y que el presidente Iván Duque no delegue el contacto con los expresidentes en ninguna persona distinta a él. Nuestros ‘ex’ pueden ser criticados en muchas de sus actuaciones, pero sus voces y experiencia en algunos temas sensibles deben constituir un insumo para el gobernante de turno sin que se vuelvan imposición. Duque tiene la llave para arreglar algunas de esas relaciones que hoy se encuentran rotas y lograr consensos con relativa facilidad.

 Sí es posible mejorar en gobernabilidad, con una mezcla de transparencia y pragmatismo y, sobre todo, distinguiendo la legítima representación política de la mera democracia transaccional. 

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