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Columna de opinión Marc Eichmann

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La reacción del presidente

En vez de adaptar su comportamiento a los pedidos del pueblo que se manifestó en masa, el presidente se oculta en la visión de un mundo solamente suya.

Marc Eichmann
23 de abril de 2024

Las marchas de la oposición del 21 de abril fueron multitudinarias. No las unió un partido político, ni una afiliación profesional, las unió el sentimiento del pueblo maltratado porque no es escuchado por su presidente.

Las pruebas de que el pueblo no es escuchado son múltiples. Las encuestas sobre la salud daban todas como resultado que, a pesar de ciertas dificultades con las EPS, la gran mayoría desaprobaba la reforma a la salud. El congreso, a pesar de la mermelada, también archivó la misma. No le importó al presidente y, como Santos desestimó el plebiscito, procedió por vías de hecho a quebrar las EPS al negarles los pagos a los que legalmente el gobierno está obligado.

La lógica del presidente parece ser a mí me eligieron democráticamente y, por lo tanto, tengo derecho sin limitaciones para hacer lo que quiera, independientemente de lo que diga la mayoría de la gente, la ley y los principios éticos. Puede nombrar a Benedetti de embajador ante la FAO, una embajada cerrada por varios lustros y a funcionarios inhabilitados y condenados en la cancillería, puede pasar por la ley 80 de contratación porque el resultado no le gusta, como en el caso de los pasaportes o la Unidad de Gestión de Riesgos con los carrotanques.

El pueblo, el que salió a la calle, no lo ve así. No quiere ni asesinarlo ni tumbarlo, quiere que el presidente respete la ley, que el gobierno por él dirigido cumpla con sus obligaciones.

Tampoco quiere el pueblo que el gobierno responda solo a los colombianos que votaron por Petro. Como el geólogo que portaba un letrero en la marcha que decía “soy geólogo y tengo cerebro” muchos más se sienten excluidos. Los trabajadores del sector petrolero, la empresa privada, los ganaderos, todos sienten que no solo no los escuchan, sino que pasa por encima de sus necesidades.

Y es que el gobierno irrespeta sin ton ni son a izquierda y derecha. Con el fin de conseguir más poder sobre los demás actores sociales se toma las EPS, las Cámaras de Comercio y las Cajas de Compensación, no pensando en sus afiliados sino en para el bien de su séquito. El pueblo, el que marchó, no es ciego y es consciente de lo que hace y porque lo hace.

Los colombianos que marcharon eran en su gran mayoría apolítica. El que Álvaro Uribe haya combatido las guerrillas no quiere decir que quienes marcharon y, no están de acuerdo con la paz total de Petro, sean uribistas. Se equivocan de gran manera los camuflados que se negaron a marchar porque las tesis de quienes salieron a la calle son compartidas por ciertos partidos políticos: se marchó por los principios, por los comportamientos del gobierno considerados inaceptables y no afiliación a los partidos políticos.

También fue inaceptable y preocupante que el presidente no se haya dado cuenta de la inconveniencia de decretar un día cívico el día antes del fin de semana de la marcha con la disculpa del ahorro de agua y energía. Muchos municipios alrededor de las ciudades tienen faltantes del preciado líquido superior a los de las capitales. Aun así, el presidente aún niega su intención evidente de dificultar que los colombianos se manifestaran al decretar el día cívico.

Hoy la imagen del presidente es la de un funcionario acorralado, que no tiene como argumento sino el odio a la clase política que en muchos casos actuó mal en el pasado. Tiene pocos argumentos, un prontuario de falta de eficiencia en su ejecución y una desfavorabilidad que lo obliga a unirse a la marcha de los trabajadores del Día del Trabajo porque sus seguidores no le salen a la calle.

En su desespero afloran comportamientos extraños, como revivir las alarmas por el golpe blando y las amenazas sobre su vida, como si los marchantes tuvieran ese objetivo. Ellos, presidente, solo quieren que sea sensato, que respete las leyes y que actúe en favor de todos los colombianos. También se indigna cuando los menosprecia, declarando que fueron 250 mil en todo el país, puede multiplicar esa cifra por 4 como mínimo.