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Pablo Federico Przychodny JARAMILO Columna Semana
Brigadier General (r) Pablo Federico Przychodny Jaramillo - Foto: Archivo Personal

Esa tal marcha no existió

Los partidos políticos no se pronunciaron y los acostumbrados personajes de la muy abundante farándula política tampoco comentaron nada al respecto.

Por: Brigadier General (r) Pablo Federico Przychodny Jaramillo

No se escuchó por la radio, ni en la televisión, no salieron anuncios por los medios escritos. Los sindicatos no alentaron a sus trabajadores y los maestros en aulas no motivaron a sus estudiantes a salir a las calles. Las ciudades no se llenaron de pasacalles, ni aparecieron carteles en cada poste y tampoco se observó a los usuales grupos de estudiantes repartidos por sus calles entregando volantes a los transeúntes. Los partidos políticos no se pronunciaron y los acostumbrados personajes de la muy abundante farándula política tampoco comentaron nada al respecto.

Las ciudades no colapsaron, la industria no paró, las clases, en las aulas de escuelas, colegios y universidades no se suspendieron y el país no se llenó de la acostumbrada zozobra a la que se somete al pueblo cada vez que se prepara el desarrollo de una marcha.

Tampoco se vieron grandes tarimas con potentes y costosos equipos de amplificación rompiendo la tranquilidad de las plazas y tampoco se vio un sequito de artistas, de todas las expresiones, haciendo presentaciones gratis con la esperanza de un contrato futuro; no se vio a personajes explotando las masas con arengas veintejulieras para exacerbar el sentimiento de descontento o la incertidumbre de las gentes. No había presupuesto alguno para nada, ni para carteles, ni para camisetas, ni para gorras, ni para pagar a desocupados para que alimentaran las concentraciones y repartieran propaganda de algún tipo.

Alguien dio la idea frente al tsunami de anuncios de reformas y medidas de este nuevo gobierno, el cual a tan solo un mes de su posesión ha llenado de incertidumbre no solo a la nación sino a la comunidad internacional. La promesa de cambio del presidente Petro, dejada en manos de un equipo ministerial que ha mostrado poca idoneidad en cada una sus carteras y una oposición política sin fuerza en el congreso, abre un panorama de incertidumbre en la mayoría de los colombianos, los que no votaron por él, frente el silencio complaciente de los obnubilados áulicos.

La verdad hay que decirla, el día 26 de septiembre de 2022 no pasará desapercibido, pues aun por encima de las expectativas de quien lanzó la idea, la respuesta fue masiva. Al iniciar el día, los que llegamos temprano al sitio previsto para el encuentro, nos comenzamos a preocupar al ver una plaza vacía; alli aparentaba que no se desarrollaría evento alguno. El silencio dominaba el lugar y los pocos asistentes solo nos mirábamos entre sí y una leve inclinación de cabeza, para un tímido saludo, permitió de alguna manera saber que veníamos a lo mismo.

La vida alrededor del sitio de la concentración no se detenía. Los negocios abiertos, el bus del transporte masivo, en la estación, abriendo sus fauces para que una línea de pasajeros ingresara a su interior para luego continuar con su marcha; el ulular de una sirena a la distancia por un momento nos sacó de ese trance en que estábamos y pudimos observar cómo llegaba presuroso un vendedor de banderas de nuestro pais. Ese nuevo elemento en la plaza llamó la atención de los pocos asistentes, quienes acudimos en su busca y en pocos minutos había vendido el surtido del tricolor nacional, cuyos precios estaban entre los diez mil pesos para las banderas pequeñas y quince mil para las grandes.

Faltaba poco menos de una hora para iniciar la marcha y todo indicaba que sería una lánguida manifestación pública; y la verdad estábamos pensando en solo hacer una manifestación en el sitio y regresar a nuestros sitios de trabajo o a los hogares y quedarnos callados para que la burla no fuera tan fuerte. De un momento a otro, desde diferentes direcciones comenzaron a llegar familias enteras, hombres, mujeres, grupos heterogéneos de personas y el ambiente cambió. Sonrisas, saludos comenzaron a intercambiarse con los que llegaron primero hasta que la cantidad de gente no permitió hacerlo más.

Los asistentes ya no cabían en la plaza y siendo la hora prevista, alguien con un megáfono en mano organizó la punta de la marcha. Los pasacalles de las organizaciones se extendieron, banderas compradas cerca del estadio, otras compradas a ese solitario vendedor que llegó temprano y muchas traídas de las casas, las mismas que se izan en cada fiesta patria, crearon una marea tricolor que llenó de orgullo a los asistentes.

Me sorprendió ver a muchos jóvenes, se suponían deberían estar en clase, también muchas mujeres y grupos familiares y en un barullo cada quien trataba de contarles a otros sus motivaciones para estar allí, un lunes 26 de septiembre, y manifestarse en contra de lo que algunos llamaron el “paquetazo de Petro”. La punta de la concentración comenzó a moverse, la marcha había comenzado.

Durante el desplazamiento, espontáneos lanzaban al aire arengas, a veces leídas de carteles que llevaban en alto algunas personas y las cuales eran coreadas por los que alcanzaban a escucharlas y esas se fueron extendiendo a lo largo de la enorme colcha de marchantes que ya ocupaban cuadras y cuadras de la ruta prevista. Al paso de la marcha algunos que observaban tomaban fotos quién sabe con qué propósito, tal vez esperando captar con sus cámaras cualquier acción que los lanzara al estrellato del TikTok y los hiciera virales en las redes.

