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Fernando Ruiz Gómez  Columna Semana

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‘Médicos mal educados’

Las organizaciones que agrupan los médicos en Colombia no pueden seguir dormidas esperando que el sistema se caiga como si nada los afectara.

Fernando Ruiz
12 de febrero de 2024

Nuestro ministro de Salud a veces parece que hubiese vivido en la Laponia durante los pasados 30 años, ese gélido territorio escandinavo cercano al Polo Norte y habitado por los samis. Territorio hermoso, pleno de renos y osos, pero inmensamente alejado del mundo real. Esta semana nos regaló la tajante aseveración que nuestros médicos no están siendo “preparados adecuadamente”, que sólo “quieren investigación” y que “el agua del Amazonas les da alergia”.

Detrás de esa declaración subyace la dificultad que está enfrentando el “modelo preventivo predictivo” que el Gobierno nacional lanzó con bombos y platillos en la mítica Aracataca en noviembre de 2022. Transcurridos 15 meses y, después de anuncios por La Guajira, el Chocó, Nariño e ingentes recursos repartidos para el mentado programa, realmente el Gobierno poco puede exhibir fuera de los programas comunitarios que ya se venían implementado desde hace años en algunos entes territoriales. Mucha retórica, mucho dinero repartido y pocas nueces.

Lo trágico es que ese es el perfecto escenario premonitorio de lo que va a suceder si, en un arranque de inconsciencia, el Senado de la República decide aprobar la bendita reforma, en contra de las recomendaciones de exministros técnicos sectoriales, analistas y de la percepción de daño que ya se percibe en la comunidad. En una especie de trágica serendipia inversa se están encontrando que no hay médicos suficientes para recorrer los inmensos territorios de nuestro país, buscando en las zonas más rurales a los colombianos más pobres y alejados de los centros urbanos.

En este mundo del cambio -donde lo importante es no respetar lo que existe, negar cualquier logro y construir narrativas mesiánicas-, estamos asistiendo a iniciativas como construir los ya famosos Caps con las juntas de acción comunal y el apoyo técnico del Sena; poner barcos que naveguen parsimoniosamente por el Pacífico y, ahora con los médicos, habrá que bajarles las competencias para que quieran y puedan atender a las comunidades rurales.

Algunas de esas iniciativas ya se han aplicado y otras las hemos superado en el sector salud hace muchos años. Y el problema de los médicos también lo conocemos: cuando se implementó el sistema único de salud (SUS) en Brasil y, las brigadas de salud de México, se encontraron con el mismo problema, y la única solución que encontraron sus gobiernos progresistas fue traer miles de médicos comunitarios cubanos para cubrir esos territorios apartados. Práctica que no arrojó mejores resultados sobre la población y ha sido catalogada como una nueva forma de esclavitud laboral por la forma en que Cuba retiene los salarios, dejando a los médicos exportados menos de una quinta parte de los dineros percibidos.

El problema es que para cubrir a todos los colombianos reemplazando muchas de las funciones de las EPS por Caps -como pretende el proyecto de ley- será necesario disponer de un Caps por cada 25.000 habitantes: Esto implica construir o adaptar algo más de 2.000 Caps distribuidos por toda la geografía nacional. En un entorno tan urbano y de una ruralidad accesible como Inglaterra para cubrir de médicos generales la población, se requiere un médico en promedio por cada 2.000 personas. Eso significa por lo menos 25.000 médicos generales para atender a la población, sin contar con los programas extramurales que pueden requerir otro tanto, ya que se prevén tanto para la zona rural como urbana.

La ecuación es simple: esos médicos hoy no están disponibles y, si se tiene en cuenta que cada año egresan de las universidades algo menos de 5.000 de los cuales hay que descontar cerca de 2.000 que ingresan a especialidad, tardaremos décadas en disponer de talento humano requerido para la implementación de la reforma. Mientras tanto, tenderemos una tremenda crisis con un sistema que implosionará, mientras se trata de construir el nuevo sistema.

Sería importante preguntase por qué los médicos no quieren ir a hacer el rural o servicio social obligatorio. La respuesta es simple. Para graduar un hijo como médico, su familia –la mayor parte de nuestra atribulada clase media– debe invertir entre 240 y 420 millones de pesos en matrículas. Cuando egresa con las arcas exhaustas, debe irse a prestar el servicio social obligatorio. Mientras, su única esperanza de recuperar la inversión está en volverse especialista y subespecialista, para lo cual le espera por lo menos otros 200 millones de pesos en matrículas de especialidad. El último estudio de recursos humanos mostró que un médico especialista tarda 14 años en promedio en recuperar toda su inversión en educación.

Un médico general en práctica clínica difícilmente recupera la inversión, por esa razón la mayoría termina en actividades de gerencia e industria farmacéutica, donde hay mejores salarios. Pero adicionalmente, y en eso se equivoca el actual gobierno, la capacidad de curar de los médicos generales se ha reducido sustancialmente por la amplitud del conocimiento médico y los requerimientos de la tecnología médica, dominio de los subespecialistas. Por esa razón, los sistemas de salud basados en médicos generalistas, como el de Inglaterra y el que quiere montarnos la reforma, están fallando de manera ostensible. ¿La razón? Los médicos generales resuelven muy poco.

Tiene razón, ministro, nuestro sistema de salud está basado en especialistas y son muy pocos. Lo que parece ignorar es que el sistema actual, gracias a los modelos de atención y gestión de riesgo, sistemas de contratación y organización de los servicios, hizo posible montar procesos eficientes que permiten que hoy Colombia atienda más oportunamente en diagnóstico, cirugías y provisión de medicamentos que muchos países desarrollados del mundo. Como Canadá, donde actualmente un paciente tiene que esperar en promedio 27,7 semanas (sí, ¡siete meses!) entre el momento que el médico general de los servicios primarios remite al paciente y este recibe su tratamiento.

El ministro, el Gobierno y el Senado están jugando con candela. Y las organizaciones que agrupan los médicos en Colombia no pueden seguir dormidas esperando que el sistema se caiga como si nada las afectara. La sentencia del ministro es clara y directa: “Tenemos que formalizar la gente de manera diferente”.

Este país ha invertido décadas e ingentes recursos para tener un cuerpo médico de las mejores calidades científicas. Los médicos quedan advertidos: cantidad y no calidad es lo que requiere el nuevo sistema, en detrimento de la calidad de la atención. Pobres pacientes.