OPINIÓN

Francisco Mejía

Este domingo cae el telón

Subestimaron la inteligencia del ciudadano colombiano y no midieron el tamaño de la reserva moral del país.
15 de junio de 2026 a las 3:45 p. m.

Está a punto de caer el telón de una obra macabra a cargo de Gustavo Petro, que ha dejado una estela de violencia y corrupción aterradora aún para los estándares colombianos.

La tragedia fue una puesta en escena que, como en la obra Nieve de Orhan Pamuk, está terminando con el asesinato de muchos en la audiencia que creían asistir a un recital de poesía. Engañaron a la gente con el ardid comunista de la justicia social, la lucha contra la corrupción y la deformación de la historia de Colombia para declararse redentores de falsos agravios. Y la gente engañada los eligió en el 2022.

Y ahí empezó la tragedia de la cual nadie podía salirse hasta que cayera el telón, que está a punto de caer. Los impostores al mando de Petro se dedicaron minuciosamente a destruir cada logro y cada institución, cegando la vida en el proceso de mucha gente que creyó asistir a una velada poética. Muchos han muerto por la destrucción del sistema de salud con la excusa de que sobre sus ruinas se debe construir otro estatizado que se acomode a su ideología. Porque como suelen hacer los Sátrapas Marxistas como Petro y su heredero Cepeda, no solo ponen la ideología por encima de la vida, sino que, igual que los crueles dioses paganos, exigen sacrificios de sangre. Tal cual como lo dijo Marx: “La violencia es la partera de toda sociedad vieja que lleva en su seno otra nueva.”

También asesinaron sin piedad, y ya sin ninguna sutileza, con la paz total. Considerada equivocadamente como una política fallida para algunos, como si alguna vez hubiera tenido algún propósito noble. La verdad es que siempre fue una acción deliberada para blindar de impunidad a los peores asesinos de Colombia, devenidos en socios políticos, que bajo el nombre de gestores de paz han matado soldados, policías, campesinos, periodistas y hasta a un candidato presidencial como ocurrió con el magnicidio de Miguel Uribe. Y fue precisamente su arquitecto, el impune Iván Cepeda, el elegido para continuar y finalizar la obra inconclusa de la destrucción de nuestro estado de derecho.

Pero no solo han matado a gran escala: han entrado a saco al estado, no hay entidad que se salve; la olla no solo la rasparon, sino que se la robaron.

Y mientras escenifican su acto infame, han emprendido una campaña de subversión de valores con el fin de lograr una mayoría que les vote para que no caiga el telón y la ordalía continué en un segundo capítulo sin tiempo fijo. Así han presentado el mal como si fuera el bien: las fechorías de Juliana Guerrero se vuelven un acto de inclusión de minorías marginados, las hordas de vándalos héroes revolucionarios, los ladrones de celulares jóvenes incomprendidos… Y a los buenos los convierten en villanos: el empresario es un explotador enemigo del pueblo, quien invoca la igualdad ante la ley y su imperio es un fascista, las periodistas que osan escrutar al presidente son muñecas de la mafia, y así un largo etcétera.

Pero se equivocaron, creyeron que podían hacerle creer a la audiencia que los muertos eran fingidos, que la destrucción era de utilería, como en efecto creyeron los de la obra de Pamuck al principio. Creyeron que habían sembrado suficiente odio, y que habían trastocado suficientemente la escala de valores, para que quienes descubrieran que la matanza y el saqueo eran reales, soslayan los crímenes en aras de la ideología.

No fue así. Subestimaron la inteligencia del ciudadano colombiano y no midieron el tamaño de la reserva moral del país. Y en un hecho providencial, apareció El Tigre Abelardo de la Espriella para liderar la gesta democrática más grande de la historia de Colombia. El pueblo esta ofendido por el engaño y pide justicia, y la tendrá de la mano del Tigre. Pero no hay que confiarse, la maldad es perseverante y no tiene límites, cada voto cuenta para que caiga el telón de esa farsa que tanto dolor y destrucción ha traído y que amenaza con someter nuestra libertad: es un deber patrio en estos últimos días convertirnos en activistas e invitar a votar por El Tigre, para que este domingo caiga el telón y empiece una era de justicia y progreso para Colombia.