OPINIÓN

Diana Saray Giraldo

Llegó el turno de Abelardo De La Espriella

El nuevo presidente no puede desperdiciar el tiempo. En su discurso prometió una lucha frontal contra la corrupción, congelar el gasto público, preservar los programas sociales y convertir al sector empresarial en un aliado de su gobierno.
8 de agosto de 2026 a las 6:57 a. m.

Terminó por fin el gobierno de Gustavo Petro y se va en el punto más bajo de la dignidad. Petro pasará a la historia de Colombia como el presidente que no fue capaz de gobernar, encerrado en sus delirios de golpes de Estado y convencido de ser un líder mesiánico que jamás fue. Dejó la presidencia en medio de gritos sin eco sobre un supuesto fraude electoral, rodeado de escándalos, con su familia rota y su exesposa acusada de integrar una red de corrupción.

Se fue Gustavo Petro y dejó un país con la deuda pública más alta de la historia de Colombia. Según el Comité Autónomo de la Regla Fiscal, alcanzará el récord del 61 por ciento del PIB al cierre de 2026 y llegará a 1.169,9 billones de pesos, es decir, 364,9 billones más que al inicio de su gobierno.

Pero Petro ya es historia, aunque siga gritando en redes sociales que desconoce el gobierno de Abelardo De La Espriella y que el presidente legítimo es Iván Cepeda. Pasó de soñar con ser el coronel Aureliano Buendía a convertirse en José Arcadio Buendía, amarrado a un árbol mientras habla incoherencias, como lo han retratado muchos. Por fortuna, hoy pertenece a la galería de los expresidentes.

Comienza ahora el gobierno de Abelardo De La Espriella y con él la ilusión de que Colombia corrija el rumbo. El país necesita decisiones profundas para recuperar el terreno perdido.

El hueco fiscal será el primer gran obstáculo para el nuevo presidente. Muy seguramente, la primera medida será una reforma tributaria, aunque esta sea una decisión impopular. Ya en su discurso de posesión, Abelardo De La Espriella anunció la eliminación del impuesto al patrimonio como su primera medida tributaria para atraer capitales. En esta primera apuesta tributaria, se medirá su capacidad para construir mayorías políticas en un momento de tensión con su aliado natural, el Centro Democrático. Aunque ese partido se declaró de gobierno, cada día marca mayor distancia del presidente electo tras la decisión del Consejo Nacional Electoral de otorgar personería jurídica al movimiento Defensores de la Patria. No hay duda de que hacia ese nuevo partido migrarán muchos de quienes no se sienten cómodos con el Centro Democrático y consideran que dejó de representar con firmeza las ideas de la derecha. Sin embargo, la presencia del expresidente Álvaro Uribe en la ceremonia de posesión hace pensar que aún hay espacio para los acuerdos.

Recuperar la seguridad será otra prioridad. La fallida paz total dejó un país donde los grupos armados ilegales ampliaron su dominio territorial. Según Indepaz, en agosto de 2022 estas organizaciones sumaban aproximadamente 15.120 integrantes. Hoy alcanzan los 28.802, un crecimiento cercano al 90 por ciento en cuatro años. El aumento de la extorsión, la minería ilegal, el narcotráfico y la violencia en departamentos como Cauca, Nariño, Chocó, Norte de Santander y Arauca exigirá respuestas inmediatas. El nuevo presidente dejó claro que se acabó el tiempo de los diálogos de paz con los grupos armados, por lo que se espera que dé por terminadas las mesas que hoy se adelantan.

En materia económica, será urgente reactivar el sector minero-energético y recuperar a Ecopetrol. Colombia pasó de importar el 3 por ciento del gas que consume al 28 por ciento, como consecuencia de la decisión del gobierno saliente de no firmar nuevos contratos de exploración y explotación. Las reservas de gas disminuyeron de 7,7 años a 5,9 años y la producción de petróleo cayó de 749.022 barriles diarios en agosto de 2022 a 728.835 barriles diarios en agosto de 2026. Ecopetrol, por su parte, pasó de generar utilidades récord por 33,4 billones de pesos en 2022 a 10,5 billones en 2025. La iguana está famélica y es urgente engordarla pronto. Por eso, es de buen recibo el anuncio del nuevo presidente de impulsar el fracking, cuyos pilotos en Puerto Wilches se habían suspendido. Esta es una buena noticia, principalmente para Santander.

Otro de los sectores que requiere atención urgente es la construcción. Petro acabó con el exitoso programa Mi Casa Ya y no fue capaz de estructurar un esquema que permitiera a las familias acceder a vivienda propia. Los mayores perjudicados fueron los más pobres, pues el acceso a vivienda VIS, según Camacol, cayó un 54 por ciento. Será urgente conocer la estrategia que vendrá en este sector.

La salud, por su parte, representa el mayor reto para el nuevo gobierno. Las cifras de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas muestran que la deuda de las EPS con hospitales y clínicas pasó de 16,9 billones de pesos en 2022 a 25,7 billones, un incremento del 52 por ciento, que ha provocado el cierre de cientos de IPS y la suspensión de múltiples servicios.

Pero quizá el reto más grande para Abelardo De La Espriella será no repetir los errores de su antecesor. Gustavo Petro dividió al país y gobernó únicamente para sus seguidores. Alimentó un discurso de polarización entre derecha e izquierda, apartó de su Gobierno a los funcionarios más técnicos para rodearse de los más cercanos, sin importar muchas veces su evidente falta de capacidad, y fortaleció bodegas digitales dedicadas a atacar a la prensa, a los periodistas y a sus opositores.

Abelardo De La Espriella tiene el desafío de unir un país fracturado y gobernar para quienes lo apoyan y lo critican. Se extrañó en su discurso su compromiso de respeto a la prensa, que deberá garantizar, pues durante el gobierno anterior fue perseguida. El presidente entrante debe entender que la labor de los periodistas es indagar y esta labor suele ser incómoda para el poder.

El nuevo presidente no puede desperdiciar el tiempo. En su discurso prometió una lucha frontal contra la corrupción, congelar el gasto público, preservar los programas sociales y convertir al sector empresarial en un aliado de su gobierno. Que así sea.

Colombia inicia una etapa de esperanza. Abelardo De La Espriella no puede fallar. Su fracaso significaría el regreso de una izquierda más radical y violenta. Si le va bien, le irá bien a todo el país.