OPINIÓN

Gonzalo Gutiérrez Reinel

La Comunidad Andina frente a la criptodelincuencia

La delincuencia organizada evoluciona con la tecnología. Nuestra respuesta debe hacerlo también.
20 de agosto de 2026 a las 10:00 a. m.

Mientras millones de personas utilizan los criptoactivos, como las criptomonedas, para invertir, hacer negocios o enviar dinero a sus familiares, las organizaciones criminales también han encontrado en esta tecnología una nueva forma de mover y ocultar las ganancias del narcotráfico, la trata de personas, la minería ilegal, la corrupción y otros delitos. El crimen organizado ya no solo cruza fronteras físicas: hoy también opera en el mundo digital.

Estudios han concluido que los criptoactivos están pasando de ser un medio de intercambio a convertirse en parte de las estructuras financieras criminales. Durante 2025, las direcciones vinculadas a actividades ilícitas recibieron al menos 154 mil millones de dólares en este tipo de activos digitales. A ello se suma que los países de la Comunidad Andina se ubican entre los ocho con mayor adopción de criptoactivos en América Latina: Colombia ocupa el quinto lugar; Perú, el sexto; Ecuador, el séptimo; y Bolivia, el octavo.

Frente a esta realidad, la Comunidad Andina impulsa una estrategia para impedir que las organizaciones criminales utilicen los criptoactivos para lavar dinero y financiar sus actividades. En el marco de la Decisión Andina de lucha contra la delincuencia organizada transnacional, los países andinos han fortalecido la cooperación, el intercambio de información, la armonización normativa y el desarrollo de capacidades, convencidos de que ningún país puede enfrentar por sí solo una amenaza que no reconoce fronteras.

Como parte de este esfuerzo, la Comunidad Andina, con el apoyo de los Estados Unidos, desarrolla un programa de capacitación que reúne a ministerios de Defensa, Interior y Justicia, poderes judiciales, fiscalías, investigadores policiales, unidades de inteligencia financiera, bancos centrales y organismos reguladores.

El propósito es que todas estas instituciones trabajen como un solo sistema: que compartan información, hablen un mismo lenguaje, armonicen sus normativas y coordinen sus actuaciones para seguir la ruta del dinero, preservar la evidencia digital y recuperar los recursos del crimen organizado. Sin esa coordinación, las organizaciones criminales encuentran espacios para ocultar sus ganancias y aprovechar las diferencias entre los sistemas nacionales.

Entre los temas abordados destacan las técnicas de trazabilidad de criptoactivos en redes como Bitcoin, Ethereum y Tron, mediante ejercicios prácticos apoyados en herramientas de análisis de blockchain de acceso abierto. Del mismo modo, se profundiza en los fundamentos criptográficos como las funciones hash y las firmas digitales, las tipologías de lavado de activos mediante mixers, tumblers, chain-hopping y plataformas OTC de alto riesgo. Aunque se trata de conceptos especializados, su comprensión resulta indispensable para enfrentar los desafíos que plantean este tipo de delitos.

La delincuencia organizada evoluciona con la tecnología. Nuestra respuesta debe hacerlo también. Solo una Comunidad Andina más integrada, con instituciones fortalecidas y una cooperación permanente, podrá proteger mejor a nuestros ciudadanos y cerrar espacios a las economías criminales. Esa es la tarea que hoy nos convoca.