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Opinión

  • | 2019/09/11 08:16

    La pastora y su candidato

    Clara Lucía Sandoval renunció a la dirección del instituto, para unirse, de frente, a la campaña de Miguel Uribe por la Alcaldía de Bogotá, y claro, apoyar a Sara Castellanos, hija de la senadora y máxima dirigente de MCI Claudia Rodríguez de Castellanos.

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Es la tercera columna sobre este mismo tema, sin que las autoridades se pronuncien o hagan algo. Desde hace varios meses denuncié cómo la administración de Enrique Peñalosa le entregó el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal (IDPYBA) a la secta de la Misión Carismática Internacional (MCI), en cabeza de la pastora Clara Lucía Sandoval. Como lo demostré, el instituto fue cooptado por militantes de la secta y familiares de la pastora. Igualmente, muchos de estos contratistas se dedicaron a hacer proselitismo político para la pastora Rodríguez de Castellano, actual senadora de Cambio Radical. En el siguiente link se ven fotos y contratos que prueban las afirmaciones.

 El diezmo de Peñalosa y los bogotanos a la Misión Carismática Internacional

A pesar de las denuncias, la secta sigue administrando el IDPYBA a su antojo. La pastora Clara Lucía Sandoval renunció a la dirección del instituto, para unirse, de frente, a la campaña de Miguel Uribe por la Alcaldía de Bogotá, y claro, apoyar a Sara Castellanos, hija de la senadora y máxima dirigente de MCI Claudia Rodríguez de Castellanos. Sara, quien es la cabeza de lista del Partido Liberal, vivió varios años fuera del país, no conoce la ciudad, no tiene recorrido político, pero aun así es la cabeza de lista del partido que dirige César Gaviria.

La siguiente foto se tomó el pasado viernes a las 11 de la mañana en la oficina  asesora jurídica del instituto. Las fuentes indican que la oficina estaba vacía pues todos deben concentrase en la campaña de Miguel Uribe, además, los contratistas deben dedicar dos o tres medios días cada semana a la campaña de Miguel Uribe y de la hija de la pastora. Por eso el instituto permanece vacío.

Para acceder al instituto, se debe pasar por una entrada de torniquete, que se activa con la huella digital. Por ende, el subdirector administrativo revisa con lupa quién entra y sale, así como los horarios, pero esto solo se controla a los pocos que no pertenecen a MCI. Los militantes de la iglesia hacen lo que se les da la gana. La directora encargada del instituto, Catalina Rivera Forero, que reemplazó a Clara Lucía Sandoval, en las próximas horas será nombrada en propiedad. No tiene el perfil para estar como directora y su experiencia laboral se limita al Consejo de Bogotá cuando fue asesora de Clara Lucía Sandoval, es decir un gobierno en cuerpo ajeno.

En todo caso, dos hechos rebosaron la copa, tienen a los funcionarios, militantes y no militantes de MCI, indignados. El primero, se refiere a un viaje por premio. Bogotá se ganó el premio de Ciudad Amiga de los Animales. Las personas seleccionadas fueron Ariana Romero Wilches, quien es técnica en comunicaciones y su única experiencia es que fue asesora de prensa del Clara Lucía Sandoval en el Concejo de Bogotá. La otra delegada será Luisa Margarita Ramírez Suárez asesora de la dirección y que lleva menos de un año en la entidad. Ninguna de las dos está capacitada o sabe del tema. Solo van por cercanía a la pastora y militancia en MCI.

El otro hecho ocurrió la pasada semana. Una de las personas denuncia dice lo siguiente: “Por muchos años asistí a esa iglesia MCI y era linda, sana doctrina, pero a medida que pasaba el tiempo me di cuenta de mucha manipulación, cosas que dicen y hacen totalmente lo contrario a lo que predican. Por ejemplo, la más homofóbica de todas es la señora Clara”.

La denunciante más adelante manifiesta que el auditorio inmenso que tiene MCI es de todos los feligreses, pero los pastores lo alquilan (Auditorio G12). Como se sabe, las iglesias no pagan impuestos y muchos de esos negocios los ponen como donaciones. La indignación es que son terriblemente homofóbicos, predican en contra de la equidad de género, pero alquilaron el auditorio para uno de los eventos de peluquería más grandes de Suramérica. Los feligreses decían que estaba lleno de “mujeres con poca ropa y gais”. No entendían nada. Al otro día, había culto y nuevamente los discursos agresivos contra la comunidad gay y las mujeres estaban a la orden del día. También, por allí ha pasado el candidato Miguel Uribe, claro, a los feligreses se les dice por quien votar. Hablan mal de Claudia López, la satanizan y todo con un discurso cavernícola.

En fin, todo es un negocio. El problema no es la creencia o los principios morales. Yo creo en la equidad de género, en la igual de derechos para los seres humanos sin importar preferencias sexuales, hay gente que no cree en eso. Así que debatir sobre esos asuntos es normal. Es un tema de debate continuo en las sociedades modernas. El gran problema es que se engaña a las personas con estos discursos, se les direcciona por quien votar, a quien odiar y en la vida real MCI es la mejor muestra que hay gente que ha hecho de la religión un negocio. 

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