OPINIÓN

Erick Behar Villegas

¿Qué será, será? La psicología de la esperanza y el Tigre

Todo empieza por salir a votar por ese cambio que en las pasadas elecciones fue la ironía mentirosa del siglo y hoy realmente se necesita.
15 de junio de 2026 a las 10:00 a. m.

Se dice que, en el mundo de la escritura de ficción, lo que más cautiva a los lectores es pensar en lo que pasará en la próxima página. Es esa combinación de ansiedad leve e interés que se materializa en curiosidad. Cuando alguien no puede soltar un libro, es porque quiere ver y simular en su mente ese próximo paso. En ello, a veces, hay esperanza, dependiendo de qué tanta conexión emocional exista.

En estas elecciones, Colombia está ante una conexión y ansiedad mucho más grande que se explica en parte con lo que llamo la ‘paradoja de pasar la página’. Por un lado, hay una gran expectativa de lo que vendría si gana el Tigre. Por el otro, no se puede simplemente pasar la página ante el desastre multidimensional que deja Petro. No solo hay mucho en juego. También quedan muchas lecciones, especialmente aquellas que dictan cómo ‘no’ hacer las cosas.

Con el Tigre surge una expectativa y una esperanza que vale la pena mirar en detalle, pues su gobierno —¡espero de corazón que gane!— tiene tanto pero tanto por arreglar y cambiar luego de este ocaso en el que las instituciones colombianas resistieron ataques y burlas.

En esas ansias de pasar a la siguiente página de la historia de Colombia está inmersa la esperanza: ¿mejorará la economía con todo el potencial que tiene este país?, ¿se salvará el sistema de salud y el de pensiones?, ¿podrá finalmente el Banco de la República respirar la independencia que merece?, ¿habrá finalmente seguridad para poder salir de la casa sin temer a ser asaltado o asesinado por cualquier bobada?, ¿podrá Colombia posicionarse internacionalmente como un país serio y no como el compinche de regímenes autoritarios?, ¿habrá colaboración con los territorios para sacar adelante los proyectos de infraestructura pendientes?, ¿podremos finalmente reducir el tamaño del Estado en donde perviven las culturas del malgasto público?

La esperanza es una cosa curiosa. Cuando ganó Petro sentí las palabras que Virgilio y Dante ven en el tercer canto del infierno: “Vosotros que entráis, dejad toda esperanza”. Qué brutal profundidad tiene ese verso. Y vaya mentira que fue ese cambio que prometió Petro, maestro para forjar narrativas emocionales y victimizadoras que tapan la hecatombe que dejó. Pero ahora, luego de este ocaso, renace la esperanza y por ello vale la pena analizarla un poco.

Cuando uno mira lo que ha sido la esperanza en psicología, hay un cambio curioso que se da en los 90’s con un psicólogo llamado C. Snyder. La idea es simple: la esperanza no debe ser un mero sentimiento (ojalá que pase algo), sino que es una construcción cognitiva que implica que pongamos objetivos, rutas hacia ellos y tengamos motivación (espero que algo pase, por ello ideo caminos para llegar allá y me pongo a trabajar). Los obstáculos… sí, sí, existen, y eso está bien, dice Synder, porque lo más importante es la habilidad de vencerlos.

Todo empieza por salir a votar por ese cambio que en las pasadas elecciones fue la ironía mentirosa del siglo y hoy realmente se necesita. Entre el gran acervo de razones que hay para votar por el Tigre, la primera tiene nombre propio por todo lo que implica: José Manuel Restrepo: experto, decente, trabajador, sabio, amable y gran ser humano que Colombia merece como líder acompañando a Abelardo. Que el Tigre se rodee de expertos con pragmatismo y le meta el carácter que requiere un cambio real en Colombia me hace pensar que, en la próxima página de esta historia, el país mejorará mucho. Será así porque millones de personas honestas que trabajan, que no andan metiendo cuentos mientras se enriquecen a expensas de otros, merecemos un lugar mejor.