Habla muy bien del presidente Abelardo De La Espriella el hecho de haberle pedido la renuncia al presidente de Colpensiones; era evidente la falta de idoneidad de la persona que nombraron para desempeñar ese cargo. En el sector privado también ocurren errores de reclutamiento, pero lo novedoso es que, mientras en dicho sector los errores se corrigen rápidamente sacando a las personas, en el sector público no se corrigen o, en el mejor de los casos, la solución es nombrarle al inepto a alguien debajo que sí tenga los conocimientos, cosa que es un parche porque la idoneidad de quien está a la cabeza es irremplazable. El mérito del Tigre es haber corregido como corresponde.
El buen desempeño de este Gobierno es crucial para el futuro de nuestra democracia. Si las cosas no salen bien, volverá al poder la demagogia progre que nos mal gobernó y probablemente ya nunca se vaya porque habrá aprendido de los errores, no para gobernar mejor, sino para lograr permanecer. Y el presidente lo sabe, por eso está concentrado en los temas más sensibles como la seguridad, dando resultados y, sobre todo, imponiendo una narrativa que se enmarca en una batalla cultural, que es el antídoto probado contra la extrema izquierda. Eso es lo más importante.
Pero también es importante que el Ejecutivo, en toda su enorme magnitud, dé resultados en todos los frentes. Para eso, se necesitan capacidades gerenciales probadas y conocimiento de los temas por parte de los funcionarios. Más aún en entidades clave como Colpensiones: si el Congreso no aprobara en tiempo una contrarreforma pensional (que ojalá no sea el caso), el reto gerencial y técnico de Colpensiones para estar lista para recibir más de 15 millones de afiliados y liquidar las pensiones con las nuevas reglas es titánico. Un colapso de la entidad en su salida en vivo con la reforma puede dar al traste con todo lo bueno que está haciendo el presidente y poner así el futuro de Colombia en riesgo. Pero, en cualquier caso, es necesario poner al frente de la entidad a una persona que sepa de pensiones, o sea, que entienda que los sistemas de reparto son insostenibles y ayude así a sacar adelante la contrarreforma, y que por sus capacidades técnicas y gerenciales garantice que, cualquiera que sea el papel de Colpensiones, en una contrarreforma la entidad va a funcionar de la manera más eficiente posible.
Este asunto de Colpensiones debe servir de campanazo al Gobierno, porque el despido del señor Montoya debe ser solo el primer paso. Creo que se debe revisar qué controles fallaron en su nombramiento y corregir. Pero sobre todo creo que el Gobierno debe crear un sistema de evaluación de desempeño como los que existen en el sector privado para evaluar a los funcionarios. Lo que suele pasar en los gobiernos es que los presidentes destituyen funcionarios cuando hay un escándalo (excepto en el gobierno Petro, donde se elegían para eso), o un cúmulo suficientemente grande de quejas de sectores con acceso al presidente, pero no hay una evaluación formal frente a objetivos que permita hacer los cambios a tiempo. Un sistema de este tipo solo es viable en un gobierno como el del Tigre, donde los funcionarios no son nombrados por padrinazgos políticos. El presidente De La Espriella ha decidido hacer esto, que es lo correcto, y asumir los costos que ello implica. Pero, para poder cosechar todos los beneficios de esta ruptura con las viejas prácticas, es necesario tener este sistema robusto de evaluación de desempeño frente a objetivos estratégicos o balanced scorecard.
El reto gerencial para recuperar una institucionalidad derruida por Petro y sin recursos es enorme; los funcionarios deben ser competentes, pero también compartir la visión del presidente De La Espriella, porque tampoco se trata de traer al Gobierno a quienes han contemporizado con esas políticas que tanto daño nos han hecho, con la excusa de que son muy técnicos. No es fácil la tarea, pero Colombia es una gran cantera de talento.
