Home

Opinión

Artículo

opinión

Pacho Santos Columna Semana
Francisco Santos - Foto: Andrés González

Mundial, derechos humanos y geopolítica

Cuando Colombia hizo el Mundial Sub-20 tocó cambiar la ley para poder vender cerveza en los estadios. ¿Por qué ahora no le piden lo mismo a Qatar? Hay países de primera y de segunda para la Fifa, lo que dice mucho de cómo opera.

Por: Francisco Santos

Qatar es una monarquía árabe autoritaria cuyo peso específico en el mundo es su capacidad de generación y venta de energía. Son cerca de 313.000 qataríes y el PIB de su país es de 195 billones de dólares. Si comparamos con Colombia, cuyo PIB es de 350 billones de dólares para 50 millones de ciudadanos, es fácil entender por qué vemos lo que vemos en la televisión en infraestructura y calidad de vida en ese país. Que, entre otras, hace apenas 70 años era pobre, básicamente una península desértica con beduinos y pescadores.

Y hoy Qatar es una nación poderosa. Con Museo de IM Pei, con sedes de las universidades más importantes del mundo, como Georgetown, Cornell y Virginia, y con propiedad del medio de comunicación más importante del Medio Oriente, Al Jazeera, que además tiene influencia en todo el mundo. Su peso político es muy grande, especialmente en Estados Unidos y en Europa, dada su capacidad energética, que ahora se vuelve aún más crítica con la guerra de Ucrania.

La búsqueda del Mundial tiene una razón geopolítica, su competencia con el gigante de la región Arabia Saudita. Esa disputa los ha llevado a enfrentarse por objetivos políticos como la guerra en Yemen hasta el punto que sus enfrentamientos ya los llaman la nueva guerra fría árabe. Al Jazeera apoyó la Primavera Árabe; Arabia Saudita se opuso de manera férrea. Qatar apoya el grupo político Hermandad Musulmana, y Arabia Saudita no. Y finalmente, Arabia Saudita acusa a Qatar de ser muy cercano a Irán, la gran amenaza en la región, mientras Qatar siente que esa hostilidad de Arabia Saudita tiene como objetivo recuperar la hegemonía que tuvieron sobre esta península durante casi todo el siglo 20.

En este entorno se explica la verdadera razón de Arabia Saudita para crear el nuevo torneo de golf  LIV Golf, y generarle así la competencia al PGA, la Asociación Profesional de Golf, una de las más tradicionales y poderosas asociaciones deportivas de Estados Unidos y del mundo. Qatar tiene mundial de fútbol; yo tengo mundial de golf, es la reacción del líder de Arabia Saudita.

Entrando en el tema de derechos humanos, ahí se le enreda la apuesta a Qatar. Tema en el que, la verdad, la Fifa, y en especial su presidente, Gianni Infantino, se han equivocado terriblemente. Qatar tiene una política exterior mucho más afín a Occidente y a las libertades, pero en su interior funciona como una monarquía absolutista árabe. Qatar no es Irán ni es Arabia Saudita. Pero a pesar de su modernidad y su progresismo en política exterior, en su interior es una sociedad tradicional árabe donde las libertades de las mujeres y el tema de libertad sexual tiene tremendas restricciones.

Pero no podemos juzgar a Qatar con ojos de Occidente. El Mundial de Rusia, a pesar de las restricciones políticas y la ausencia de libertades, no se midió con la misma vara con la que se mide a Qatar. Y miren en dónde estamos con Rusia. Además, si comparamos ese país con otros de la región como Irán y Arabia Saudita son mucho más liberales en ese entorno, claro está, y no tienen la policía religiosa de Irán o asesinan opositores en consulados como pasa con estos otros países.

Qatar no es una sociedad o un país libre. Eso lo sabíamos todos desde hace rato. Pero juzgar a esa sociedad con una mirada neocolonial no sirve de nada. No es que acepte lo que allí pasa con las mujeres o con la comunidad LGBTQ. Tengo un hijo gay y quiero que pueda ser libre en todo el mundo. Pero el deseo es un deseo y no tengo la autoridad para rechazar un país o una sociedad que piensa distinto.

Donde se equivoca la Fifa y su presidente es en haber aceptado el tema de sobornos tanto en Rusia como en Qatar y permitir que así se ganen los mundiales. Sin castigo alguno, todo lo que pasó se dejó de lado y así la Fifa mandó un mensaje claro al mundo: soy una entidad corrupta.

Y para terminar de embarrarla, la Fifa, y en este caso la responsabilidad recae en Infantino, censura a los jugadores, a las selecciones e impide que expresen su opinión sobre la situación de derechos humanos y de libertades sexuales. Como bien lo dicen los alemanes, la Fifa los extorsionó para que no se pronunciaran y decidió castigar a los equipos que expresaran en su banda de capitán temas de libertad sexual. Me encantó como se fueron contra la Fifa tapándose la boca durante el himno. Como también me llenó de orgullo ver a los iraníes no cantar su himno en apoyo a la lucha de las mujeres de su país por ser libres.

Ahí la Fifa, al igual que en el tema de la cerveza, se arrodilló y entregó unos valores que todo país que quiera tener un mundial debería respetar. ¿En qué momento se cambió esa regla que era implícita en una entidad que nace en Occidente y vive de Occidente? En Occidente se respetan los contratos y en Occidente hay libertad de expresión. Que Infantino y la Fifa accedan a entregarlos es una vergüenza que debe llevar a que la Fifa mire de nuevo cómo funciona, a quién elige y cuáles son reglas mínimas que debe aceptar todo país que quiera acceder a un mundial.

Cuando Colombia hizo el Mundial Sub-20 tocó cambiar la ley para poder vender cerveza en los estadios. ¿Por qué ahora no le piden lo mismo a Qatar? Hay países de primera y de segunda para la Fifa, lo que dice mucho de cómo opera. ¿Fair Play? No, con billete se resuelve todo. La Fifa es una supraautoridad y no permite que los países se metan en sus discusiones o decisiones. No responden a nadie. Y es por no tener esos contrapesos que esta organización deportiva acabó pareciéndose más a una mafia que a una entidad que debería dar ejemplo.

Lo peor es que no hay manera de que esta situación cambie. Todos maman de esa teta, y quienes llegan a dirigir las federaciones saben que o comen callados o dejan de comer.