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Julio Londoño Paredes
Julio Londoño Paredes, excanciller de Colombia - Foto: Carlos Julio Martínez

Fronteras nacionales: desde Gertrude Bell hasta José Eustasio Rivera

La determinación de las fronteras tiene capítulos apasionantes en la historia de los pueblos.


Por: Julio Londoño Paredes

Las agudas crisis que atraviesan los países euroasiáticos y de Oriente Medio, así como la caótica situación de los estados africanos, en buena parte se deben al caprichoso trazado de las fronteras internacionales que hicieron las potencias coloniales.

En 1921, representantes de 14 países se reunieron en El Cairo para crear nuevos estados como Transjordania, Irak y Kuwait, y establecer fronteras donde no las había, dividiendo a tribus y grupos étnicos. Todo ante la derrota del Imperio otomano en la Primera Guerra Mundial.

Entre la multitud de barrigones representantes, civiles y militares, que no se quitaban las condecoraciones y los cascos con penachos ni para dormir, sobresalía una extraordinaria mujer: Gertrude Bell, la “Reina del Desierto”, como se la denominaba en Oriente Medio, y el mítico Lawrence de Arabia, los únicos que conocían la realidad. Gertrude fue la figura central de la conferencia. Entre otras cosas, trazó las fronteras de Irak e impuso a Faisal, como su primer gobernante.

Era hija de un influyente y rico político británico. Inteligente, bella y valiente, muy joven viajó a Oriente Medio, conoció el desierto mejor que nadie y subyugó a los jefes tribales árabes que contribuyeron al triunfo de los ingleses.

Se enamoró primero de un inteligente y encantador funcionario de la Embajada británica en Bagdad, pero pobretón, lo que era un obstáculo para el matrimonio de una niña de la aristocracia londinense.

Luego de un oficial del Ejército británico, pero que era casado y murió trágicamente. Quedó marcada por esos hechos. Se suicidó en medio de la soledad, en su casa de Bagdad en julio de 1926. Tenía 57 años.

Algo parecido había sucedido años atrás en África, en medio de la ambición, las envidias y los intereses mezquinos de los gobernantes europeos. Entre 1884 y 1885, en una conferencia celebrada en Berlín, las potencias se repartieron el África como si fuera un ponqué. Las consecuencias se viven aún en los países africanos, que, con pocas excepciones, atraviesan dramáticas tragedias. Muchos, sin embargo, ni siquiera los ubican en el mapa.

En el continente americano las colonias españolas tuvieron un manejo diferente. Se optó por determinar las fronteras de los estados surgidos después de la independencia siguiendo el uti possidetis de 1810, que, en alguna medida, preservó la identidad de los pueblos.

En nuestro caso, muchos ilustres colombianos participaron en el señalamiento de las fronteras nacionales. Desde presidentes como Tomás Cipriano de Mosquera, Enrique Olaya Herrera y Roberto Urdaneta Arbeláez, hasta poetas y literatos como José Eustasio Rivera, una de las glorias de la literatura nacional.

Rivera nació en Neiva y fue miembro de la comisión mixta demarcadora de la frontera entre Colombia y Venezuela en 1922, desde la cual pudo evidenciar el abandono en el que el Gobierno mantenía a los territorios del sur y los vejámenes a los que eran sometidos los colonos colombianos.

Esa misión le sirvió para escribir la extraordinaria novela La vorágine. Murió en Nueva York en 1928, a los 40 años, como consecuencia de paludismo cerebral adquirido en la selva.

Nunca imaginó que Venezuela sería refugio de bandidos dedicados al narcotráfico.

(*) Decano de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario.