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Opinión

  • | 2019/07/23 18:00

    Los están matando

    La apatía frente al dolor de los demás es una afrenta a nuestra propia humanidad. La indiferencia, escribió un sobreviviente del holocausto, es siempre amiga del enemigo. No seamos indiferentes, no seamos colaboradores de los criminales con nuestro silencio o nuestra pasividad.

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¡Difícil aceptar que la paz traiga tanta muerte! pero así está ocurriendo. Y ocurre vertiginosamente contra los líderes y lideresas sociales, víctimas trágicas de una paz que se va quedando trunca. No alcanzaron a celebrar el fin de la guerra, cuando la violencia, con viejos y nuevos heraldos, empezaba a rondar nuevamente en los campos de Colombia.

Injusto. Ellos que han defendido lo que ni la sociedad, ni el Estado están defendiendo: la tierra, la vida, el medioambiente, los derechos. Ellos están sometidos hoy a dilemas sobrehumanos de este tenor: "Uno no sabe qué hacer, si el proceso comunitario o la familia", le dijo uno de ellos a El Espectador. Es el dilema insoluble de la víctima vulnerable, tan distinto del dilema ciudadano con opciones reales de acción: me comprometo, o me desentiendo y me refugio en mi individualismo facilista. 

Doloroso. Los están matando y las muestras de indignación ciudadana y estatal se quedan cortas frente a las dimensiones de las tantas muertes anunciadas. Pareciera como si 50 años de guerra, de muertos, desaparecidos, secuestrados, desplazados, sexualmente abusados, mutilados, hubieran adormecido la sensibilidad, y elevado inusitadamente nuestro umbral de dolor y asombro frente a los estragos de la violencia.

Interpelador. La apatía  frente al dolor de los demás es una afrenta a nuestra propia humanidad. La indiferencia, escribió un sobreviviente del holocausto, es siempre amiga del enemigo. No seamos indiferentes, no seamos colaboradores de los criminales con nuestro silencio o nuestra pasividad. Cuando ellos, los líderes, mueren, algo de nosotros se va con ellos. Somos parte del mismo cuerpo nacional. Los y las están matando...y no hay derecho a incomodarse porque haya quienes nos lo recuerden  todos los días...es que está pasando todos los días, y tal vez usted se niega a asumirlo. Ya no más silencio, no más complicidad pasiva.

Indefensos. Los están matando, y en  los medios de comunicación solo aparecen como cifras, y no como heridas que le duelan a la sociedad entera. Incluso con frecuencia se ven obligados a defenderse ellos mismos, como si no hubiera Estado y sociedad organizada para protegerlos.

Impunes. Hay una línea de responsabilidades diferenciadas en sus muertes: la responsabilidad del gatillero, la del instigador, la del financiador, y la del indiferente. La indagación de las tres primeras, para contrarrestar los incentivos perversos de la reproducción, le incumbe a las autoridades; la última nos concierne a todos como ciudadanos rasos: rompamos la cadena para evitar el colapso. 

Los y las están matando. Y no hay que equivocar el diagnóstico. Les pasan cuenta de cobro por la paz que lucharon y soñaron, pero al mismo tiempo la paz completa que les quieren arrebatar es el único camino para salir del laberinto. No podemos esperar al próximo muerto. Sumémonos ya al Grito de Colombia entera este viernes 26 de julio, y digámosle no a la muerte, y sí a la vida y a la paz.

Los están matando, sí, pero ellos también somos nosotros. ¡Nos están matando!

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