Durante el recorrido, los marchantes sin áascara ni capucha, con mucho entusiasmo, seguían coreando las consignas contra el Gobierno, protestando por el riesgo de usar los ahorros de los pensionados para subsidios, por la inconformidad de asignar dineros para la compra de conciencias de jóvenes delincuentes por ochocientos mil pesos, por una reforma a la salud que desconoce los avances en una cobertura que supera al 90 % de la población, por una paz total que se quiere construir sin autoridad y sin justicia, por la inactividad de la fuerza pública frente al atropello a la propiedad privada y a la fuerza de la delincuencia.

Se lanzaban consignas en contra de una reforma tributaria que, de manera taimada, golpeará a los más pobres y contra el aumento de los precios de la gasolina, que no se compadece con los motociclistas, con los pequeños distribuidores, con los pequeños empresarios del transporte y la cual al final se reflejará en los alimentos, tanto en las grandes superficies como en las tiendas de barrio; se coreaba en contra de otros aspectos que preocupa en general a una comunidad que observa cómo se quiere imponer un cambio, desconociendo lo que se ha avanzado.

El Esmad, expectante, ubicado en sitios muy específicos a lo largo de la ruta, recibía la ovación de cada segmento de la marcha y el grito de “héroes” se extendía a lo largo de las numerosas cuadras que ocupaban los marchantes. Esta marcha del 26 de septiembre de 2022 mostró lo que es una protesta pacífica, pues el balance que arroja no se mide en buses quemados, tampoco en policías heridos ni estaciones del servicio público vandalizados, sino en el número de personas que de manera libre y espontánea concurrieron. Fui testigo de cómo unos pocos jóvenes intentaron provocar a quienes rechazaban las políticas dictatoriales del presidente y sabotear la marcha, tal vez intentando demostrar que se puede ser tan violentos como los que participaron en el desastre de abril del año pasado. Ellos, los saboteadores, repartieron volantes entre los asistentes a la marcha y como respuesta recibían un “despierta” “no te dejes engañar”, “marcha con nosotros”... al final se perdieron entre la multitud.

Llegamos al destino de la marcha y así como al comienzo, sin tarimas, artista ni discursos, las personas intercambiaban ideas entre sí y muy rápidamente se fueron disolviendo; solo un grupo significativo de ellas aprovechó el momento para lanzar consignas contra el alcalde de Cali, quien atraviesa una de las peores crisis en la historia de la administración de la ciudad, pero ese será otro tema.

Fueron miles y miles de personas que salieron el lunes 26, sin taparse el rosto, con un profundo amor por su país. Salieron a marchar las personas que construyen, las que pagan sus impuestos, las que quieren y creen en Colombia, que creen que el cambio sí es necesario, pero no así como lo plantea este gobierno; las que confían en su fuerza pública, las que creen que la paz no se compra, sino que se construye con autoridad, justicia e inversión. Este 26 de septiembre, vi al civismo en movimiento, expresándose en las calles, en una inusitada y masiva respuesta popular, la cual ha sido tratada de minimizar y de ridiculizar por los bodegueros del Gobierno y aun por actores políticos de la izquierda, aprovechándose de sus mentiras y de las salidas desafortunadas de unos pocos marchantes, algunos de dudosa filiación, por cierto.

Los mensajes que quedan son muchos. El primero de ellos indica que es posible hacer grandes movilizaciones sin que las centrales obreras paralicen al pais, sacando a sus trabajadores a las calles, usando a sus sindicatos; sin que Fecode suspenda las clases para sacar a los alumnos a la calle. Quedó demostrado que la gente que salió a la calle este 26 de septiembre es la que ha vivido el pais, la que lo ha construido, la que ha sufrido su historia, a la que no se la ha contado, pues la ha vivido y ha sido parte de ella. Lo más importante es que se demostró que no es necesario que partidos políticos o alguno de sus representantes haga la convocatoria, pues las personas van a salir por pura convicción.

Este gobierno debe entender que hay una sociedad mucho más grande que la de sus seguidores, que está expectante de lo que se está haciendo y que no está dispuesta a perder. El presidente debe entender que a las urnas fue menos de la mitad del país y que su triunfo electoral no lo hace un vencedor absoluto y por eso no debe subestimar al público que no le es afecto, pues Colombia es mucho más de los once millones que votaron por él.

La movilización social es un indicador que fortalece la democracia y que ha sido tradicionalmente instrumentalizada por la izquierda, por eso, que la sociedad que no es afecta a esta línea política salga a manifestarse, le muestra al Gobierno que ella no será un actor pasivo frente a cualquier intención que pretenda menoscabar los derechos constitucionales y al estado social de derecho.

Desde ya, senadores de izquierda invitan a celebrar marchas a favor del presidente de la nación, lo que evidencia el impacto que la del 26 de septiembre ha generado en ellos. De alguna manera están preocupados y, más que eso, esa “contramarcha” que promueve el senador Gustavo Bolívar, específicamente, lo que va a llevar es alimentar ese sentimiento que separa ambos bandos; qué grave error en el Gobierno del amor y la unidad.

Equivocados están quienes afirman que la marcha del 26 de septiembre fue un fracaso del uribismo y se equivocan en primera medida porque ella no fue convocada por ningún sector de la política, y segundo, porque la respuesta ciudadana fue multitudinaria, así el término les incomode los seguidores de Petro. Esta marcha fue solo voluntad, nada de dineros, nada de presiones y negociados por debajo de mesa, sin presencia de actores dudosos a los cuales las marchas del otro sector están acostumbrados a acudir para apalancar y financiarlas, y lo más significativo es que no se generó ningún indicador a los que ellos tienen acostumbrado al pais, cero muertos, cero heridos, cero destrucción; ese es el verdadero talante de quienes aman a Colombia.